El flamenco es una expresión, un estado de ánimo: El Cigala
El flamenco es expresión, un estado de ánimo: El Cigala

Algunos discos envejecen. Otros desaparecen. Y hay unos pocos que perduran en el tiempo, como si pertenecieran a un lugar más profundo que la industria musical. Lágrimas negras, el álbum que en 2003 unió la voz de Diego El Cigala con el piano de Bebo Valdés, pertenece a esa categoría.

Más que un éxito, fue un punto de encuentro entre el flamenco y el bolero, entre España y Cuba, entre la tradición y la sensibilidad. El álbum, que se llevó el Latin Grammy a mejor álbum de música tropical contemporánea en 2004, no solo redefinió e internacionalizó la carrera de El Cigala, sino que abrió un nuevo camino para la música latina contemporánea.

El regreso a Colombia

Hoy, a más de 20 años de su lanzamiento, ese repertorio vuelve a los escenarios colombianos con una carga distinta: no solo como celebración, sino como memoria viva. El Cigala ya pasó por Barranquilla y se presenta este sábado en Cali. Y tiene fechas en Bucaramanga, Bogotá y Medellín los próximos 13, 15, 20 y 21 de mayo (en la capital antioqueña tendrá dos presentaciones) para reencontrarse con un público que ha hecho de estas canciones parte de su propia historia.

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Entrevista con El Cigala

En conversación con EL TIEMPO, el artista español habla sobre el paso del tiempo, la evolución de su voz, el peso del legado de Lágrimas negras y lo que significa volver a cantar un disco que, lejos de quedarse en el pasado, sigue encontrando nuevas formas de seguir muy vigente.

Vuelve a Colombia para conmemorar uno de sus discos más importantes. ¿Qué ha cambiado en usted en estos más de 20 años desde Lágrimas negras?

Pues la madurez, bastante madurez. Una madurez en lo que es la música. Estamos muchísimo más asentados, con más reposo y con otra creatividad… más abiertos. No solo al flamenco, aunque siempre ha estado ahí, sino al mundo de las músicas en general. El tiempo te va dando todo eso. Es una fase de mi vida muy bonita.

Estando en una etapa tan distinta, ¿cómo siente hoy las canciones de Lágrimas negras cuando las canta?

Lo bonito de ese repertorio es que, cada vez que lo hacemos, nunca sale igual. Eso me hace muy feliz. Siempre aparecen cosas nuevas: improvisaciones, momentos de inspiración, un solo de piano, de bajo, de percusión… siempre hay sorpresas. Es difícil mantener ese repertorio y que suene siempre igual, porque no lo es. Y eso es lo que más orgullo me da, que cada vez que cogemos una canción la hacemos nuestra, para disfrutarla nosotros y proyectar esa emoción hacia el público.

¿Cómo es tocar este repertorio sin el maestro Bebo Valdés?

Hombre, se le echa de menos siempre. Bebo siempre está en nuestro corazón, en nuestra alma, en los recuerdos. Pero tenemos un pedazo de pianista como Jaime Calabuch, ‘Jumitus’, que no podría ser otro. Él amaba al maestro, ha bebido de su fuente y tiene esa calidad para moverse entre el flamenco, el bolero, la salsa… En eso está como pez en el agua. Para mí, es como otra alma.

Al principio, Lágrimas negras fue cuestionado. ¿El mundo entendió lo que estaban haciendo?

Cuando empezamos, había gente que decía que eso no iba a funcionar, que era una españolada más. Pero nosotros lo hacíamos con un orgullo y un amor a la música enormes. Era un encuentro entre dos mundos que nunca se había dado así: Cuba y el flamenco, el pueblo gitano. El disco se grabó en tres días. Yo nunca había cantado bolero, ni con piano. Fue el maestro Bebo el que me llevó ahí. Y a partir de ese momento, todo fue como un sueño. Luego vino el boca a boca, y cuando nos dimos cuenta, el disco estaba en todos lados. Pero lo más bonito fue vivir ese proceso con él. En Bebo encontré a mi héroe.

¿Eran conscientes de que estaban creando algo que marcaría una época?

