Ahorro de energía: la respuesta recurrente ante el déficit eléctrico por El Niño
Ahorro de energía: respuesta recurrente ante déficit por El Niño

El llamado al ahorro de energía reaparece en Colombia cada vez que el fenómeno de El Niño intensifica sus efectos, generando advertencias sobre la capacidad del sistema eléctrico para atender la demanda. La pregunta recurrente es: ¿por qué el país nunca está preparado?

Una matriz energética dependiente del agua

Colombia genera cerca del 70% de su electricidad a partir de centrales hidroeléctricas. Esta fuerte dependencia del recurso hídrico hace que cualquier alteración prolongada en los ciclos de lluvia impacte directamente la generación. Cuando las precipitaciones disminuyen y las temperaturas aumentan, los embalses pierden capacidad y el sistema entra en una fase de mayor exigencia operativa.

José Camilo Manzur, presidente de Asocodis, explicó que “el Fenómeno de El Niño se caracteriza por un aumento considerable de las temperaturas y una disminución marcada en las lluvias, lo que reduce el nivel de los embalses y limita la capacidad de almacenamiento”. Esta condición obliga a administrar el recurso hídrico con mayor precisión.

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A esto se suma un efecto simultáneo: el incremento en el consumo. Las altas temperaturas elevan el uso de equipos de refrigeración, aumentando la demanda justo cuando la oferta enfrenta restricciones. El resultado es una presión doble sobre el sistema eléctrico.

Ante este escenario, el país recurre a fuentes de generación térmica, que operan con combustibles fósiles. Sin embargo, esta alternativa implica costos más altos y depende de la disponibilidad de insumos como gas, carbón o diésel. Manzur precisó que “garantizar la prestación del servicio requiere mantener un equilibrio constante entre la generación y la demanda”, y agregó que una de las herramientas más inmediatas para lograrlo es la reducción del consumo.

Cuando la oferta no crece al ritmo de la demanda

El debate sobre el ahorro no se limita al comportamiento climático. También está atravesado por la capacidad del sistema para expandirse y responder a las necesidades futuras. De acuerdo con cifras del operador del mercado eléctrico, XM, la energía firme proyectada no alcanza a cubrir completamente la demanda estimada en los próximos años. Para el periodo 2025-2026, el déficit se ubica en -2,3%, y se amplía progresivamente en los años siguientes.

Manzur advirtió que “es evidente que están haciendo falta recursos de generación en firme para atender la totalidad de la demanda”, y señaló que la situación podría agravarse si los proyectos previstos no entran en operación en los tiempos establecidos. Los datos del sector muestran que la entrada de nuevas plantas ha sido inferior a la esperada. Entre 2020 y 2025, solo una fracción de la capacidad proyectada se materializó, lo que ha limitado el crecimiento de la oferta.

Natalia Gutiérrez, presidenta de Acolgen, afirmó que “Colombia tiene un déficit energético firme, lo que significa que podríamos no tener suficiente energía para satisfacer las necesidades en momentos críticos, como durante un fenómeno de El Niño”. Según explicó, este panorama está relacionado con los retrasos en proyectos de generación y con la baja incorporación de nueva capacidad. En 2025, solo una parte de los proyectos previstos logró entrar en operación, y en 2026 el avance ha sido aún más limitado. Además, algunas plantas solares no superaron las pruebas técnicas exigidas, lo que redujo su aporte efectivo al sistema.

El ahorro como respuesta inmediata

En medio de este escenario, el ahorro de energía aparece como una medida que puede aplicarse sin necesidad de ampliar la infraestructura en el corto plazo. A diferencia de la construcción de nuevas plantas, que puede tardar varios años, la reducción del consumo tiene efectos inmediatos.

Alejandro Castañeda, presidente de Andeg, explicó que “aumentar la capacidad de generación no se logra en seis meses, mientras que la demanda puede ajustarse si se dan los incentivos correctos”. En ese sentido, señaló que los programas de ahorro permiten disminuir la presión sobre el sistema en momentos críticos.

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Esta lógica ya ha sido aplicada en el país. Durante el fenómeno de El Niño de 2015-2016, el programa “Apagar Paga” incentivó a los usuarios a reducir su consumo mediante beneficios económicos. El resultado fue una disminución significativa en la demanda, que contribuyó a evitar racionamientos. Manzur destacó que “los informes de XM reportaron un ahorro cercano a 1.000 gigavatios-hora en seis semanas, lo que evidencia el impacto de la iniciativa”.

Alejandro Lucio, experto en el sector energético, señaló que este tipo de mecanismos forman parte de la gestión de la demanda. “La energía es un recurso escaso cuando hay sequía, y todos deben contribuir para garantizar que el sistema se mantenga en equilibrio”, afirmó. El especialista añadió que, aunque sería posible instalar una mayor capacidad para cubrir todos los escenarios, esto implicaría costos adicionales para los usuarios. “Se requiere un balance entre pagar por una mayor capacidad instalada y gestionar la demanda en momentos de escasez”, indicó.

Costos más altos y menor margen de maniobra

Cuando el sistema recurre con mayor intensidad a la generación térmica, los costos de producción aumentan. Esta situación puede trasladarse a las tarifas que pagan los usuarios, ya que el precio de la energía refleja el costo de las fuentes utilizadas. Manzur explicó que la generación térmica “depende de combustibles fósiles y suele ser más costosa”, lo que introduce un componente adicional en el debate sobre el ahorro.

A esto se suma la disponibilidad de combustibles. Alejandro Martínez Villegas, presidente de Gasnova, señaló que “la caída en la producción de gas natural era conocida desde hace años, pero no se tomaron decisiones oportunas”. Según indicó, esta condición añade complejidad al abastecimiento energético en escenarios de sequía.

El margen de maniobra del sistema también se ha reducido. En años anteriores, Colombia contaba con mayores excedentes de energía, lo que permitía enfrentar con más holgura los eventos climáticos extremos. Castañeda explicó que “en la década pasada los excedentes eran de entre el 5% y el 7%, mientras que en años recientes han sido cercanos al 2% o 3%”. Esta reducción implica que cualquier alteración en la oferta o la demanda tiene un impacto más inmediato.

La diversificación como tarea pendiente

El debate sobre el ahorro también ha puesto en evidencia la necesidad de diversificar la matriz energética, como respuesta para evitar esta incertidumbre cada vez que las temperaturas suben. Expertos señalan que la incorporación de diferentes tecnologías es vista como una forma de reducir la dependencia del agua y aumentar la resiliencia del sistema.

Manzur afirmó que “cada proyecto que se sume, siempre que cumpla con los estándares técnicos, representa un paso hacia un sistema más robusto”. En ese sentido, mencionó la importancia de integrar iniciativas de generación distribuida, almacenamiento y autogeneración. Esta idea es respaldada por Castañeda, quien coincidió en que se requiere una combinación de tecnologías. “Necesitamos de todo: térmicas, hidráulicas, viento y sol”, señaló, al referirse a la necesidad de contar con múltiples fuentes de respaldo.

El reto, sin embargo, no se limita a la planeación. Los expertos han insistido en la importancia de garantizar que los proyectos adjudicados se ejecuten en los tiempos previstos, para evitar que las brechas entre oferta y demanda continúen ampliándose.

Un recurso limitado en momentos de sequía

Desde el racionamiento de los años noventa hasta las campañas más recientes, el país ha recurrido a la gestión de la demanda como una forma de enfrentar crisis energéticas. Sin embargo, los expertos coinciden en que Colombia debe garantizar su seguridad energética para que el país no tenga que apagarse en el futuro.