Con la llegada del Fenómeno del Niño y las altas temperaturas en Colombia, el riesgo de que las mascotas sufran un golpe de calor se incrementa de forma considerable. Este fenómeno ocurre cuando el organismo de los animales supera su capacidad para regular la temperatura corporal, lo que puede desencadenar fallas orgánicas graves. Ante este escenario, conocer los síntomas de alerta y los protocolos de actuación inmediata resulta fundamental para prevenir consecuencias fatales en perros y gatos, quienes manifiestan el estrés térmico de distintas maneras.
Factores de riesgo y poblaciones más vulnerables
El impacto de las olas de calor no afecta a todos los animales por igual. Existen variables biológicas y de entorno que incrementan significativamente la susceptibilidad a padecer un choque térmico. Entre los ejemplares con mayor riesgo se encuentran aquellos de edad avanzada, los que padecen sobrepeso u obesidad, y los que sufren de afecciones respiratorias o cardíacas previas. Asimismo, los animales de anatomía braquicéfala (nariz chata) presentan mayores dificultades para termorregular eficazmente a través del jadeo. En el ámbito ambiental, la falta de acceso a zonas con sombra y la carencia de agua fresca constante son los detonantes principales de esta condición.
Sintomatología del golpe de calor en perros
Los caninos manifiestan el exceso de calor mediante indicadores físicos y conductuales visibles. Los síntomas principales incluyen:
- Respiración acelerada acompañada de jadeos constantes y salivación abundante (baba).
- Temblores generalizados, debilidad muscular evidente y pérdida del equilibrio.
- Episodios de vómitos y diarrea.
- Piel con una temperatura notablemente elevada al tacto.
De no ser atendida de forma oportuna, esta condición puede derivar en daños graves para el organismo del can, tales como edema y daño cerebral, afecciones pulmonares, insuficiencia renal y hepática, o hemorragias gastrointestinales.
Manifestaciones clínicas en felinos
Aunque los felinos poseen una tolerancia térmica ligeramente superior a la de los perros, corren un peligro severo si su temperatura corporal sobrepasa los 40 grados Celsius. En los gatos, los signos clínicos suelen aparecer de forma gradual según la gravedad del cuadro y comprenden:
- Jadeo o respiración acelerada manteniendo la boca abierta.
- Babeo excesivo y un comportamiento compulsivo de lamido en el pelaje para intentar refrescarse.
- Alteración en el color de la lengua, presentándose de tono rojo intenso, morado o pálido.
- Desorientación, tambaleo, falta de coordinación motriz y pérdida de equilibrio.
- Vómitos, diarrea, convulsiones y, en casos extremos, colapso o pérdida de la conciencia.
Protocolo de actuación ante una emergencia térmica
Cuando se sospecha de un golpe de calor, la intervención debe ser rápida, ordenada y calmada. En situaciones leves, el descanso en un espacio fresco combinado con hidratación adecuada puede ser suficiente. Sin embargo, si los síntomas persisten, se deben aplicar primeros auxilios antes del traslado veterinario.
Para los perros, la prioridad es reducir la temperatura corporal de forma gradual, mojando al animal continuamente con agua a temperatura ambiente (evitando los extremos de agua muy fría o caliente), y ofreciéndole agua fresca para beber de manera pausada.
En el caso de los gatos, se les debe trasladar a un sitio sombreado y ventilado, humedeciendo suavemente con agua tibia (sin empapar) zonas específicas como las patas, axilas, vientre e ingles. Si el felino se encuentra demasiado débil, no se le debe forzar a ingerir líquidos. Durante el traslado a la clínica, se recomienda envolver al felino en una manta húmeda, pero no empapada.
Medidas preventivas para evitar el estrés térmico
La prevención es el mecanismo más efectivo para asegurar el bienestar animal durante las temporadas de temperaturas extremas. Las pautas esenciales dictadas por los expertos incluyen la prohibición absoluta de dejar a los animales en el interior de vehículos cerrados, incluso por períodos breves. Adicionalmente, se debe garantizar la disponibilidad de agua limpia y fresca en múltiples recipientes distribuidos por el hogar, y suspender los paseos o actividades físicas en los horarios donde la radiación solar y el calor registran sus niveles más altos.



