Puente de la Cordialidad en Barranquilla al borde del colapso: gremios exigen intervención urgente
El Puente de la Cordialidad, una infraestructura clave que conecta Barranquilla con el municipio de Galapa y soporta el flujo diario de carga del principal corredor industrial del Atlántico, atraviesa su momento más crítico en más de cuatro décadas. La Cámara Colombiana de la Infraestructura (CCI Seccional Norte), el Consejo Empresarial y de Organizaciones del Atlántico y Magdalena (CEO) y un informe detallado de la Sociedad de Ingenieros del Atlántico (SIA) coinciden en un diagnóstico alarmante: el puente presenta deterioro estructural severo, congestión crónica, colapso operativo y un entorno urbano desbordado.
Un corredor estratégico al borde del colapso
La relevancia del puente va mucho más allá de su función vial. Según cifras del CEO Atlántico, por este tramo circulan 700 camiones diarios provenientes de la zona industrial de ZOFIA, Bavaria, Jamar, Ultracem y otras compañías ancla del sector manufacturero y logístico. La congestión generada en el punto ha reducido la efectividad de distribución en un 25%, afectando también centros de abastecimiento como D1, Nutresa, Alpina y Jerónimo Martins.
Los efectos no solo golpean a las empresas. Un trabajador promedio que se desplaza entre Barranquilla y Galapa pierde hasta 20 horas cada mes atrapado en trancones de al menos 3 kilómetros. El sector empresarial estima que estos retrasos representan sobrecostos significativos. Según el Sistema de Costos Eficientes para el Transporte (SICE TAC), operar un solo vehículo de carga cuesta cerca de $75.000 por hora, lo que se traduce en pérdidas acumuladas para la región cada día que el corredor permanece en estas condiciones.
Además, en este entorno logístico se generan 8.732 empleos formales, cuya estabilidad está directamente conectada con la funcionalidad del puente. Ante este panorama, el sector empresarial y técnico elevó una petición conjunta: una solución estructural urgente que vaya más allá de intervenciones menores y correctivos temporales.
Deterioro estructural severo documentado
La preocupación gremial se sostiene en un documento técnico que no deja lugar a interpretaciones. En julio de 2025, la Sociedad de Ingenieros del Atlántico realizó una inspección visual independiente del Puente de la Cordialidad y documentó una serie de patologías graves. Entre los hallazgos más relevantes se encuentran:
- Exposición y corrosión avanzada del acero de refuerzo en vigas y losas, producto del desprendimiento del concreto.
- Secciones enteras de hormigón fracturado, pérdida de recubrimiento y signos activos de corrosión.
- Humedad severa y eflorescencias, indicativas de filtraciones internas que degradan la estructura.
- Agrietamientos longitudinales y transversales que comprometen elementos portantes.
La inspección también dejó en evidencia fallas en juntas de expansión y neoprenos deteriorados, que generan vibraciones anómalas y tensiones excesivas en el tablero del puente. Estas condiciones ponen en riesgo la capacidad de la estructura para soportar las cargas actuales, mucho más altas que las contempladas durante su diseño en 1982.
Se evidenció el preocupante estado de las orejas del puente y sus conexiones, donde la degradación es tan grande que varias secciones parecen vías rurales o terciarias, pese a tratarse de accesos que forman parte de un corredor nacional. El pavimento remendado con múltiples capas superpuestas, berma de tierra, presencia de escombros, erosión en los taludes y canales deteriorados, así como el desbordamiento de un arroyo que ha comprometido la estructura del pavimento en la oreja suroccidental.
El problema de la 'nevada ilegal' y el desorden urbano
El deterioro del puente es solo la mitad del problema. El otro componente, aún más visible para los usuarios, es el desorden urbano instalado en su entorno inmediato. Es de público conocimiento que las empresas de transporte intermunicipal se han acostumbrado a hacer una especie de paradero ilegal encima del puente, práctica prohibida por el Código Nacional de Tránsito.
Eso, sumado a las escaleras artesanales montadas por particulares para subir y bajar pasajeros, debilitan la estructura de un puente que no está diseñado para tener carga estática. Está hecho para circular. Los estudios también coinciden que el puente no fue concebido para soportar el volumen de tráfico, carga pesada y flujo urbano que hoy recibe. Su diseño de 1982 consideraba un carril por sentido, sin proyección de crecimiento industrial ni urbano.
Hoy, en la práctica, el carril Galapa–Barranquilla se reduce abruptamente a uno solo. El sentido contrario opera limitado por un retén policial habitual y las paradas ilegales multiplican las cargas estáticas. El resultado son trancones constantes que afectan la movilidad regional.
Un llamado urgente a la acción
En síntesis, no es descabellado concluir que el Puente de la Cordialidad es el punto más frágil del sistema económico y logístico del Atlántico. Empresarios, ingenieros y gremios coinciden en que el riesgo ya no es hipotético: está documentado, es progresivo y afecta directamente la competitividad del departamento y la calidad de vida de miles de personas.
La situación requiere una intervención integral y urgente que aborde tanto los problemas estructurales como los de ordenamiento urbano. De lo contrario, el colapso de esta infraestructura podría tener consecuencias económicas y sociales devastadoras para toda la región del Atlántico.



