Actores colombianos: la incierta realidad de la pensión en el mundo artístico
Actores colombianos: la incierta realidad de la pensión

Llegar a la edad de pensión no significa lo mismo para todos los actores en Colombia. Mientras en otros sectores ese momento suele estar asociado a una estabilidad económica, en el mundo de la actuación el panorama puede ser incierto en ocasiones. Las trayectorias laborales irregulares, los cambios en las condiciones de contratación y la falta de aportes constantes durante décadas han hecho que muchos intérpretes enfrenten esta etapa con escenarios muy distintos entre sí.

Algunos lograron pensionarse, pero otros no alcanzaron ese objetivo y dependen de ingresos intermitentes, apoyos del gremio o incluso de otras fuentes externas. En medio de esos dos extremos aparece una realidad intermedia: actores que reciben pensión, pero el monto no cubre todos sus gastos y necesitan seguir trabajando para sostenerse.

Ese es el punto de partida para entender qué ocurre hoy con algunos artistas que dedicaron su vida a la televisión, el teatro o el cine en Colombia.

Banner ancho de Pickt — app de listas de compras colaborativas para Telegram

Una generación que trabajó sin garantías

Para muchos de los actores que hoy superan la edad de pensionarse, el problema tiene un origen común: desarrollaron su carrera en una época en la que no era obligatorio cotizar a seguridad social. Esa condición, sumada a la intermitencia propia del oficio, marcó su presente.

La actriz Gloria Gómez, protagonista de recordadas producciones como Un largo camino y La casa de las dos palmas, lo resume desde su experiencia personal, pero también desde la memoria de una generación que vivió esa transición. “Cuando yo empecé, hubo un tiempo en que sí había contratos laborales y estábamos en el Seguro Social. Después cambiaron los contratos y pasamos a prestación de servicios, y ahí nos quitaron todo. Perdimos beneficios, perdimos estabilidad”, explica.

Ese cambio no fue menor. Significó pasar de un esquema que garantizaba aportes a seguridad social a uno en el que cada actor debía asumirlos por su cuenta, en un oficio donde el trabajo no es constante.

A eso se sumaba la visión del futuro. “Uno cuando es joven piensa que nunca va a envejecer. Yo no pensé en la pensión, y cuando fui a averiguar ya me dijeron que tendría que pensionarme como a los 90 años. Era imposible”, cuenta.

Esa misma lectura es la que hace Andrea Gómez, presidenta de la Actores Sociedad Colombiana de Gestión, quien señala que el problema tiene raíces estructurales: “Estos actores pertenecen a una generación en la que no era obligatorio cotizar a la seguridad social. Esa obligación comenzó alrededor de 2001, así que muchos no aportaron ni a pensión ni a salud pensando en el futuro. Hoy eso tiene un impacto evidente: no tienen las semanas requeridas y ya no hay forma de completarlas”.

Entre la pensión y la realidad económica

Pero incluso entre quienes lograron pensionarse, el panorama no es completamente estable. El caso del actor Víctor Cifuentes, recordado por su trabajo en Una vida para amarte, Tuyo es mi corazón y La mujer del presidente, es prueba de ello. Alcanzó la pensión, pero en condiciones limitadas: “Logré una muy pequeña, prácticamente por accidente”. Esa mesada, aunque representa un respaldo, no resuelve por completo su situación.

Algo similar ocurre con el actor Mauricio Figueroa, protagonista de telenovelas como Piel de zapa y El alférez real, entre otras producciones. El famoso don Ezequiel de Francisco, el matemático y exparticipante de La casa de los famosos logró pensionarse recientemente tras un proceso en el que intervino la Sociedad Colombiana de Gestión. Su caso muestra cómo funcionan hoy algunos mecanismos de apoyo, pero también evidencia sus límites.

Durante años, antes de pensionarse, el actor recibió un bono y cobertura en salud que le permitieron mantenerse mientras completaba las semanas requeridas. Finalmente, logró acceder a su pensión, que hoy supera el millón y medio de pesos mensuales. Sin embargo, eso no es suficiente.

“No, hay que seguir trabajando”, afirma sin rodeos. Y explica por qué: “Con la pensión y lo que te gestiona la sociedad no alcanza”.

Banner post-artículo de Pickt — app de listas de compras colaborativas con ilustración familiar

Su testimonio aterriza la discusión en cifras concretas. Los ingresos adicionales que recibe por retransmisiones —a través de derechos gestionados por el gremio— son variables e impredecibles: “Puede que en una ocasión lleguen 80 mil pesos y en otra 5 o 6 millones… uno no cuenta con ese dinero fijo”.

A eso se suma el costo de vida. “Los gastos mínimos están alrededor de tres millones de pesos… fácilmente se van a casi cinco millones mensuales”, detalla. En ese contexto, la pensión se convierte en una ayuda, pero no en una solución definitiva.

El papel de las sociedades de gestión

En ese escenario aparece una figura clave: las sociedades de gestión de actores, encargadas de recaudar y distribuir los derechos por retransmisión de las producciones.

Estas entidades no solo gestionan regalías, sino que también han desarrollado programas de apoyo para actores que no lograron pensionarse o que enfrentan dificultades económicas. Según Andrea Gómez, actualmente la Sociedad Colombiana de Gestión cuenta con 3.009 socios, lo que representa más del 90 % del gremio. Tiene 83 beneficiarios en programas de subsidio para adultos mayores.

“Cubre salud y entrega un apoyo económico que les permite contar con un ingreso básico”, explica sobre estas ayudas, diseñadas para quienes ya no tienen posibilidad de pensionarse.

