Los yerros de la petroeconomía: cómo las políticas oficiales frenan el crecimiento
Los yerros de la petroeconomía frenan el crecimiento

Los yerros de la petroeconomía: cómo las políticas oficiales frenan el crecimiento

Los debates económicos de esta semana, promovidos desde la Casa de Nariño con destacados economistas como los exministros Jonathan Malagón y Juan Carlos Echeverry, han puesto en evidencia los disparates que sustentan las políticas públicas actuales. Estos errores conceptuales se han traducido durante el presente cuatrienio en un menor crecimiento económico y una reducción de la prosperidad social para los colombianos.

El ataque infundado contra la banca privada

El primer punto de controversia surgió alrededor de la idea de imponer inversiones forzosas a los bancos, bajo el argumento de que estas instituciones no canalizan adecuadamente el ahorro hacia la inversión productiva. El presidente Gustavo Petro considera que a través de estas cargas cuasifiscales el Estado podrá orientar el crédito, exaltando el papel de la banca pública para atender el crédito popular y reducir márgenes financieros.

Sin embargo, esta visión choca con la realidad estadística. Las cifras oficiales demuestran que la banca privada otorgó créditos a las mipymes por $148 billones el año pasado, con desembolsos ejecutados en un 94% por establecimientos de crédito privados. Además, según el último informe de la Superfinanciera, el crédito de consumo apenas representa una tercera parte del crédito comercial, microcrédito y de vivienda, que suman aproximadamente $540 billones.

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Los datos que desmienten las acusaciones

Contrario a lo afirmado por el gobierno, múltiples indicadores demuestran que la banca privada no genera desigualdad social ni atraso económico. El valor agregado del sector financiero ha crecido en promedio 4,8% anual, casi el doble del crecimiento del PIB nacional. Más significativo aún: por cada billón de pesos desembolsado por los banqueros privados, cerca de 6.600 personas salen de la pobreza en Colombia, según datos de la Gran Encuesta Integrada de Hogares del DANE.

El error conceptual sobre la inversión

La controversia se intensificó cuando Juan Carlos Echeverry señaló que la economía colombiana podría crecer mucho más si las políticas gubernamentales estimularan la inversión, en lugar de depender del explosivo aumento del gasto público y familiar. Como respuesta, Petro argumentó que "solo se debe tomar como inversión la compra de maquinaria y equipo" y "la compra de fuerza de trabajo", excluyendo según ese criterio la construcción de vivienda, que calificó como partida de consumo.

Este criterio no solo contradice las normas contables internacionales, sino que constituye un desatino conceptual grave. La vivienda no puede tratarse como consumo corriente cuando se trata de un activo fijo que forma parte de los activos de largo plazo de cualquier sociedad. Este error explica en parte la postración que ha sufrido la política de vivienda en Colombia.

La fórmula contraevidente del crecimiento

Resulta particularmente exótico considerar la adquisición de fuerza de trabajo como inversión, cuando se trata de un gasto corriente que no representa capital fijo para apalancar el crecimiento económico. La fórmula de intentar crecer con menos construcción y más gastos en burocracia se revela como contraevidente e insostenible en el mediano y largo plazo.

La obstinación en mantener políticas basadas en premisas erróneas ha demostrado ser mala consejera para el desarrollo económico del país. Los debates de esta semana han dejado en claro que las decisiones económicas deben fundamentarse en datos reales y conceptos técnicos sólidos, no en ideologías que distorsionan la realidad estadística y frenan el progreso de la nación.

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