369 artesanas colombianas transforman hoja de coca en tinte natural mediante economía circular
Artesanas convierten hoja de coca en tinte natural con economía circular

Proyecto Tinta Dulce revoluciona economía artesanal con hoja de coca como tinte natural

En las montañas de Guacamayas, Boyacá, un centro de mesa tejido manualmente que antes se vendía por 75.000 pesos colombianos, hoy alcanza un valor de 149.000 pesos cuando está teñido con harina de hoja de coca. Esta diferencia económica no representa solamente un aumento de precio, sino una transformación profunda en la distribución de ganancias y el reconocimiento del trabajo artesanal femenino.

Un modelo de economía circular con impacto social

Detrás de esta revolución económica se encuentra Tinta Dulce, un proyecto de economía circular que actualmente opera en tres departamentos colombianos y beneficia a 473 personas, de las cuales el 78% son mujeres. Estas artesanas incluyen hilanderas, tintoreras, tejedoras, cultivadoras de fique y cuidadoras de ovejas que han descubierto en la hoja de coca -no en su uso ilícito, sino en sus propiedades como pigmento natural- una herramienta poderosa para transformar sus realidades económicas.

Los orígenes de esta iniciativa se remontan a 2021 en El Tambo, Cauca, con la asociación Agroarte, conformada por 15 personas, 14 de ellas mujeres. Los resultados iniciales establecieron el modelo: antes de implementar la línea de tintura natural, las ventas durante el primer trimestre de 2021 sumaron 450.000 pesos. Al cerrar la segunda fase del proyecto en marzo de 2023, esas ventas habían escalado a 42.192.580 pesos, representando un crecimiento extraordinario del 410%.

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Transformación interna y reconocimiento del valor real

Más revelador que el volumen de ventas fue la transformación interna que generó el proyecto. La implementación de la tintura natural obligó a realizar un costeo riguroso que incluyó rubros que tradicionalmente se ignoraban en la artesanía: mano de obra, insumos de tintorería, empaques, agua, luz y transporte. Como resultado, el pago a las artesanas mejoró en un impresionante 248%: las bufandas pasaron de reconocer 14.000 a 25.000 pesos en mano de obra, mientras que los chales aumentaron de 20.000 a 40.000 pesos.

Tres asociaciones, un modelo probado

Actualmente, Tinta Dulce trabaja activamente con tres asociaciones artesanales:

  • Asoartes en Guacamayas, Boyacá, con 90% de participación femenina y 23 años de trayectoria, que registró un crecimiento del 407% en valor entre 2024 y 2025.
  • Tejilarte en Sutatausa, Cundinamarca, con ocho años de historia y 40 personas (80% mujeres) que controlan toda la cadena productiva.
  • Ecofibras en Curití, Santander, fundada en 1995 con 370 personas (72% mujeres) que opera a escala semi-industrial.

Rocío Manríquez, coordinadora de Asoartes, explica que las ganancias aumentan aproximadamente un 100%, y "ese margen se reparte entre un mejor pago a los artesanos y las utilidades colectivas de fin de año".

Cadena de valor completamente local y sostenible

La harina de coca -hoja tostada y molida- proviene de Lerma, Cauca, donde la Escuela Agroambiental Arraigo coordina la cosecha entre 15 familias con licencia. En los últimos dos años, el proyecto ha comercializado 50 kilos de este insumo por un valor de 3.600.000 pesos.

En las asociaciones, son las propias artesanas quienes realizan el proceso completo de tintura: cocinan la harina, filtran el baño de tinte y sumergen la fibra natural a fuego lento. El sistema es circular: la harina puede congelarse y reutilizarse, mientras que el baño de tintura puede recuperarse dos o tres veces. Mezclada con otras plantas, genera una paleta cromática variada que amplía el catálogo de productos.

Beneficios más allá de lo económico

Rocío Manrique, almacenista de Asoartes, destaca un cambio fundamental: "Ya no trabajo con químicos que me dañan las manos y los pulmones". La eliminación de ácidos y mordientes sintéticos del proceso productivo transforma no solo la economía, sino también la salud de quienes participan en la tintura.

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Nuevos mercados y desafíos regulatorios

El proyecto ha abierto acceso a compradores internacionales, almacenes en Bogotá y Cali, e incrementado significativamente las ventas a través de redes sociales. Los productos con pigmentos naturales compiten en segmentos de consumo consciente, comercio justo y moda sostenible donde los precios pueden ser hasta tres o cuatro veces superiores a los textiles teñidos industrialmente.

Sin embargo, el mayor obstáculo para escalar el modelo no es técnico ni comercial, sino jurídico. La clasificación de la hoja de caca en la Lista I de sustancias sujetas a fiscalización internacional de Naciones Unidas, junto con la ausencia de regulación nacional para sus usos alternativos, limitan la formalización y crecimiento de esta cadena de valor que ya demostró ser viable, rentable y sostenible.

El camino hacia adelante

Los números ya demostraron que el modelo funciona económicamente. El siguiente paso depende crucialmente de dos fuerzas externas: los consumidores y el Estado. Cada comprador que elige una pieza con tinte natural sobre una teñida industrialmente amplía el mercado y justifica precios más justos. Cada avance en la regulación del uso alternativo de la hoja de coca -a nivel nacional e internacional- abre la puerta para que este modelo se replique, escale y beneficie a más territorios y mujeres.

La hoja de caca lleva siglos en el territorio colombiano. Lo que está cambiando radicalmente es quién decide qué hacer con ella y cómo se distribuyen los beneficios económicos de su transformación.