En Bucaramanga no solo se derrumbaron unos talleres y unas paredes. También se “desplomó” la confianza de miles de familias que ven cómo la desidia y la falta de planeación condenan el futuro educativo de sus hijos, mientras los recursos públicos siguen sin dar respuestas claras.
Lo dice la propia comunidad educativa: ya no existe discurso oficial capaz de ocultar el abandono. Lo que durante décadas fue símbolo de formación técnica y orgullo de Santander hoy permanece reducido a escombros, estructuras destruidas y promesas incumplidas por una cadena de improvisaciones administrativas.
La Institución Educativa Dámaso Zapata: el histórico “Tecnológico”
La Institución Educativa Dámaso Zapata, conocida como el “Tecnológico”, se convirtió en el reflejo más doloroso de la falta de planeación estatal. Mientras las autoridades anuncian estudios, prórrogas y nuevos diseños, cerca de cuatro mil estudiantes sobreviven académicamente en medio de obras inconclusas y espacios deteriorados que evidencian el fracaso de un proyecto que nunca tuvo un rumbo claro.
Han pasado cerca de cuatro años desde que comenzaron las intervenciones anunciadas por la administración municipal como una transformación histórica para el plantel. Prometieron modernización, fortalecimiento técnico y espacios dignos para aprender. Sin embargo, la realidad terminó siendo devastadora: demolieron talleres, destruyeron el auditorio principal y dejaron mutilada gran parte de la infraestructura. Nada de lo hecho hasta ahora compensa semejante destrucción.
La comunidad educativa denuncia que primero tumbaron edificios y después comenzaron a preguntarse cómo reconstruirlos. La falta de estudios definitivos, los cambios constantes en los diseños, las suspensiones del convenio y las adiciones presupuestales terminaron convirtiendo el proyecto en un laberinto burocrático donde las únicas víctimas han sido los estudiantes.
Condiciones indignas para la formación técnica
Los alumnos del “Tecnológico” ya no cuentan con espacios adecuados para realizar prácticas de electricidad, carpintería, ajuste o emprendimiento. La formación técnica que durante generaciones convirtió al colegio en referente nacional hoy se desarrolla entre hacinamiento, polvo y estructuras deterioradas. Muchos estudiantes reciben clases bajo condiciones indignas.
“Es inadmisible que desde hace años estén sin auditorio, sin coliseo y con el edificio central a punto de colapsar por cuenta de la negligencia”, denunció Johana Luna Rincón, integrante de la veeduría ciudadana del plantel y una de las voces que más ha insistido en exigir respuestas frente al deterioro progresivo de la institución.
Denuncias sobre el manejo de recursos públicos
Las denuncias también apuntan al manejo de los recursos públicos. En 2023, el Cabildo autorizó al entonces alcalde Juan Carlos Cárdenas a endeudar al municipio para financiar las obras. Fueron aprobados créditos millonarios y, pese a ello, las obras siguen atrapadas entre modificaciones, estudios adicionales y cronogramas incumplidos. El tiempo avanzó, los costos aumentaron y la deuda se disparó, mientras el colegio continúa semidestruido. No existen nuevos edificios terminados ni talleres recuperados.
“Tenemos más dudas que respuestas”, advierten desde la veeduría, mientras padres, docentes y estudiantes temen que el “Tecnológico” termine convertido en uno de los mayores ejemplos de improvisación administrativa y falta de control sobre los recursos públicos en Bucaramanga. La desesperación llevó a la comunidad a acudir a la justicia reclamando garantías para el derecho fundamental a la educación.
Mientras las entidades se reparten responsabilidades, los estudiantes siguen pagando las consecuencias de años de decisiones erradas. Cada día sin soluciones representa más clases sin espacios adecuados, más talleres destruidos y más escenarios perdidos para una comunidad que siente vulnerado un derecho esencial.
El valor histórico del Tecnológico
La situación resulta aún más dolorosa por lo que representa el Tecnológico para Santander. Fundado mediante la Ley 14 del 4 de enero de 1887 y abierto oficialmente en abril de 1888 como Escuela de Artes, el plantel lleva más de un siglo formando generaciones enteras de profesionales y líderes del país.
La ironía es inevitable: entre sus egresados aparecen el exalcalde Juan Carlos Cárdenas y el rector de la UIS, Hernán Porras. Hoy, la institución que ayudó a formarlos permanece atrapada en una interminable cadena de retrasos, errores de planeación y promesas incumplidas.
“El ‘Tecnológico’ no pide favores. Exige que se cumpla lo prometido y que se respete lo que dice la Constitución: una educación digna”, reiteró Johana Luna Rincón, reflejando el sentimiento de indignación e impotencia que atraviesa a toda la comunidad.
Habla la veeduría
Johana Luna Rincón es la veedora del “Tecnológico” y la representante de la comunidad que ha afrontado el “viacrucis” de las fallidas obras de remodelación del plantel. Ella asegura que “los más perjudicados son nuestros estudiantes, porque ellos son los que se tienen que sentar en el piso para recibir sus clases y demás actividades académicas. Al final, pienso que todos los ciudadanos somos afectados porque estamos pagando intereses que salen de nuestros bolsillos, a través de los impuestos, sin que se haya puesto el primer ladrillo”.
Voz del egresado
Sergio Oswaldo Cajías Lizcano, director de la asociación de egresados ASETDAZA, expresó: “En calidad de egresados y miembros de ASETDAZA, expresamos el profundo impacto que ha significado para la institución la demolición de su aula máxima, un espacio emblemático que durante décadas sirvió para el desarrollo académico, cultural y formativo de miles de estudiantes y docentes. Hoy, el plantel sigue enfrentando las consecuencias de una planeación y ejecución deficientes de las obras del pasado, situación que incluso ha derivado en investigaciones y personas imputadas por los organismos de control”.



