Manifestación ciudadana en Usaquén contra obras de movilidad
El 30 de marzo de 2026 quedará marcado en la memoria colectiva de los residentes de barrios como Santa Ana, Santa Bárbara y Usaquén como la fecha en que comenzó la transformación definitiva de la carrera Séptima. Ese día, el Instituto de Desarrollo Urbano (IDU) inició formalmente los trabajos de construcción del tramo norte del nuevo corredor vial, abarcando desde la calle 99 hasta la 200.
Protesta organizada en la calle 119
Vecinos y habitantes de la localidad de Usaquén se congregaron específicamente en la calle 119 para expresar su rechazo contundente a las obras que comenzaron este lunes de manera puntual en ese sector. La movilización ciudadana refleja las preocupaciones de la comunidad frente a los impactos que este proyecto de infraestructura podría generar en su entorno inmediato.
Los manifestantes, provenientes de diversos barrios del norte de Bogotá, mostraron su descontento durante la jornada inaugural de los trabajos, señalando posibles afectaciones a la movilidad local, el comercio establecido y la calidad de vida en general. Esta reacción vecinal se produce justo cuando las autoridades avanzan con uno de los proyectos de movilidad más ambiciosos de la última década en la capital colombiana.
Alcance del proyecto vial
El tramo norte de la nueva carrera Séptima representa una intervención significativa en la estructura vial de Bogotá, con una extensión que cubre más de cien calles desde el punto de inicio en la calle 99 hasta su culminación en la 200. El IDU ha destacado que esta obra busca modernizar la infraestructura de transporte en una de las arterias principales de la ciudad, pero los residentes afectados mantienen reservas sobre su ejecución.
Las obras, que según el cronograma oficial comenzaron este lunes en la calle 119, forman parte de una estrategia más amplia para mejorar la conectividad y reducir los tiempos de desplazamiento en el norte bogotano. Sin embargo, la protesta de este 30 de marzo evidencia que el proceso de socialización y concertación con las comunidades podría no haber sido suficiente para ganar el respaldo de todos los sectores involucrados.
La tensión entre el desarrollo urbano y las demandas vecinales se ha hecho palpable en Usaquén, donde los residentes han decidido alzar su voz antes de que los trabajos avancen irreversiblemente. Este episodio marca un capítulo más en el complejo diálogo entre planificación urbana y participación ciudadana en la capital colombiana.



