Colombia enfrenta riesgo eléctrico en 2026 pese a embalses altos: ¿Se evitará el racionamiento?
Riesgo eléctrico en Colombia 2026: embalses altos pero sistema vulnerable

Colombia llega a 2026 con una apariencia engañosa en el sector eléctrico

La situación actual del sistema eléctrico colombiano presenta una fotografía que podría interpretarse como tranquilizadora, pero que esconde vulnerabilidades estructurales significativas. Los embalses se encuentran en niveles elevados y los precios de bolsa se mantienen contenidos, creando una falsa sensación de seguridad. La pregunta crucial no es cómo amanecemos hoy, sino si el sistema podrá atravesar los próximos doce meses sin enfrentar un susto de racionamiento o un choque tarifario inesperado.

La holgura estructural se ha erosionado progresivamente

La capacidad de respuesta que caracterizó al sistema en años anteriores se ha reducido de manera estructural, erosionada por nuevos trámites burocráticos, desafíos en los procesos de licenciamiento y una marcada inestabilidad regulatoria. Estamos frente a lo que podría describirse como una crónica de una muerte anunciada si no se toman medidas urgentes.

En apariencia, todo parece estar bajo control. XM reportó que el embalse agregado alcanzó el 79,91% el 18 de enero de 2026, con aportes hídricos equivalentes al 148% de la media histórica. Sin embargo, esta aparente bonanza oculta un problema fundamental: la demanda de energía continúa creciendo de manera sostenida.

La demanda crece mientras la oferta se estanca

Para 2026, XM estima un consumo eléctrico que oscilará entre 92.889 GWh en el escenario medio y 95.086 GWh en el escenario alto. Paralelamente, la Unidad de Planeación Minero Energética (UPME) proyecta crecimientos anuales que variarán entre el 1,53% y el 4,30% en los próximos años, lo que exige una expansión sostenida y planificada de la oferta energética. Este dinamismo necesario, lamentablemente, no está ocurriendo en la actualidad.

Los embalses funcionan como la "batería" del sistema eléctrico nacional, lo que obliga a administrarlos con extremo cuidado para evitar caer por debajo de umbrales críticos. Si el año 2026 trae consigo un verano particularmente duro, la resiliencia del sistema se pondrá a prueba en cuestión de semanas, con consecuencias potencialmente graves para la población y la economía.

Dependencia de plantas térmicas y vulnerabilidades

Durante los períodos de sequía, el sistema eléctrico colombiano tradicionalmente se ha apoyado en las plantas térmicas. Sin embargo, las restricciones en el suministro de gas natural o de combustibles líquidos se traducen directamente en precios más altos de la energía, afectando especialmente a los hogares más vulnerables. Cerca de 12 millones de hogares en Colombia destinan más del 3,5% de sus ingresos al pago de la electricidad, lo que los hace particularmente sensibles a cualquier variación tarifaria.

La seguridad del abastecimiento eléctrico no se está fortaleciendo como sería necesario. No se está incorporando nueva capacidad firme ni se está desarrollando la infraestructura de transmisión requerida para un sistema robusto y confiable.

Potencial renovable sin infraestructura adecuada

Colombia tiene un potencial significativo para generar más energía a partir de fuentes renovables, pero sin redes modernas y eficientes, estas oportunidades se diluyen progresivamente. En el país se han reportado pérdidas en la transmisión que pueden alcanzar hasta el 30% en algunas zonas, lo que representa una ineficiencia considerable.

La subasta de Cargo por Confiabilidad asignó obligaciones ampliamente a fuentes solares (30 de 33 proyectos), con apenas tres térmicas. La energía solar es necesaria y valiosa para la transición energética, pero no reemplaza la potencia firme requerida en las horas críticas de consumo, especialmente en ausencia de sistemas de almacenamiento a gran escala o de respaldo térmico adecuado.

No es casualidad que varios países ya exijan la incorporación de baterías como condición para la entrada de nuevos proyectos renovables. Al mismo tiempo, proyectos estratégicos para el sistema eléctrico nacional siguen expuestos a demoras significativas por problemas de licenciamiento ambiental y social.

El retiro de Energía de Portugal como señal de alerta

El retiro de Energía de Portugal del mercado colombiano por lo que describieron como "asfixio institucional" resulta ilustrativo de los desafíos que enfrentan los inversionistas en el sector. El problema de fondo es físico, no normativo: sin nueva oferta firme, sin redes modernizadas y sin ejecución efectiva de proyectos, no hay decreto o regulación que pueda fabricar electrones.

Agenda mínima para evitar una crisis inminente

La agenda mínima para evitar una crisis eléctrica urgente en Colombia debe incluir:

  1. Un plan de confiabilidad 2026-2027 con señales estables para las plantas térmicas, sistemas de almacenamiento y demanda gestionable.
  2. El desbloqueo acelerado de proyectos de transmisión y de generación estratégica, eliminando barreras burocráticas innecesarias.
  3. Disciplina operativa en la administración de los embalses, con reglas técnicas claras y transparencia diaria en la información.
  4. Pedagogía en ahorro de energía y en la estructura tarifaria, con protección focalizada para los hogares vulnerables, no con incertidumbre regulatoria.

Colombia no está condenada, pero enfrenta riesgos significativos

Colombia no está condenada a sufrir un apagón generalizado, pero sí enfrenta el riesgo real de una combinación peligrosa: clima adverso, retrasos estructurales acumulados y señales regulatorias confusas. En el sector eléctrico, reaccionar tarde siempre resulta más costoso que prevenir a tiempo, tanto en términos económicos como sociales.

Lo más preocupante es que, si ocurre una crisis, la culpa probablemente recaerá sobre el próximo gobierno, perpetuando un ciclo de responsabilidades diluidas donde a nadie parece importarle realmente la sostenibilidad del sistema a largo plazo. La ventana para actuar se está cerrando rápidamente.