El legado de Manuel Sánchez y el origen de los astros del microfútbol santandereano
Manuel Sánchez y el origen de los astros del microfútbol santandereano

El descubridor de talentos que forjó una dinastía del microfútbol en Santander

Gracias a los lazos de amistad entre familias, conocí a Manuel Sánchez, hijo de Héctor Sánchez Camacho y Ligia Aguirre. Desde joven, Manuel se dedicó a practicar varios deportes, pero encontró su verdadera pasión en los senderos del microfútbol, un deporte que por entonces ganaba popularidad en Colombia.

Recorriendo canchas en busca de diamantes en bruto

‘Cuco’, como le decían, al igual que su madre, recorría los barrios del área metropolitana de Bucaramanga. Observaba con atención a jóvenes jugando en canchas de cemento, escenarios perfectos donde los malabaristas de la barriada dominaban un balón pequeño cuyo peso oscilaba entre 430 y 450 gramos. En 1989, durante una visita al barrio San Cristóbal, al norte de la ciudad, su mirada se fijó en un muchacho delgado y zurdo, con una habilidad excepcional para maniobrar el balón.

“Soy Giovanni Hernández señor, ¿para qué me necesita?”, respondió el joven al ser abordado. Manuel sabía perfectamente para qué lo necesitaba: estaba conformando una selección para representar a Santander en torneos departamentales y nacionales. Bucaramanga era un terreno fértil donde brotaban jugadores de microfútbol silvestremente, gracias en parte a torneos como el Interbarrios y Mil Ciudades, organizados por Vanguardia Liberal desde los años 70.

La formación de un estratega y el nacimiento de una amistad legendaria

Manuel Sánchez se sumergió en el aprendizaje de las tácticas de este deporte, que en ese momento comenzaba a formalizar su reglamento y a estructurar ligas en todo el país. Su conexión con la dirigencia deportiva nacional, liderada por Jaime Arroyave, consolidó su rol como estratega. En otro de sus recorridos, esta vez por el barrio Zapamanga, descubrió a otro talento: Víctor Santos, un alero con destrezas impresionantes.

Giovanni y Víctor se conocieron en 1989, convocados a la selección de Santander. Desde ese instante, se volvieron inseparables, unidos por una complicidad en la cancha que les permitía anticipar movimientos con solo un silbido. Juntos, bajo la tutela de Manuel, formaron parte del quinteto santandereano que compitió en los nacionales juveniles de Buga en 1989, logrando un meritorio tercer puesto.

De Santander al mundo: triunfos y reconocimientos

‘Pepitoria’ Santos y ‘el Mago’ Hernández se convirtieron en los aleros estelares del equipo regional, conquistando títulos nacionales y alcanzando la cima en campeonatos panamericanos y mundiales. Víctor recordó con emoción aquella formación inicial: “Edgar N’kono Gualdrón, Engelbert Vergel, José Nova, Giovanni Hernández y Melvin Flórez. Yo era suplente por mi edad, pero con ese equipo arrancó todo con el maestro Manuel Sánchez, el Pacho Maturana del microfútbol. A ese señor le debemos todo lo que somos”.

La magia de este equipo llegó a oídos de Martín Alonso Henao, quien invitó a presenciar sus partidos en el coliseo Edmundo Luna. Allí, deslumbraron con túneles, fintas, enganches y goles que sometían a sus rivales. Jugaban con una sincronía perfecta, dirigidos por Sir Manuel, como un director de orquesta. A pesar de tener tenis rotos y pegados con esparadrapo, su corazón estaba cosido en la camiseta de su departamento y su país.

Un legado que perdura en la memoria colectiva

El pasado 17 de febrero, durante las honras fúnebres de Giovanni Hernández, las lágrimas de sus compañeros recordaron el impacto de este grupo. Su nombre, y el de todo el equipo, merecería perpetuarse en un escenario como el Edmundo Luna, donde hicieron magia con el balón. Manuel Sánchez no solo descubrió talentos; forjó héroes que hicieron sentir orgullosa a toda una tierra. Su legado es una prueba eterna de cómo la pasión y la dedicación pueden transformar el deporte en una epopeya inolvidable.