En mi columna anterior demostré que sí es posible soñar con ser un país desarrollado, no solo defendiendo la vida sino haciéndola digna para todos, pero que no podemos confiar en nuestro bono poblacional porque hoy es inexistente. En su lugar, debemos impulsar el crecimiento mediante un Big Bang de la productividad. Continuando con este tema, primero debemos apostar por una verdadera economía de mercado.
Transformación del aparato productivo
Es necesario enfocarnos en la transformación de las empresas que conforman el aparato productivo nacional, ya sean agrícolas, financieras, manufactureras, de construcción, entretenimiento, etc. Esta transformación debe orientarse a diversificar con nuevos productos y servicios, aumentar el valor agregado de los mismos, modernizarse tecnológicamente y tener vocación exportadora. Para lograrlo, hay que trabajar en transformar las competencias de nuestro talento humano, impulsando la transferencia de tecnología e innovación y aumentando las capacidades productivas mediante equipos y tecnología modernas.
Educación y cambio tecnológico
Dicha transformación se logra mediante educación universitaria pertinente, técnica, tecnológica y el aprender haciendo de calidad. El cambio tecnológico de las empresas y el aumento de capacidad productiva, vía capital físico y modernización industrial, deben ocurrir al mismo tiempo en un proceso continuo. Esto se alcanza si el sector privado, mediando tributación competitiva, contratos de estabilidad jurídica y simplificación normativa radical, encuentra las condiciones para invertir masivamente.
Tres seguridades indispensables
Se requiere complementar con tres seguridades: la física, la económica y la jurídica. Nadie invierte si tiene la duda de que un Estado centralista, prepotente e ideologizado amenaza la inversión mediante cambios legislativos o aumentos impositivos que resulten expropiatorios. Este Big Bang pasa por tener como foco central el desarrollo territorial alrededor de sus apuestas productivas, que además de las tres seguridades mencionadas requiere bienes públicos y presencia básica estatal para que sea el Estado, y no las estructuras criminales, quien controle el territorio.
Formalización como excelente negocio
Un salto en productividad se logra haciendo que la gran franja media de empresas informales encuentre grandes incentivos y una rebaja sustancial de barreras para que formalizarse sea un excelente negocio. Esto solo lo alcanzamos con simplificación radical de trámites. Hoy Colombia tiene más de 2600 horas en trámites, frente a aproximadamente 300 de Brasil y Panamá. Necesitamos unificar y dar gradualidad en parafiscales, que sea el Estado quien haga la dispersión, tributos simples, crédito barato y de largo plazo, y formación para el trabajo, entre otras medidas.
Costo país y nearshoring
Pero no será suficiente a menos que trabajemos en el costo país, especialmente en una expansión masiva de oferta de energéticos que baje costos, sumado a impulsar la minería legal versus la extracción ilícita de minerales, que generen regalías para apalancar las necesidades sociales y de desarrollo. Es necesaria, además, la total integración territorial para que bajen los costos logísticos, adelantada por un sector privado vía APP pero siempre con reglas claras y estables. Lo anterior no es suficiente: requerimos, con dos mares, imitar a otros países creando parques industriales destino del nearshoring. Debemos lograr un Estado pequeño y efectivo que se mida por resultados, y sobre todo con un gran foco en lo social.



