Willie Colón: El adiós a una leyenda musical entre luces y sombras
Hasta el último momento de su vida, William Anthony Colón Román mantuvo el apodo de 'El Malo', aunque en sus años finales, este mote se asoció más a sus polémicas posturas extramusicales que a su arte. En la última década, su imagen pública se vio empañada por una inconsecuencia política notable y una falta de empatía hacia la misma comunidad latina que lo catapultó a la fama. Esto quedó evidenciado en sus activas redes sociales, donde compartía memes simplistas contra manifestaciones de izquierda y otros contenidos virulentos, sin mayor verificación. Mientras que en la música dejó una huella imborrable, como ideólogo político, Willie Colón distó mucho de ser una figura iluminada.
Un legado musical que trasciende el tiempo
Hoy, al cerrar esa página de controversias personales, surge una nostalgia profunda por el artista irrepetible. Extrañaremos su habilidad para descubrir y difundir éxitos eternos, su visión autorizada en la producción musical y los arreglos orquestales, su papel crucial en consolidar las carreras de dos íconos vocales de la música afrolatina, y su presencia escénica, que oscilaba entre la calma y la parsimonia, hasta que alzaba su trombón. En ese instante, su fraseo ronco y desprolijo en el instrumento, sumado a su canto y voz entrañable, revelaban al hombre que nos acompañó por más de 55 años en rumbas, celebraciones y desamores.
Su historia comenzó cuando su abuela, doña Toña, le regaló una trompeta para alejarlo de los peligros del Bronx neoyorquino. El joven William Anthony se tomó la música en serio y cambió ese instrumento por un trombón, explorando sus posibilidades junto a colegas como Mon Rivera y Barry Rodgers, quien luego sería su aliado en la Fania All-Stars. Con determinación, formó la orquesta juvenil Dinámica, que grabó un sencillo bajo el sello Futura. Allí mismo surgieron los bocetos de su primer álbum, 'El malo' (1967), lanzado por la incipiente Fania Records.
Colaboraciones que marcaron la salsa
Tras la quiebra de Futura, las cintas maestras de ese disco llegaron a Jerry Masucci y Johnny Pacheco, fundadores de Fania, quienes firmaron con Colón bajo la condición de cambiar de vocalista. Así entró en escena Héctor Juan Pérez, de Ponce, Puerto Rico, rebautizado como Héctor Lavoe, quien aportó un amateurismo carismático, bendecido por el don del soneo y unas facultades vocales que encajaron perfectamente en la propuesta orquestal de Colón, teñida de realismo callejero. Juntos, produjeron catorce trabajos discográficos, seguidos de otros cinco con Rubén Blades a partir de 1976, sublimando la vida en barrios marginales con temas crudos y emotivos.
Las habilidades de Colón como arreglista, compositor y productor alcanzaron un punto culminante con 'El baquiné de angelitos negros' (Fania, 1977), una pieza conceptual para danza con coreografía de Juan Anduze y una orquesta de 27 músicos, incluyendo al pianista nariñense Edy Martínez. De ahí surgió el sencillo 'Camino al barrio'. Estos enfoques innovadores, con arreglos de cuerdas, improvisaciones jazzísticas y coros femeninos, se convirtieron en una firma única, esencial para el desarrollo de la salsa desde fines de los años sesenta.
Éxitos que perduran en la memoria colectiva
Como dúo, Colón y Lavoe legaron clásicos como 'El día de suerte', 'Che che colé' y 'Todo tiene su final'. Con Rubén Blades, destacan 'Pedro Navaja' y 'Plástico', incluidos en 'Siembra' (Fania, 1978), considerado el álbum más importante de la salsa por ventas y crítica. En su paso por la orquesta de Colón, Celia Cruz impuso temas como 'Usted abusó', mientras que 'No me digan que es muy tarde' testimonia la breve colaboración con Ismael Miranda. Además, Colón produjo innumerables discos ajenos, ampliando su influencia.
En su voz, primaba lo entrañable sobre lo virtuoso, con un reconocimiento instantáneo. Tras superar el miedo a cantar, logró su primer éxito vocal en 'Toma' (1975), seguido de 'Sin poderte hablar' en 1978. Luego, interpretó piezas ajenas que muchos aún creen suyas, como 'Gitana' y 'El gran varón'. En 1981, incluyó 'Toma mis manos' en su álbum 'Fantasmas', una inquietante canción que ahora resuena con su partida.
Willie Colón nos deja un legado musical inmortal, aunque su recuerdo estará matizado por sus polémicas personales. Su música, sin embargo, seguirá sonando en cada rumba y celebración, recordándonos al genio que transformó la salsa para siempre.