Puente militar en Santander conecta comunidades aisladas por tres décadas tras superar crecida del río Quiratá
Puente militar en Santander termina con 30 años de aislamiento rural

Fin a tres décadas de incomunicación en Santander

Una imponente estructura metálica de 64 metros de longitud ha roto el prolongado aislamiento que durante casi treinta años afectó a comunidades rurales de cuatro municipios del departamento de Santander. El puente militar sobre el río Quiratá representa un hito histórico para habitantes de La Paz, Landázuri, Vélez y Santa Helena del Opón, quienes sufrían recurrentes cortes en su movilidad cada vez que el caudal del afluente aumentaba.

Una odisea de tres décadas

El problema se remonta a hace aproximadamente treinta años, cuando el río Quiratá arrasó las vías que conectaban estas comunidades. Desde entonces, estudiantes, adultos mayores, pacientes médicos y productores agrícolas enfrentaban enormes dificultades para desplazarse. Productos como bananito, yuca, cacao, cítricos y ganado dejaron de circular regularmente, paralizando prácticamente la economía local.

Quienes se atrevían a cruzar al otro lado debían descender empinadas colinas, sortear el peligroso caudal del Quiratá y ascender nuevamente por terrenos montañosos. La comunicación se mantenía precariamente a lomo de mula o en camionetas, pero incluso estas arriesgadas operaciones se suspendían completamente durante las crecidas del río.

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Obstáculos superados en la construcción

Tras gestiones conjuntas de las alcaldías locales y la Gobernación de Santander ante el Gobierno Nacional, se aprobó finalmente la construcción del puente militar. La obra contó con la participación de múltiples actores: los cuatro municipios afectados, la Gobernación de Santander y la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD) destinaron recursos para materializar el proyecto.

El proceso constructivo involucró a habitantes de las veredas Tagual y Bocas del Opón, funcionarios municipales y departamentales, junto con uniformados del Batallón de Ingenieros de Operaciones Especiales número 90 del Ejército Nacional. Sin embargo, el mismo río que dividía a las comunidades puso trabas adicionales: en octubre del año anterior, una creciente súbita arrasó con materiales destinados a la instalación del puente.

Frente a este contratiempo, el gobernador Juvenal Díaz visitó la zona y aseguró a los lugareños: "No se preocupen, que les vamos a recuperar todo lo que se perdió, lo más rápido posible, para que podamos inaugurar este puente".

Inauguración y perspectivas económicas

El pasado sábado fue inaugurada oficialmente la estructura de 64 metros de largo, 4,2 metros de ancho y capacidad para 52 toneladas. El puente, diseñado para paso escalonado a un solo carril, requirió una inversión aproximada de $8.000 millones de pesos asignados por la UNGRD, a los que se sumaron $2.400 millones de la Gobernación de Santander en materiales de cimentación y logística, más $500 millones en maquinaria para accesos y adecuaciones.

Eduard Jesús Sánchez Ariza, jefe de la Oficina de Gestión del Riesgo de Desastres de Santander, destacó que "es un puente que permitirá la comunicación de estas comunidades, cuatro municipios que se verán beneficiados y que permitirá que las comunidades puedan desarrollar sus cadenas económicas".

Por su parte, el gobernador Díaz reflexionó: "El sufrimiento que tuvo la comunidad y su desesperanza debe convertirse en un ejemplo porque al fin la obra es una realidad. Las cosas no son fáciles, pero cuando nos unimos, cuando trabajamos en acción unificada, podemos lograrlo".

Desde la UNGRD se enfatizó que con la puesta en funcionamiento del puente "se elimina un punto recurrente de emergencia y se fortalece la conectividad hacia la Troncal del Carare, mejorando la capacidad de respuesta ante emergencias y evacuaciones".

La obra no solo representa el fin de décadas de aislamiento, sino que abre nuevas perspectivas para la reactivación económica de una región que durante demasiado tiempo estuvo desconectada del desarrollo departamental.

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