El primer día de agosto, quien gane la presidencia el 31 de mayo o el 21 de junio, si ocurre la segunda vuelta, encontrará sobre su escritorio un país fragmentado, cuyas regiones no se comunican entre sí. El río Magdalena moviliza apenas el 2 % de la carga nacional; el tren, incluso menos. El 90 % de todo lo que se produce y consume en Colombia viaja por carretera, con un costo logístico que duplica el promedio de los países competidores.
El caso del Canal del Dique
El ejemplo más emblemático es el Canal del Dique, uno de los proyectos fluviales estratégicos de la nación, que permanece atrapado en trámites ambientales a pesar de décadas de debate. Esta situación refleja la parálisis que afecta a la infraestructura del país.
Impacto en la economía
La dependencia del transporte por carretera eleva los costos logísticos, lo que reduce la competitividad de los productos colombianos en los mercados internacionales. La Cámara Colombiana de Infraestructura (CCI) ha señalado la urgencia de agilizar los permisos ambientales para proyectos clave como el Canal del Dique.
El estancamiento de estas obras no solo afecta la economía, sino que también limita el desarrollo regional y la integración del territorio nacional. Expertos insisten en que la modernización del transporte fluvial y ferroviario es esencial para reducir los costos y mejorar la eficiencia logística.