Qué va, para nada. Lo hacíamos con cariño, pensando en que saliera un disco bonito, que la gente lo escuchara. El boom que vino después fue un regalo. Conciertos, premios, radio… Fue como un sueño que se nos puso delante. Creo que es lo mejor que me ha pasado en la música.

Si tuviera que explicarle a alguien joven por qué sigue siendo relevante Lágrimas negras, ¿qué le diría?

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Porque es muy genuino. Tiene verdad, alma, corazón. Es música sin trampa ni cartón. No es porque lo hayamos hecho nosotros, pero hay mucha verdad en el disco. Eso es lo que hace que siga vivo, más allá de quién lo haya hecho.

El flamenco tiene una raíz muy profunda en el dolor. ¿Cómo ha cambiado su relación con eso?

Me he vuelto más sensible. Con el tiempo, todo aflora más. Disfruto más la música, pero también necesito que me pasen cosas. Para poder transmitir, necesitas vivencias. El flamenco es eso: es una expresión, es un estado de ánimo, es profundidad. Y cuando llega la inspiración, que a veces no llega, aunque la busques, es la mayor recompensa.

Se ha movido entre muchos géneros. Si tuviera que definirse, ¿cómo lo haría?

Me considero un buen contribuidor de la música, una persona que intenta dar buenas cosas al mundo de la música para que pueda vibrar y emocionar. Tener un público que te siga, pero también que alguien que nunca te haya escuchado pueda oírte por primera vez y decir: “uffffff, ¿qué ha pasado aquí?”. Esa es la labor.

¿Cómo ve hoy la industria de la música?

La veo muy agitada, un poco acelerada. Todo va más rápido. Respeto todas las músicas, pero siento que a veces se pierde un poco la autenticidad. A mí me gusta ver a los artistas en directo, que pasen cosas ahí, que surjan momentos. Pero también hay que respetar las modernidades. Lo bonito es saber convivir con todo eso y mantenerse fiel a lo que uno ama. En mi caso, soy flamenco por la gracia de Dios, y aunque me mueva en otros géneros, nunca voy a dejar de serlo.

Antes, grabar un disco era muy complicado y costoso. Hoy, cualquiera puede grabar desde su casa. ¿Cómo siente usted eso?

Está bien, la tecnología hoy lo permite, cualquiera puede tener un micrófono y eso es bueno. Pero no se basa solo en eso. Hace falta creatividad y saber crear un ambiente. El estudio lo crea uno. Y la música también. A mí me gusta grabar con gente, que haya opiniones, que te puedan corregir, que haya complicidad. Eso es fundamental. Si no sucede, prefiero estar acompañado, aunque sea en casa.

Después de todo lo que ha vivido, todos los premios, todo lo que ha cantado, ¿qué busca hoy cuando hace un disco?

Primero, estar contento. Que alguien cercano lo escuche y diga “qué bonito”. Luego, si llega más lejos, mejor, pero lo principal es eso: que emocione.

Está trabajando en un nuevo disco. ¿Qué nos puede adelantar?

Es un disco de flamenco puro, con guitarras maravillosas. Volvemos a la raíz, a lo que somos, a lo que amamos, pero también con un toque moderno, entendible. Estoy muy orgulloso y feliz. Si Dios quiere, verá muy pronto la luz. Creo que la gente lo va a disfrutar mucho.

Bolero, canción mexicana, tango... ¿Hay algún género con el que no fusionaría el flamenco?

Con la música de hoy en día me costaría mucho. La respeto, pero no va conmigo. No se me haría natural. Se me haría muy difícil con estas músicas electrónicas o modernas. Yo soy más de lo acústico.

¿Cómo serán los conciertos en Colombia?

Vamos en formato trío: piano, contrabajo y percusión. Haremos un recorrido por Lágrimas negras, por el flamenco, el tango, los boleros… un poco de todo. Un ‘rebujito’ de lo que es El Cigala. La gente se lo va a pasar bien porque en directo se mueven muchas emociones. Y la música en directo siempre es distinta, siempre cambia, siempre toca el corazón.