Nuevo episodio de violencia en el fútbol colombiano deja vehículo de jugador dañado
Este viernes 10 de abril de 2026, un grupo de hinchas de Atlético Bucaramanga protagonizó un violento incidente al atacar el automóvil del delantero Faber Gil tras el entrenamiento del equipo en el estadio Alfonso J. Montanini. Los hechos ocurrieron alrededor de las 14:23 horas, cuando los seguidores, aparentemente descontentos con la salida del técnico Leonel Álvarez, esperaron a los jugadores a la salida del recinto deportivo.
Periodistas confirman los hechos y detalles del ataque
Varios periodistas deportivos confirmaron lo sucedido a través de diferentes medios. Luis Gabriel 'Coco' Gómez informó en el Vbar de Caracol Radio que los hinchas siguieron a Faber Gil y "le levantaron el carro a piedras", causando daños considerables en el vehículo. Por su parte, el periodista Armando Araque señaló en redes sociales: "Me informan: A esta hora difícil situación al término del entrenamiento en @EstAJMontanini @ABucaramanga, aficionados vandalizan vehículos de jugadores del leopardo".
Mariano Olsen también reportó el incidente, añadiendo que el grupo de seguidores confrontó a los jugadores, responsabilizándolos de la salida de Leonel Álvarez del club. Olsen destacó que "el carro de FABER GIL fue dañado con piedras" y que el delantero ya realizó la denuncia policial correspondiente, calificando los hechos como una verdadera vergüenza para el fútbol colombiano.
Contexto de violencia en el fútbol nacional
Este lamentable suceso se suma a una serie de incidentes violentos que han tenido como protagonistas a barristas del fútbol colombiano en los últimos años. La agresión directa a jugadores y sus propiedades representa una escalada preocupante en el comportamiento de algunos sectores de la hinchada, que en esta ocasión optaron por atacar vehículos particulares en lugar de limitarse a protestas verbales o simbólicas.
Las autoridades deportivas y policiales deberán investigar a fondo este caso para identificar y sancionar a los responsables, mientras el club Atlético Bucaramanga enfrenta el desafío de controlar a sus seguidores más radicales y proteger adecuadamente a sus jugadores tanto dentro como fuera del campo de juego.



