Proyecto solar lleva electricidad a 100 familias en zonas rurales del Magdalena
Proyecto solar beneficia a 100 familias en el Magdalena

Desde siempre, cuando caía la noche en la vereda San Martín, en el municipio de Plato, la única alternativa era encender velas o mechones para iluminar las viviendas. El calor, los mosquitos y las limitaciones para acceder a información o conservar alimentos hacían parte de la rutina diaria.

Esa realidad comenzó a cambiar para 100 familias rurales del Magdalena que, por primera vez, cuentan con electricidad gracias a la instalación de sistemas de energía solar. Los beneficiarios hacen parte de un esquema de Pagos por Servicios Ambientales (PSA), una estrategia que busca reconocer a las comunidades que contribuyen a la conservación de bosques, fuentes hídricas y ecosistemas estratégicos. En lugar de recibir una compensación económica directa, estas familias fueron dotadas con soluciones fotovoltaicas que les permiten acceder a energía limpia y permanente.

El fin de las noches a oscuras

La llegada de la electricidad representa un cambio significativo para comunidades que históricamente permanecieron al margen de la cobertura de servicios públicos. En muchas de estas viviendas, las noches transcurrían entre la oscuridad, mientras que actividades cotidianas como estudiar, refrigerar alimentos o cargar un teléfono celular suponían grandes dificultades.

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“Esto era oscuro, nos alumbrábamos con velitas y mechones. Hoy tenemos abanico, enfriador y podemos ver televisión”, relató Benigno Correa, habitante de la vereda San Martín y uno de los beneficiarios del proyecto. La iniciativa beneficia a 47 familias en Plato, 28 en Ariguaní y 25 en Sabanas de San Ángel, municipios donde numerosas comunidades rurales aún enfrentan dificultades para acceder a servicios básicos.

La conservación como incentivo

El proyecto, ejecutado por la Gobernación del Magdalena a través de la Secretaría de Ambiente, Gestión del Riesgo y Cambio Climático, contó con una inversión superior a los 3.300 millones de pesos. Cada hogar recibió una solución fotovoltaica compuesta por paneles solares, baterías de litio, inversor, luminarias, tomacorrientes e instalación eléctrica interna. Según la administración departamental, se trata de la primera vez que en Magdalena un esquema de compensación ambiental se materializa mediante la entrega de sistemas de energía solar. El objetivo es incentivar la protección de bosques y fuentes de agua, al tiempo que se mejoran las condiciones de vida de las familias que habitan estos territorios.

Más que energía, calidad de vida

Más allá de encender bombillos, la iniciativa busca demostrar que la conservación ambiental puede tener beneficios concretos para las comunidades. También representa una apuesta por la transición energética en zonas donde la extensión de las redes convencionales resulta compleja o costosa. Sin embargo, el proyecto también pone sobre la mesa una realidad persistente: cientos de familias rurales del Magdalena continúan enfrentando brechas históricas en el acceso a servicios públicos. Para las 100 familias beneficiadas, la energía solar llegó como una compensación ambiental; para muchos otros habitantes del campo, sigue siendo una necesidad pendiente. Hoy, al menos para estas comunidades, la protección de los bosques no solo ayuda a preservar la naturaleza, sino que también les permitió encender por primera vez la luz en sus hogares.

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