Alumbrado público en Bucaramanga: oscuridad que alimenta la inseguridad y deteriora la calidad de vida
Alumbrado público en Bucaramanga: oscuridad que alimenta inseguridad

La oscuridad que consume a Bucaramanga: un problema crónico de alumbrado público

Hablar del alumbrado público en Bucaramanga se ha convertido en un ejercicio de frustración permanente, una queja ciudadana que resurge con cada administración municipal sin que se materialicen soluciones concretas. Esta situación va más allá de ser un simple problema estético urbano; representa un factor objetivo de inseguridad y un golpe directo a la calidad de vida de los bumangueses.

Zonas en penumbra: territorio de la delincuencia

La ausencia de una política seria y sostenida en materia de alumbrado ha transformado extensos sectores de la ciudad en verdaderas tierras de nadie, o más precisamente, en territorios controlados por delincuentes. Estos son los únicos beneficiarios de la oscuridad que se expande progresivamente por diferentes zonas urbanas, afectando incluso infraestructuras críticas para los peatones.

Los puentes peatonales, que deberían constituir opciones seguras para cruzar las vías, se han convertido en pasadizos de alto riesgo donde la integridad de las personas está constantemente amenazada. Esta situación refleja un abandono institucional que tiene consecuencias directas sobre la seguridad ciudadana.

Riesgos en vías principales y robos sistemáticos

Uno de los casos más preocupantes es el tramo de la autopista comprendido entre la Puerta del Sol y Provenza, una vía por la que circulan diariamente miles de vehículos a alta velocidad. Esta importante arteria vial permanece a oscuras y sin demarcación adecuada de carriles, creando un riesgo permanente de accidentes fatales y convirtiéndose en un canal de inseguridad para los barrios aledaños.

La situación se agrava por acciones delictivas sistemáticas. En enero pasado, la Alcaldía de Bucaramanga denunció que un grupo de delincuentes está afectando directamente el alumbrado público. A través de videos de cámaras de seguridad, se observa a un hombre hurtando materiales eléctricos de las cajas de servicios por donde pasa el cableado, actuando tanto de día como de noche con total impunidad.

Generaciones de penumbra y deterioro social

Generación tras generación, los habitantes de Bucaramanga han padecido un servicio de alumbrado público que nunca ha cumplido con los estándares mínimos. Las causas son múltiples: luminarias insuficientes, potencia inadecuada en las instaladas, cableado obsoleto y robos constantes de infraestructura. Esta combinación de factores ha normalizado la penumbra como parte del paisaje urbano, una situación totalmente inaceptable para una ciudad que aspira al desarrollo.

Las consecuencias de esta problemática son profundas y multifacéticas. La calidad de vida se erosiona progresivamente: las familias abandonan el uso de parques y espacios públicos, el comercio nocturno se resiente porque los clientes temen acercarse a los locales, y los peatones caminan con temor constante. Además, se genera una fatiga visual y un estrés permanente que degrada la convivencia ciudadana.

Una ciudad que pierde su espíritu

Una ciudad donde el miedo a la calle obliga a sus habitantes a encerrarse en sus propias casas comienza a perder elementos fundamentales de su identidad: su espíritu comunitario, sus tradiciones de encuentro público y sus arraigos sociales. La oscuridad no solo oculta peligros físicos, sino que también oscurece las posibilidades de desarrollo social y económico.

Las entidades encargadas de este servicio público debieron haber intervenido de raíz hace mucho tiempo. Se requiere una intervención integral y permanente que vaya más allá de parches temporales. La modernización del sistema de alumbrado no es un lujo, sino una necesidad evidente, una medida de choque contra la inseguridad y una herramienta fundamental para recuperar el espacio público para todos los ciudadanos.

Exigiendo hechos concretos

La noche no puede seguir siendo sinónimo de riesgo en Bucaramanga. Ha llegado el momento de exigir a las autoridades acciones concretas y resultados medibles que iluminen cada rincón de la ciudad. Solo a través de un compromiso real y sostenido se podrá garantizar la tranquilidad, la integridad física y la vida digna de todos los bumangueses, recuperando así los espacios públicos como lugares de encuentro, seguridad y desarrollo comunitario.