El conflicto en Oriente Medio ya empezó a pasarle factura a la economía global. El alza acelerada en los precios del petróleo, el gas y los fertilizantes está elevando los riesgos inflacionarios y deteriorando las perspectivas de crecimiento, según un informe de Corficolombiana. La entidad advierte que este choque, que combina presiones sobre costos y actividad económica, seguirá impactando el entorno macro incluso si la guerra se resuelve en el corto plazo.
Impacto en energía y alimentos ya se refleja en la inflación
El documento advierte que la guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán se ha extendido más de lo previsto, configurando un choque de oferta de escala global. Señala que “este choque es simultáneamente inflacionario y contractivo”, al explicar que el impacto se transmite principalmente a través de la energía, con efectos que ya se reflejan en precios, expectativas y condiciones financieras.
Energía y fertilizantes impulsan un nuevo ciclo inflacionario
El canal energético es el epicentro del impacto. El cierre del Estrecho de Ormuz, por donde transita cerca del 20% del petróleo mundial, provocó una caída histórica en el flujo marítimo y redujo la oferta global de crudo. Como resultado, el Brent alcanzó los 118 dólares por barril, con un aumento cercano al 44% en un solo mes, mientras el gas europeo registró alzas de hasta 39%.
Sin embargo, el choque no se limita a la energía. El aumento en los precios del gas ha encarecido la producción de fertilizantes, en particular la urea, cuyo precio se ha disparado más de 60%. Este insumo es clave para la producción agrícola, lo que abre la puerta a un efecto en cadena que podría trasladarse a los precios de los alimentos en los próximos meses.
El informe advierte que esta transmisión no es inmediata, pero sí significativa. La alta correlación histórica entre los precios del gas, los fertilizantes y los alimentos sugiere que el impacto inflacionario podría intensificarse con el tiempo, ampliando el alcance del choque más allá de los componentes energéticos y afectando el costo de vida a nivel global.
Crecimiento global se debilita en medio del choque
El impacto no se limita a los precios. El aumento en los costos energéticos y agrícolas está reduciendo el ingreso real de los hogares y afectando la dinámica económica. El Fondo Monetario Internacional ya revisó a la baja su proyección de crecimiento global para 2026 a 3,1%, reflejando un deterioro frente a las expectativas previas y un entorno menos favorable para la actividad económica.
En términos comparativos, el informe estima que la economía global perderá al menos 0,3 puntos porcentuales de crecimiento frente a un escenario sin conflicto. Este ajuste se explica por el encarecimiento de insumos clave y la mayor incertidumbre, que afectan tanto el consumo como la inversión en diferentes regiones del mundo.
El efecto no es homogéneo. Las economías emergentes importadoras de energía son las más vulnerables, debido a su menor capacidad para absorber choques de costos. En contraste, las economías avanzadas muestran una mayor resiliencia relativa, aunque no están exentas de los impactos derivados del aumento en la inflación y la volatilidad de los mercados.
Mercados y política monetaria entran en un nuevo equilibrio
La reacción de los mercados financieros ha sido marcada por la volatilidad en los precios de los commodities y el fortalecimiento del dólar, que superó los 100 puntos en el índice DXY en medio del ajuste en expectativas. Al mismo tiempo, los rendimientos de los bonos del Tesoro aumentaron, reflejando un cambio en la percepción sobre la trayectoria de las tasas de interés.
Este ajuste responde a un cambio en el balance de la política monetaria global. El mercado pasó de anticipar recortes de tasas en 2026 a prever una pausa prolongada, ante un entorno en el que el riesgo inflacionario vuelve a dominar. Las expectativas de corto plazo ya incorporan este escenario, mientras que las de largo plazo se mantienen relativamente ancladas, aunque con riesgos si el conflicto se intensifica.
El informe concluye que la guerra no solo ha elevado los precios de la energía, sino que ha modificado el equilibrio macroeconómico global. La combinación de mayor inflación, menor crecimiento y condiciones financieras más restrictivas configura un entorno más desafiante, en el que las decisiones de política económica tendrán menos margen y mayores costos.



