Retiro de Ministro de Hacienda de Junta del Banco de la República expone choque sobre independencia del Emisor
Retiro de Ministro de Hacienda expone choque sobre independencia del Banco de la República

Retiro de Ministro de Hacienda de Junta del Banco de la República expone choque sobre independencia del Emisor

La salida indefinida del ministro de Hacienda de la Junta del Banco de la República, tras una decisión mayoritaria con la que no estuvo de acuerdo, pone en evidencia que el gobierno del presidente Gustavo Petro no comparte la autonomía del Emisor. Esta postura representa un cambio significativo respecto a la posición histórica del M-19 durante la Asamblea Constituyente de 1991, que defendía la independencia del banco central argumentando que la inflación afecta especialmente a los sectores más vulnerables de la población.

Un modelo cuestionado internacionalmente

La mayoría de los países modernos, con gobiernos de diversas orientaciones políticas, han establecido bancos centrales independientes, muchos de ellos sin representación gubernamental directa. Alrededor de 40 naciones, incluida Colombia, utilizan exitosamente la estrategia de inflación objetivo, que establece que cuando la inflación y sus expectativas aumentan, las autoridades monetarias deben elevar las tasas de interés para contenerla.

La experiencia latinoamericana es aleccionadora: cuando los gobiernos convirtieron a los bancos centrales en agencias para financiar el gasto público, se desataron grandes inflaciones y graves perturbaciones en el crecimiento económico y el empleo. Resulta preocupante que voceros y economistas cercanos al gobierno actual aboguen abiertamente por regresar a estas épocas superadas de la región.

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Casos recientes de éxito en la región

En años recientes, administraciones de izquierda como las de Luiz Inácio Lula da Silva en Brasil y Gabriel Boric en Chile permitieron el libre funcionamiento de bancos centrales independientes. Estos institutos monetarios, en varios casos, tuvieron que elevar sus tasas de interés para contener el crecimiento desbordado de los precios.

Un ejemplo destacado es el Banco Central de Brasil, que con el aval de su gobierno de izquierda aumentó su tasa de interés en 400 puntos básicos. Mientras la inflación descendía, mantuvo esta tasa en el 15% anual durante varios meses. La economía brasileña no entró en recesión y, si hubo algún costo en términos de crecimiento, se consideró justificado para eliminar el impuesto inflacionario que pagan principalmente los más pobres.

Una situación sin precedentes en Colombia

Mientras las cortes deciden y los organismos de control toman cartas en el asunto sobre este proceder inusual del ministro –una huelga ordenada y apoyada por su jefe en la Casa de Nariño–, Colombia se encuentra sin autoridad monetaria plena, un fenómeno sin precedentes en el ámbito internacional que encierra serios peligros para la economía nacional.

No es casualidad que este conflicto se intensifique en época electoral, alimentado por una retórica populista que ahora afirma falsamente que la política antiinflacionaria del Banco de la República beneficia a los bancos y a los ricos mientras perjudica a los pobres. La evidencia internacional indica precisamente lo contrario: las altas tasas de interés afectan negativamente los negocios, la calidad de los créditos y las inversiones, mientras que la inflación descontrolada golpea con mayor fuerza a los sectores más débiles de la sociedad.

Implicaciones para el futuro monetario

Lo sucedido permite anticipar que, si gana el candidato del gobierno en las próximas elecciones, continuará el conflicto con la Junta Directiva del Banco de la República hasta que el presidente pueda tomar control total del Emisor mediante el nombramiento de funcionarios que sigan ciegamente sus órdenes e ignoren el mandato constitucional de mantener el poder adquisitivo de la moneda.

Esta situación plantea interrogantes fundamentales sobre el futuro de la política monetaria colombiana y la preservación de una institución clave para la estabilidad económica del país, en un momento donde la independencia de los bancos centrales se ha demostrado esencial para contener la inflación y proteger a los sectores más vulnerables de la población.

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