Hace más de 3.000 años, los egipcios descubrieron que el nivel del Nilo, fuente de la prosperidad del reino, marcaba el destino de los 5 millones de habitantes. Si el caudal era generoso, el limo del río haría que las cosechas fueran abundantes y que el ganado engordara y se multiplicara. Por el contrario, un caudal menguado anunciaba cosechas pobres y ganaderías reducidas. Los altos jerarcas del reino, pragmáticos y nada burocratizados, entendieron que los impuestos deben guardar una relación estrecha con la capacidad real de producir. Asfixiar con tributos al campesino o al ganadero en un mal año no solo era injusto, sino estúpido, ya que abrumarlos con la misma suma (o aumentada) en un mal año conllevaba el riesgo de quedarse sin ellos al año siguiente.
Los nilómetros: herramienta de equidad fiscal en el antiguo Egipto
Para determinar que el limo fértil del Nilo llegaba a los productores, los burócratas egipcios colocaban a lo largo del río los llamados “nilómetros”, escalas o pozos con marcas para medir el volumen del agua. Los registros de estos nilómetros permitían a los funcionarios predecir con bastante precisión la abundancia o la parquedad de la cosecha. El nilómetro no marcaba un impuesto inmediato ni una predicción puntual del tamaño de la cosecha, sino que era la herramienta para estimar la producción agropecuaria y, en consecuencia, el nivel del tributo por región en ese año, pago que normalmente se hacía en especie.
Retroceso en la era moderna
En este siglo del Big Data, los modelos climatológicos satelitales y la medición altamente sofisticada, después de tres milenios de historia, los impuestos al agro, lejos de haber evolucionado en equidad y eficiencia, han retrocedido. Indistintamente de que haya sequía, inundaciones, granizo, plagas o precios hundidos, el agro se ve forzado a pagar un predial generalmente abusivo y casi siempre divorciado de la productividad. Como señalaba un analista: “Hay algo profundamente irónico en que una civilización que medía el agua con piedras talladas haya entendido mejor la relación entre impuestos y realidad económica que algunos sistemas fiscales del siglo XXI armados con satélites, drones y hojas de cálculo infinitas”.
El país no puede seguir con la más que evidente desconexión entre el Estado y la economía real, en la que la tierra no se grava por lo que produce, sino por lo que un burócrata citadino estima que vale.
Propuesta de reforma: deducir el predial del impuesto a la renta
El economista experto en temas agrarios, José Leibovitch, ha planteado que el impuesto predial se pueda deducir del impuesto sobre la renta. Para Leibovitch, no se trata de eliminar este tributo (en muchos casos esencial para la supervivencia de los municipios), sino de evitar que funcione como una carga aislada, ciega a la realidad económica del contribuyente. La aterrizada sugerencia de Leibovitch es volver a conectar el activo tierra con la capacidad real de generar ingresos puntuales.
Apunte final sobre la coyuntura
Buscando favorecer la continuidad del Gobierno, y quedando escasas ocho semanas para apoderarse de los recursos de la salud, era obvio que se necesitarían operadores sin escrúpulos. Y si bien hubieran preferido sujetos con visos de integridad, dada la premura se han hecho los locos con los 127 procesos contra Ospina y Quintero.
Por Mauricio Botero Caicedo



