De vitrinas rotas a la liquidación: la historia de Don Jacobo Postres y Ponqués
Don Jacobo Postres: de vitrinas rotas a liquidación judicial

El legado dulce que enfrenta su momento más amargo

La historia de Don Jacobo Postres y Ponqués es un relato de emprendimiento, éxito masivo y desafíos financieros que hoy culmina en un proceso de liquidación judicial ordenado por la Superintendencia de Sociedades. Fundada en 1986 por Jacobo Álvarez Lastra, esta empresa familiar transformó el paladar colombiano con su icónica Genovesa, pero ahora lucha por sobrevivir ante dificultades económicas insostenibles.

Los humildes comienzos de un imperio dulce

Todo comenzó en dos modestos garajes donde Jacobo, junto a su esposa Marta, barrían, horneaban, decoraban y atendían personalmente. Electricista, abogado y pastelero por vocación, Don Jacobo heredó de su madre no solo recetas, sino ese carácter resiliente que definiría su trayectoria. Aunque estudió Derecho por no poder irse a Bogotá a estudiar gastronomía, su corazón siempre estuvo en la pastelería.

El punto de inflexión llegó el Día de la Madre de 1987, cuando la multitud ansiosa por comprar sus tortas rompió los vidrios de la vitrina. "Ahí supe que el futuro estaba garantizado", recuerda el empresario. Ese caos revelador marcó el inicio de una expansión que llevaría sus productos a todo el país.

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La Genovesa: una revolución en el paladar colombiano

La verdadera revolución llegó en los años 90 cuando Don Jacobo descubrió el tres leches en México y decidió adaptarlo al gusto colombiano. Durante cinco años nadie quiso comprarlo -"eso es para pajaritos", le decían-, pero su persistencia dio frutos. La Genovesa no solo se convirtió en un producto exitoso, sino que creó una categoría que no existía en Colombia.

"Antes de ella, el tres leches era solo un postre; después de ella, tres generaciones crecieron celebrando con ese sabor", explica Don Jacobo. Este éxito llevó a la empresa a expandirse por toda Colombia y llegar internacionalmente a Panamá y Costa Rica, alcanzando cerca de 80 tiendas en 2015.

Dificultades y decisiones difíciles

El crecimiento no estuvo exento de desafíos. A finales de los 90, problemas de seguridad obligaron a la familia a trasladarse a Costa Rica para proteger la vida de su hijo, priorizando siempre la familia sobre el negocio. En los últimos años, las dificultades financieras se acumularon hasta volverse insostenibles, llevando a la Superintendencia de Sociedades a ordenar la liquidación judicial simplificada.

La solidaridad de una comunidad

La noticia de la liquidación despertó una oleada de apoyo solidario en Santander y otras regiones donde la marca es parte del patrimonio sentimental. Empresas como La Gloriosa, El Garaje, Lavalú y Negrón Chocolatería han lanzado promociones cruzadas para incentivar las compras en Don Jacobo.

En redes sociales, las etiquetas vinculadas a estas iniciativas no solo comparten promociones, sino historias personales, recuerdos familiares y anécdotas ligadas a la pastelería. Para muchos colombianos, Don Jacobo representa celebraciones, domingos familiares y momentos especiales.

Un proceso que puede extenderse

Según la Superintendencia de Sociedades, el proceso de liquidación puede tardar alrededor de un año o más, dependiendo de la complejidad del patrimonio, el número de acreedores y la naturaleza de los activos. Durante este tiempo, un liquidador administrará y dispondrá de los bienes para cumplir con las obligaciones legales.

Más que una empresa: un patrimonio sentimental

Hoy, Don Jacobo reflexiona sobre su legado con una mezcla de gratitud y nostalgia. "Lo más valioso es cuando la gente siente que la Genovesa es suya", afirma. Recientemente perdió a su madre, quien fue su inspiración original, y al recordarla entiende que todo comenzó con esa resiliencia y visión empresarial.

"Quizás ese sea mi mayor logro: haber sido parte de la historia de la vida de millones de personas sin entrar nunca a sus casas, pero estando siempre en la mesa", concluye. Al final, no todos los empresarios pueden decir que ayudaron a un país a celebrar. Don Jacobo sí.

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Mientras el proceso legal avanza, la marca persiste como símbolo de memoria colectiva, demostrando que el verdadero patrimonio no siempre se mide en cifras financieras, sino en los recuerdos dulces que dejó en generaciones de colombianos.