El subsidio incluye:

  • Un ingreso económico de medio salario mínimo
  • Cobertura en salud
  • Acceso a servicios médicos
  • Acompañamiento social

Además, existen otros apoyos:

  • Atención médica domiciliaria
  • Servicios odontológicos y oftalmológicos
  • Apoyo en hogares asistidos
  • Seguimiento a condiciones de vida

Desde la experiencia de los actores, estos apoyos son valorados. Gloria Gómez, la célebre Rosalbita de Don Chinche, los describe como un respaldo importante en medio de la inestabilidad: “Tengo una ayuda de la sociedad de gestión… eso es una maravilla porque nos ayuda a mucha gente que no tenemos ingresos estables”.

Por su parte, Víctor Cifuentes destaca el impacto positivo del sistema: “Nos han ayudado muchísimo… las regalías las manejan muy bien”. Sin embargo, los propios testimonios dejan claro que estas ayudas funcionan como complemento, no como sustituto de una pensión sólida o de ingresos constantes.

Un sistema que ayuda, pero tiene límites

Desde la Sociedad de Gestión en Colombia se reconoce esas limitaciones y se insiste en que existe un sistema de apoyo. “No se trata de que los actores estén desprotegidos. Hay un sistema que los respalda”, afirma Andrea Gómez. Pero añade un matiz fundamental: “No podemos cubrir todo el espectro”.

Ese límite no es solo económico. También tiene que ver con condiciones sociales y personales que atraviesan en esta etapa de la vida. “Una de las mayores preocupaciones es la soledad en la que viven muchos de nuestros actores”, señala, a la vez que explica que el acompañamiento también incluye seguimiento emocional y de entorno.

Responsabilidad individual y condiciones del sistema

En medio de estas realidades, hay un elemento que aparece en todos los testimonios: la responsabilidad individual.

Tanto los actores como la Sociedad de Gestión en Colombia coinciden en que la falta de cotización durante años responde, en parte, a decisiones personales. “Uno tiene que ahorrar para su futuro”, plantea Víctor Cifuentes al comparar el pasado con el presente, en el que los aportes son obligatorios.

Mauricio Figueroa también lo reconoce desde su experiencia, al señalar que su estabilidad actual no depende únicamente de la pensión o de los apoyos, sino también de su organización financiera y de otras fuentes de ingreso.

“En mi caso, he podido estar tranquilo porque he sido ordenado y tengo ahorros. Además, sigo trabajando: a veces salen comerciales, proyectos o reparticiones que ayudan a equilibrar la situación. Por ejemplo, ahora tengo la posibilidad de hacer una película entre junio y julio en Medellín, y eso mejora las cosas. No soy multimillonario, pero vivo bien, con mi nevera llena y mis comodidades. Yo tengo algunos ingresos, pero son esporádicos, no son fijos. Aun así, soy muy ordenado y eso ayuda a sostenerse. Si uno se organiza, puede subsistir”, manifestó el actor de 76 años.

Pero esa responsabilidad no se plantea como única causa. Andrea Gómez introduce un enfoque más amplio al hablar de un balance necesario entre varios actores: el individuo, el Estado y la industria audiovisual. “Tiene que haber un equilibrio que hoy no está del todo logrado. Si miramos otros países, el Estado asume un papel más activo en la protección de los actores, entendiendo las condiciones particulares de este trabajo: es intermitente y se rige, en la mayoría de los casos, por contratos de prestación de servicios. Eso genera inestabilidad económica”, explica al señalar que esa condición dificulta sostener aportes constantes en el tiempo.

Al poner en conjunto estas voces, el panorama se vuelve más claro: no existe una única forma de envejecer en la actuación.

Hay actores que lograron pensionarse y siguen activos. Otros que pese a tener pensión, deben continuar trabajando. Algunos que dependen de apoyos del gremio. Y también quienes combinan varias fuentes de ingreso —como regalías, trabajos ocasionales o incluso rentas externas— para mantenerse.

En todos los casos, la estabilidad no proviene de un solo factor, sino de una combinación de elementos: aportes realizados en el pasado, oportunidades laborales en el presente, apoyos institucionales y, en muchos casos, organización personal.

“Aquí deben articularse varios actores. El Estado necesita comprender mejor las condiciones laborales del sector; los actores también deben ser conscientes de su realidad para organizar sus finanzas; y la industria audiovisual —canales y productoras— debe asumir su parte en la estructura de contratación (...) En cuanto a la responsabilidad individual, implica entender que los ingresos no son constantes y que hay que administrarlos, ahorrar o buscar otras fuentes que permitan mayor estabilidad entre un proyecto y otro. Es una realidad del oficio, y por eso se necesita una protección conjunta desde todos los frentes”, agregó Andrea Gómez.

Matices de una realidad

Responder qué pasa con los actores cuando llegan a la edad de pensión implica, entonces, entender esa complejidad. No se trata de un escenario uniforme ni de una historia de abandono absoluto. Tampoco de un sistema completamente resuelto. Es una realidad intermedia, en la que conviven avances —como la existencia de sociedades de gestión y la obligatoriedad de cotizar— con limitaciones que siguen marcando la vida de quienes construyeron la industria en sus primeras décadas.

Al final, como resume Mauricio Figueroa desde su propia experiencia, la ecuación sigue siendo inestable: hay apoyos, ingresos, pensión en algunos casos, pero “hay que seguir trabajando”.

Y en esa necesidad de seguir en movimiento, incluso después de décadas frente a cámaras y escenarios, se revela una de las características más claras del oficio: la actuación, más que una carrera con punto de retiro definido, es una actividad que, para muchos, no termina nunca.