Trump endurece tono y da ultimátum a Irán por el estrecho de Ormuz
Donald Trump, presidente de Estados Unidos, volvió a endurecer su discurso frente a Irán este sábado, asegurando que el país tiene 48 horas para llegar a un acuerdo sobre la reapertura del estrecho de Ormuz. De no hacerlo, advirtió, Estados Unidos desatará el "infierno" sobre ellos, según publicó en la red social Truth Social.
Un punto neurálgico de la economía global
El estrecho de Ormuz, un canal natural entre Irán, Omán y Emiratos Árabes Unidos, es una ruta crítica por la que pasa aproximadamente una quinta parte del petróleo mundial, junto con un 20% del gas natural licuado y una porción significativa de fertilizantes. Cualquier interrupción en este flujo no solo tiene implicaciones geopolíticas, sino que también ejerce presión sobre los precios, el suministro y los costos de producción a nivel global.
El mercado petrolero ya mostraba señales de tensión, con el precio del Brent escalando desde US$61 en enero hasta niveles cercanos a US$118 en semanas recientes. La Agencia Internacional de Energía (AIE) ha calificado esta situación como la mayor interrupción del suministro en la historia del mercado petrolero mundial.
Impacto más allá del petróleo: alimentos y costos de producción
El cierre del estrecho de Ormuz no solo afecta al crudo. Según Máximo Torero, economista jefe de la FAO, si el enclave permanece cerrado entre 30 y 60 días más, podría desencadenar una crisis de precios de alimentos más grave que la vivida durante la pandemia. Esto se debe a que por esta vía circulan entre el 20% y 30% de los fertilizantes y otros insumos agrícolas, cuyo encarecimiento ya ha alcanzado un 50% en el primer mes del conflicto.
Torero advirtió que, si la crisis se prolonga, incluso grandes exportadores agrícolas como Brasil, Argentina, Estados Unidos o Australia podrían ver afectadas sus decisiones productivas, con repercusiones en los precios a mediados y finales de este año, extendiéndose potencialmente hasta 2027.
Consecuencias para Colombia: presión sobre combustibles y fertilizantes
Colombia no está exenta de los efectos de esta escalada. Aunque es exportador de petróleo (con ventas superiores a US$12.400 millones en 2025), depende de importaciones para sostener su consumo interno. Según los gremios ACP y Naturgas, entre el 35% y 40% de la gasolina se adquiere en el exterior, y cerca del 20% del consumo de gas es importado.
Con el Brent por encima de US$100, la presión recae sobre el Fondo de Estabilización de Precios de los Combustibles (FEPC), que amortigua los impactos externos. Expertos estiman que esto podría generar una presión adicional de más de COP 1,2 billones en subsidios. El diésel es el punto más sensible, con un déficit proyectado de COP 10,7 billones este año debido a la brecha entre precios locales e internacionales.
En respuesta, el Gobierno colombiano ha cesado los recortes al precio de la gasolina y decretado aumentos recientes, como un incremento de COP 375 en el galón de gasolina corriente y COP 81 en el diésel, vigente desde el 1 de abril.
En el sector de fertilizantes, Colombia importa US$872 millones y exporta US$81 millones, por lo que el Gobierno ha considerado subsidiar estos insumos con utilidades de Ecopetrol. La petrolera estatal enfrenta una coyuntura mixta, con una caída del 40% en utilidades en 2025, pero un aumento del 2,7% en reservas probadas, proyectando 8,2 años de autosuficiencia de crudo.
En resumen, la tensión en el estrecho de Ormuz representa un desafío significativo para la economía global y colombiana, con efectos que se extienden desde los combustibles hasta la seguridad alimentaria.



