El cuerpo femenino como moneda de cambio: la economía invisible del acoso y cuidado no remunerado
Cuerpo femenino como moneda: economía invisible del acoso

El cuerpo de la mujer: el activo invisible que sostiene la economía colombiana

Durante siglos, el cuerpo femenino ha funcionado como un activo económico invisible, una realidad que se hace evidente en la reciente oleada de denuncias por acoso en medios de comunicación y diversos sectores laborales. Estos casos exponen cómo individuos en posiciones de poder transforman el cuerpo en un objeto de intercambio, estableciendo dinámicas de dominación que van desde sutiles acuerdos tácitos hasta chantajes laborales explícitos.

Del acoso laboral al cuidado no remunerado: la misma lógica de poder

La lógica subyacente en estas situaciones es siempre la misma: un intercambio desigual donde quienes detentan el poder imponen las reglas del juego. La joven profesional que inicia su carrera como aprendiz y enfrenta presiones para "dar algo de sí misma" a cambio de oportunidades laborales, o la mujer que acepta cuidados no remunerados a cambio de seguridad económica familiar, ambas experimentan variaciones del mismo fenómeno estructural.

Como señalaba el filósofo francés Michel Foucault en sus reflexiones sobre el cuerpo en la política, el poder no solo se ejerce a través de leyes e instituciones, sino que también opera directamente sobre los cuerpos, tratándolos como territorios de conquista y dominación.

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El cuerpo como commodity en espacios laborales y domésticos

En el ámbito laboral colombiano, el cuerpo femenino se convierte frecuentemente en moneda de cambio para acosadores y abusadores que ofrecen favores profesionales a cambio de acceso a lo que perciben como un activo valioso. Esta dinámica perversa encuentra su paralelo en el espacio doméstico, donde históricamente millones de mujeres han permitido que millones de hombres se dediquen plenamente a sus carreras en industria, ciencia, arte y otros campos, liberados de las responsabilidades del hogar.

Estas tareas silenciosas y no remuneradas -cocinar, hacer mercado, limpiar, cuidar- representan una contribución económica monumental que rara vez se reconoce o valora adecuadamente. Según datos reveladores del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), si se contabilizara el cuidado como actividad económica formal, representaría aproximadamente el 20% del Producto Interno Bruto (PIB) colombiano, superando incluso sectores estratégicos como el petrolero o la administración pública.

La lucha por la autonomía económica y corporal

Durante décadas, las mujeres colombianas han alzado la voz desde múltiples espacios para reclamar tres libertades fundamentales:

  1. Libertad económica para tomar decisiones sin presiones externas
  2. Representación política en los debates públicos que definen el futuro del país
  3. Equidad laboral para acceder a lo que merecen por su trabajo y capacidades

El momento actual exige que, como sociedad, nos cuestionemos profundamente cómo estamos construyendo tanto nuestros espacios de trabajo como nuestras dinámicas familiares y domésticas. Los cuerpos de las mujeres no pueden seguir siendo percibidos como activos intercambiables o commodities en el mercado laboral y social.

La transformación requiere reconocer el valor económico real del trabajo de cuidado, implementar políticas efectivas contra el acoso laboral y sexual, y construir entornos donde el mérito y la capacidad -no el género o la disposición corporal- determinen el acceso a oportunidades. Solo así podremos avanzar hacia una economía que verdaderamente valore y proteja la integridad de todas las personas.

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