El cacao como motor de transformación en la Amazonía colombiana
Durante ocho años, el cacao ha sido para Kelly Granja mucho más que un cultivo: ha sido su medio de vida, su fuente principal de ingresos y una poderosa herramienta para liderar e inspirar a otras mujeres en Puerto Rico, Caquetá. "Nunca pensé ser productora y enseñarles a otras. Era muy tímida y con el cacao dejé el miedo. El cacao me ha servido para despertar, dejar la timidez", afirma con convicción esta madre cabeza de familia de 37 años.
De la incertidumbre al éxito productivo
Kelly comenzó a sembrar cacao en 2018 sin conocimientos previos, enfrentando el escepticismo de quienes le decían que el cultivo no funcionaría en su territorio. Sin embargo, su perseverancia dio frutos: en 2024 logró una producción de 1.000 kilos de cacao en los 800 árboles de su finca. "He demostrado que el cultivo de cacao es sostenible y que es posible en este territorio, porque muchos me decían que no, que para qué sembraba cacao", recuerda.
Hoy, como secretaria del Comité de Cacaocultores y Reforestadores de Puerto Rico (Cocarep), Kelly ha convertido su finca en la vereda La Esmeralda en un centro de innovación donde 33 mujeres transforman el cacao en diversos productos:
- Chocolate de mesa y milo
- Gomas con el mucílago de cacao
- Galletas con almendra y cascarilla
- Postres tradicionales preparados con leña, pimienta, canela y frutas amazónicas
Un proyecto que trasciende lo productivo
Cocarep forma parte de las nueve asociaciones de cacao de Caquetá, Guaviare y Putumayo que participan en el proyecto 'Cacao Amazónico y Paz', una iniciativa que surgió como respuesta a los compromisos del Acuerdo de Paz de 2016. Este proyecto, liderado por WWF y Alisos, busca promover un modelo de producción de cacao con cero deforestación y mejorar la calidad de vida de los productores.
"El cacao es amor, es paz, es pasión, es esperanza, es vida. Es sacar adelante a la familia. Cuando se siembra cacao, se siembra paz porque logra cambiar la vida de las personas que venían de un proceso ilícito", reflexiona Kelly sobre el impacto transformador de este cultivo.
El empoderamiento femenino como eje central
Lo que más destaca Kelly de este proceso es la incidencia con las mujeres: "Hemos logrado unirnos, nunca pensé ver a tantas mujeres participando y, gracias al cacao, lo hemos logrado". El grupo incluye mujeres de todas las edades, desde los 17 hasta los 70 años, trabajando con metas claras que incluyen la exportación de sus productos.
Martha Nelly Cifuentes, de 52 años y tesorera de Cocarep desde 2022, comparte esta visión: "Para mí, el cacao es mucha paz, mucho amor. Me uní más con mi familia y con mi esposo para trabajar". Su conexión con el cultivo es profunda: "Uno aprende a amar estas plantas de una forma increíble. Veo una plantita de cacao y yo quiero cuidarla".
De la coca al cacao: una transición hacia la legalidad
Martha Nelly habla con franqueza sobre el cambio que ha experimentado su comunidad: "Antes fuimos cultivadores de coca, entonces eso le crea a uno zozobra, inseguridad y hasta problemas. Ahora, con este cambio, uno vive más tranquilo, más relajado". Esta transición hacia la economía legal ha traído estabilidad y esperanza a familias que antes dependían de cultivos ilícitos.
Mauricio Valencia Trujillo, representante legal de Cocarep, destaca el modelo de gobernanza inclusivo: "Hay campesinos, niños, jóvenes y mujeres. Las mujeres son las que sobresalen. Las mujeres están empoderadas del territorio". La organización ofrece cacao de origen amazónico producido con inclusión generacional y procesos de restauración ambiental.
Conservación y desarrollo sostenible
Felipe Barney Arango, Especialista en Empresas Comunitarias de Conservación de WWF Colombia, explica la importancia estratégica de este proyecto: "Es un cacao que apoya la conservación del Amazonas. Ese es el mensaje superior, porque permite que las familias tengan un ingreso digno sin necesidad de abrir más bosque".
Las nueve asociaciones con las que trabaja WWF -siete campesinas y dos indígenas- han encontrado en el cacao una alternativa económica viable que reemplaza actividades destructivas como la minería ilegal o la extracción indiscriminada de madera.
Innovación desde la cocina comunitaria
Desde la cocina de Kelly en La Esmeralda, las 33 mujeres continúan experimentando con nuevas recetas, demostrando que el cacao amazónico puede competir en calidad mientras genera desarrollo territorial. Cada producto que ofrecen -desde una taza de chocolate hasta un dulce tradicional- representa no solo un alimento, sino una semilla de cambio para toda una comunidad.
"Cuando tengo un pedacito de chocolatina siento triunfo, que estoy respirando paz, armonía y victoria. Todas esperamos llegar al mercado global con nuestro producto", concluye Martha Nelly, reflejando la ambición colectiva de estas mujeres que han encontrado en el cacao un camino hacia la paz y la prosperidad sostenible.



