Colombia necesita inversiones millonarias para evitar crisis energética hacia 2030
El sistema eléctrico colombiano se enfrenta a un escenario crítico donde el crecimiento del consumo de electricidad comienza a superar la capacidad de generación firme disponible. Según un informe sectorial del Grupo Cibest, para cubrir el déficit proyectado en los próximos años, el país requeriría inversiones sustanciales que podrían alcanzar los US$2.308 millones.
Dos alternativas para cubrir el faltante energético
El análisis presenta dos caminos posibles para abordar la brecha de energía firme. Por un lado, Colombia podría incorporar aproximadamente 524 megavatios (MW) de plantas de gas de ciclo combinado, con una inversión estimada en US$576 millones. Por otro lado, la alternativa renovable implicaría instalar 2.241 MW de capacidad solar, requiriendo cerca de US$2.308 millones en inversiones.
La diferencia fundamental entre ambas opciones radica en las características tecnológicas. Mientras las plantas térmicas pueden generar electricidad de forma constante, las fuentes renovables variables como la solar producen energía solo durante determinadas horas del día, lo que reduce su aporte a la seguridad del suministro durante los momentos de máxima demanda.
El crecimiento acelerado del consumo eléctrico
Durante las últimas dos décadas, el consumo de electricidad en Colombia ha experimentado un aumento sostenido de alrededor del 35%. Este crecimiento ha sido impulsado principalmente por la expansión industrial, el mayor consumo residencial y la digitalización de la economía.
Las proyecciones oficiales indican que esta tendencia continuará intensificándose. Entre 2025 y 2029, se estima que la demanda de energía podría aumentar hasta un 16,9%, superando incluso el crecimiento económico proyectado del 12,6% para el mismo período.
El patrón de consumo presenta marcadas diferencias regionales:
- La región Caribe lidera el crecimiento con variaciones anuales del 5,3%
- La zona Centro registra incrementos del 4,4%
- Antioquia muestra un crecimiento del 2,3% anual
En el Caribe, el consumo está influenciado por mayores pérdidas en el sistema y por el uso intensivo de energía para refrigeración debido a las condiciones climáticas particulares. En el centro del país, el aumento se explica principalmente por la actividad económica y comercial concentrada en Bogotá.
El desafío de la energía firme en un sistema en transición
El concepto de energía firme se refiere a la capacidad del sistema eléctrico para garantizar suministro incluso en situaciones críticas. En Colombia, este elemento es particularmente relevante debido a la dependencia histórica de la hidroelectricidad, que representa aproximadamente el 65% de la generación eléctrica nacional.
Actualmente, la generación hidráulica y térmica a gas representan en conjunto cerca del 78% de la capacidad del sistema eléctrico. Este modelo ha permitido mantener una matriz relativamente estable con bajas emisiones de carbono, pero también implica una vulnerabilidad frente a las variaciones climáticas que afectan los niveles de los embalses.
Paralelamente, Colombia avanza en la incorporación de fuentes no convencionales de energía renovable. Se proyecta que para 2030, las tecnologías solar y eólica representarán aproximadamente el 36% de la capacidad instalada, con la energía solar mostrando el crecimiento más acelerado.
Sin embargo, la integración de estas tecnologías plantea desafíos operativos significativos. La generación solar depende de la disponibilidad de radiación durante el día, lo que significa que su producción disminuye o desaparece durante las horas nocturnas. Este factor es crítico considerando que en Colombia la hora de mayor consumo eléctrico ocurre alrededor de las 7 de la noche.
Retrasos en proyectos que agravan la situación
El desafío energético no se limita únicamente a la selección de tecnologías, sino también a la ejecución oportuna de los proyectos. En los últimos años, el sistema eléctrico colombiano ha enfrentado retrasos significativos en la entrada de nueva capacidad de generación.
En 2023, de los 6.608 MW de nueva capacidad proyectada, solo ingresaron 1.155 MW, representando una tasa de cumplimiento del 17%. En 2024, aunque hubo una ligera mejora, la brecha continuó siendo considerable: de 5.720 MW proyectados, solo 1.447 MW entraron en operación, equivalente al 25% de lo previsto.
Estos retrasos reflejan múltiples dificultades, incluyendo trámites regulatorios complejos, procesos de licenciamiento ambiental prolongados, problemas constructivos, dificultades de financiación y conflictos sociales en zonas de desarrollo de proyectos.
Además, los desafíos se extienden a la infraestructura de transmisión eléctrica. La red de transporte de energía es fundamental para llevar la electricidad desde las plantas de generación hasta los centros de consumo. Cuando esta infraestructura presenta retrasos o resulta insuficiente, limita severamente la capacidad de aprovechar nuevas fuentes de energía.
En la región Caribe, donde se concentra una parte importante de los proyectos renovables en desarrollo, se identifican 40 proyectos de transmisión, de los cuales 22 presentan retrasos en su fecha de puesta en operación. Situaciones similares se observan en las áreas Oriental y Suroccidental del sistema eléctrico nacional.
Las proyecciones actuales indican que el número de restricciones operativas podría aumentar significativamente en los próximos años. Con la entrada de proyectos previstos, se estima que podrían pasar de 167 en 2025 a 221 en 2030. Si los retrasos continúan, este número podría alcanzar hasta 275 restricciones operativas para ese mismo año.
La combinación de crecimiento acelerado del consumo, dependencia de fuentes variables y retrasos en proyectos de infraestructura crea un escenario complejo que requiere decisiones estratégicas urgentes y compromisos de inversión sustanciales para garantizar la seguridad energética del país hacia 2030.
