Crónicas del pavimento roto: los huecos más impactantes que ha visto Bucaramanga
La reciente formación de un cráter en la carrera 18 y 19 con la avenida Quebradaseca, tras un hundimiento registrado en sentido oriente-occidente, ha generado preocupación entre la comunidad bumanguesa. Este fenómeno no es nuevo, sino que forma parte de una problemática recurrente que ha marcado la historia urbana de la ciudad.
Un problema de décadas
Los conductores que transitan por diferentes zonas de Bucaramanga han sido testigos de cómo el pavimento comienza a ceder lentamente, dejando al descubierto grietas que, con el paso de los días, amenazan con transformarse en socavones de mayores proporciones. Este proceso se ha repetido a lo largo de varias décadas, evidenciando una vulnerabilidad estructural que afecta la movilidad y seguridad ciudadana.
Entre los factores que explican la aparición de estos hundimientos se encuentran:
- Daños en redes subterráneas
- Afloramiento de aguas
- Topografía del terreno
- Deficiencias en los colectores
Los socavones históricos
Uno de los eventos más recordados ocurrió en 1984, cuando un gigantesco hueco se abrió en la carrera 27, en inmediaciones del sector de La Rosita. La escena dejó atónitos a quienes transitaban por esta importante vía, considerada una de las arterias más concurridas de la ciudad.
El hueco apareció de manera abrupta y obligó a cerrar la vía, generando un caos vehicular que se prolongó durante meses. La infraestructura histórica colapsó, lo que obligó a realizar complejas reparaciones por parte de la CDMB, la entidad encargada de la gestión ambiental y obras de mitigación en la zona.
El director de aquella obra era el ya fallecido exalcalde Carlos Virviescas Pinzón, quien tuvo que enfrentar una emergencia que generó gran inquietud entre comerciantes, conductores y vecinos del sector.
Otros episodios significativos
En 1996, otro hundimiento importante ocurrió en la calle 36 entre carreras 12 y 13, cuando media calzada se vino abajo y fue necesario realizar un relleno para restablecer el tránsito.
Sin embargo, los baches más alarmantes de la ciudad han sido los de la avenida Quebradaseca. La inestabilidad de esta vía se ha ido agravando con el paso de las décadas, tal como lo ha documentado el registro periodístico local.
Los dos episodios más graves ocurrieron en los años noventa:
- El 2 de septiembre de 1994
- El 17 de julio de 1995
En ambas ocasiones, monumentales baches aparecieron en los tramos de las carreras 14 y 15, y de las carreras 17 y 18. Fallas en el colector matriz generaron hundimientos que dejaron cráteres de más de 14 metros de profundidad y pérdidas estimadas en más de mil millones de pesos.
Las causas estructurales
Como lo explicó el experto en suelos Jaime Suárez Díaz, la Quebradaseca fue construida sobre una quebrada que, en el pasado, fue rellenada con escombros: "La zona era una concavidad de cierta extensión, con profundidades de entre 10 y 25 metros, la cual se utilizó como basurero y depósito de escombros desde comienzos del siglo XX hasta aproximadamente 1964", recordó el especialista.
Esta condición geológica explica el debilitamiento progresivo de la estructura del suelo en esta zona de la ciudad. Si se observa la meseta de Bucaramanga desde lo alto, su forma recuerda, en cierto modo, la de una mano extendida. En cada uno de sus "dedos", es decir, en las distintas franjas de terreno que la atraviesan, el paso del tiempo ha dejado ver hundimientos y fracturas que hablan de la compleja geología sobre la que se levantó la capital santandereana.
Las soluciones y la memoria urbana
No obstante, también es justo reconocer que muchas de esas emergencias han sido superadas gracias a las obras de mitigación adelantadas a lo largo de los años por la CDMB. Esta entidad ha trabajado para estabilizar suelos, reforzar colectores y prevenir nuevos colapsos.
De allí que, más que una alarma, estos recuerdos funcionen hoy como una memoria urbana que permite comprender mejor el territorio y la importancia de vigilar permanentemente el comportamiento del suelo sobre el cual se extiende la ciudad. La historia de los socavones de Bucaramanga no es solo un relato de problemas, sino también un testimonio de la capacidad de respuesta institucional frente a desafíos estructurales complejos.
