El poder invisible del acento: cómo la forma de hablar determina oportunidades en Bogotá
La forma de hablar puede abrir puertas profesionales y sociales... o cerrarlas definitivamente. Un revelador estudio del Centro de Estudios sobre Desarrollo Económico (Cede) de la Universidad de los Andes ha cuantificado por primera vez en Colombia cómo los acentos asociados a clases sociales influyen directamente en las oportunidades que reciben las personas en la capital del país.
Un experimento social con 6.000 participantes
La investigación, liderada por el profesor Leopoldo Fergusson, encuestó a 6.000 personas de diferentes estratos sociales en Bogotá. A los participantes se les presentaron perfiles idénticos en educación e ingresos, pero con acentos distintos: algunos vinculados a clase alta (el llamado "gomelo") y otros a clase baja. Los resultados evidenciaron sesgos profundamente arraigados en la sociedad bogotana.
"Los acentos funcionan como una barrera implícita e inconsciente en las interacciones sociales", explicó Fergusson, quien destacó que estos prejuicios lingüísticos operan incluso cuando las personas tienen las mismas credenciales académicas y económicas.
Cifras que hablan por sí solas
El estudio arrojó datos contundentes sobre cómo el acento influye en la percepción social:
- La confianza hacia personas con acento de clase alta aumenta en 16 puntos porcentuales respecto a quienes tienen acento de clase baja
- La preferencia como amigo alcanza 15 puntos porcentuales más
- La expectativa de ser contratado se incrementa hasta en 19 puntos porcentuales
- La percepción de empatía es 6,5 puntos porcentuales mayor
En el ámbito laboral específicamente, una persona con acento de clase alta tiene 15 puntos porcentuales más de probabilidad de ser el colega preferido y 13,4 puntos más de ser elegida como socio comercial.
La reproducción de la desigualdad a través del lenguaje
Fergusson advirtió que estos sesgos no representan una competencia equitativa: "No se trata de una 'moneda justa'. La probabilidad puede inclinarse hasta 60% frente a 40%, únicamente por la forma de hablar". El investigador señaló que existe una tendencia natural a preferir a quienes hablan de manera similar, lo que contribuye a perpetuar las desigualdades sociales.
Esta dinámica encuentra sus raíces teóricas en el trabajo del sociólogo francés Pierre Bourdieu, quien ya en el siglo XX identificaba cómo elementos culturales como el lenguaje funcionan como marcadores sociales que legitiman y reproducen las jerarquías de clase.
El contexto colombiano: hegemonía del acento bogotano
Emmanuel Quiroga, sociólogo de la Universidad del Rosario, contextualizó los hallazgos: "Si la capital de Colombia fuera Medellín, el acento paisa sería el asociado al privilegio. Pero en la situación actual, hemos interiorizado que cierto acento bogotano de clase alta corresponde a quienes ocupan posiciones económicas y políticas privilegiadas".
Esta hegemonía del acento capitalino se suma a fenómenos globales documentados por el estudio, como el "castigo" social que enfrentan migrantes que conservan acentos marcados de sus lugares de origen al hablar el idioma del país receptor.
Consecuencias más allá de lo laboral
La investigación del Cede demuestra que los efectos del acento trascienden el ámbito profesional. Las personas con acentos estigmatizados pueden enfrentar:
- Dificultades adicionales para acceder al arriendo de vivienda
- Prejuicios en interacciones sociales cotidianas
- Estigmatización en diversos espacios públicos y privados
- Limitaciones en la construcción de redes sociales y profesionales
"La desigualdad no solo se mide en ingresos o nivel educativo, también se escucha", concluye el estudio, destacando cómo la forma de hablar opera como un filtro invisible que favorece sistemáticamente a algunos grupos mientras limita a otros, incluso en escenarios aparentemente neutrales como una entrevista laboral o una conversación informal.
Este trabajo académico pone sobre la mesa una dimensión poco explorada de la discriminación en Colombia y plantea preguntas urgentes sobre cómo construir una sociedad donde las oportunidades no dependan de cómo suenan las palabras, sino del contenido de lo que se dice.



