La Ley de Siembra enfrenta desafíos en Bogotá: burocracia y falta de implementación
Ley de Siembra en Bogotá: burocracia y retos de implementación

La Ley de Siembra: un desafío burocrático para Bogotá

Bogotá, ubicada en un entorno natural privilegiado con cerros orientales y parques como el Nacional y Simón Bolívar, enfrenta una paradoja: aunque posee abundante naturaleza en algunas áreas, gran parte de su zona urbana carece de vegetación suficiente. La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda que en las ciudades exista al menos un árbol por cada tres habitantes, pero según estimaciones, la capital colombiana cuenta con 1,4 millones de árboles, necesitando adicionalmente 1,2 millones para cumplir con este estándar.

La normativa y sus requisitos complejos

Para abordar este déficit, el Congreso colombiano aprobó la Ley 2173 de 2021, conocida como "Ley de Siembra", que obliga a los municipios a designar "áreas de vida" y a las empresas a sembrar árboles en estos terrenos. Sin embargo, la reglamentación de esta ley, a través de la Resolución 1491 de 2025 del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, solo se emitió en octubre pasado, cuatro años después de la promulgación de la norma.

La resolución otorga seis meses a los municipios para:

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  • Determinar los terrenos designados como áreas de vida.
  • Programar las jornadas de plantación.
  • Reportar estos avances al Ministerio.

Posteriormente, las empresas deben notificar por escrito el área seleccionada para su "programa de vida", certificar el número de empleados y presentar un plan de siembra detallado. Este plan debe incluir:

  1. Caracterización ecológica y socioeconómica del área.
  2. Enfoque y estrategia con metodología específica.

Las empresas tienen un mes para realizar correcciones si su plan es rechazado, un año para implementarlo y finalmente deben presentar un informe de cumplimiento para recibir el certificado de "Siembra Vida Empresarial".

Críticas a la implementación y burocracia

Analistas señalan que esta ley y su reglamentación ejemplifican un país que tropieza consigo mismo. El lenguaje grandilocuente de la normativa omite considerar costos y practicidad, aumentando la burocracia y agregando trámites y cargas a las empresas. Se asume que las unidades productivas tienen capacidad infinita para absorber estas obligaciones, ignorando que operan al límite de su eficiencia en un entorno de libre competencia.

Transcurridos los seis meses estipulados, ni siquiera Bogotá ha dado pasos significativos en la implementación. Resulta difícil imaginar a las seis mil empresas medianas y grandes de la ciudad gestionando sus "jornadas de plantación" bajo este complejo marco regulatorio.

Retos prácticos de la reforestación urbana

Expertos argumentan que sembrar árboles es una actividad relativamente elemental que no requiere grandes planes burocráticos. En cambio, se necesita maximizar la efectividad de las acciones existentes y luego multiplicarlas. Un aspecto crucial es el cuidado de los árboles recién sembrados durante sus primeros años, enfrentando peligros como los cortadores de césped de los concesionarios de recolección de basuras, cuyas guadañas frecuentemente dañan la base de los troncos con efectos mortales.

Además, las siembras actuales se limitan principalmente a zonas ya verdes, mientras que la verdadera necesidad está en las infinitas extensiones de andenes de solo cemento, particularmente en el suroccidente de la ciudad. Los retos de la arborización están en lo local y específico, requiriendo soluciones prácticas más que marcos regulatorios complejos.

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