Los Beatles y los Rolling Stones están siendo revividos por las redes sociales. En ocasiones publican sus canciones más emblemáticas. Otras veces se contentan con ofrecer fragmentos de las mismas. También los muestran tal como están hoy, muy arrugados en sus caras, pero ágiles en sus pasos como cuando cantaban en vivo. Por supuesto, dan cuenta de los integrantes ya fallecidos. Es como una resurrección virtual luego de muchos años de aquellas épocas de los años sesenta del siglo pasado, cuando comenzaron a estremecer al mundo.
Claro que estos portentosos músicos no han dejado de sonar en los aparatos domésticos de sonido del planeta, pero las redes les han dado nueva vida, pues hoy es imposible sustraerse a la omnipresencia e influencia de internet. Estos dos grupos no solo les dieron otro rumbo a las tonalidades y canciones que bailaban y cantaban los muchachos, sino que abrieron una nueva sensibilidad. Inventaron una música que no salió de estudios académicos, sino de su propia creatividad de jóvenes ingleses. Han confesado que no sabían leer partituras, ni lo necesitaron. Fueron en cambio creadores en todo el sentido de la palabra. Sentían las melodías y las letras para luego trasladarlas a sus guitarras y voces. Estaban conectados al espíritu de su tiempo y esta compenetración los llevó a las nuevas ondas. Así turbaron al planeta entero.
Luego de ser diezmados por la edad, y algunos como Lennon por balas de asesinos, hoy se les ve serenos con sus familias. Sus atuendos y colores siguen siendo sicodélicos, sus sonrisas maliciosas, incluso desafiantes. Algunos cantan como solistas. Incluso Jagger todavía brinca y payasea como cuando era un Stone. En realidad, la traducción al castellano del nombre de su grupo es “canto rodado”. Y esta expresión alude a un peñasco que se desprende de una altura y comienza a rodar. Buena metáfora para aplicarla a estos muchachos que conmovieron al globo.
Tanto es así, que todavía en este primer cuarto de siglo y de milenio sus creaciones continúan halagando a la juventud. Beatles y Stones seguirán apareciendo periódicamente en las listas de éxitos, por muchos años y tal vez siglos. Lograron hacer suya la sensibilidad de una época convulsionada y trasladarla al lenguaje del arte universal. De este modo, se convirtieron en estandarte. Hoy sostienen la voz de una humanidad que les agradece.
Sus melodías pasan de una generación a las siguientes, sin que merme su capacidad de conmover y divertir. Cada vez que entonan “Help, I need somebody”, su grito apunta a amplificar el susto y la necesidad de auxilio que viven los hombres y mujeres de todos los tiempos. De modo secreto, también los alegra por encontrar un tono que les ofrece refugio. Quienes a cualquier edad gozaron y gozan de la posibilidad de vibrar con estos genios, hoy continúan agradeciéndole a la vida la oportunidad de ser contemporáneos de estos muchachos que hoy siguen resucitando en las redes, así sea de manera virtual.



