Dos barrios, dos miedos: la historia detrás de los reyes infantiles del Carnaval de Barranquilla 2026
Reyes infantiles del Carnaval de Barranquilla: miedos y sueños

Dos barrios, dos miedos: la historia detrás de los reyes infantiles del Carnaval de Barranquilla 2026

Desde los barrios Las Palmas y El Tabor, Joshua Ortiz y Sharon Acosta Tobón llegan para imponer su monarquía en el Carnaval de Barranquilla 2026. Aunque son grandes reyes, les siguen asustando pequeñas cosas que revelan su humanidad y juventud.

Los temores que acompañan la corona

A Joshua Ortiz, de 11 años, la corona no le pesa en la cabeza, sino en las piernas y en el piso. Su mayor miedo es resbalarse, recordando a otros niños que cayeron porque el escenario estaba húmedo y las suelas de los zapatos no les ayudaron. Cuando habla del Carnaval, no menciona grandeza ni títulos, sino simplemente no caerse.

Sharon Acosta Tobón, de 12 años, teme algo diferente: la multitud. Le asusta la gente que aprieta, jala y se acerca demasiado para fotos o saludos, sin darse cuenta de que, aunque reyes, son de carne y hueso. Ya vivió esta experiencia en el Malecón durante un evento masivo, donde los niños fueron jalados en la ropa y brazos, aprendiendo que ser reina también implica exponerse.

Una dupla revoltosa unida por el Carnaval

Joshua y Sharon no se conocían antes de que la ciudad los uniera en esta dupla real. Solo se habían visto ocasionalmente en eventos como La Revoltosa. Su vínculo no proviene de una infancia compartida, sino del Carnaval mismo, que los cruzó y los puso a caminar juntos. Ahora ensayan, se empujan jugando, se ríen, corren y se esperan mutuamente para vivir el mismo desorden festivo.

Joshua viene del barrio Las Palmas y del Garabático de la 8. Baila desde que tenía apenas un año y dos meses, impulsado por una familia que le enseñó el Carnaval antes de que pudiera hablar. Su padre, abuela y abuelo fomentaron ese primer paso. Ya participó en una coronación anterior como bailarín, observando y aprendiendo, y ahora lo vive en primera persona.

Sharon, desde El Tabor, llegó al Carnaval incluso antes de nacer, ya que su madre trabajaba en medio de la fiesta. Baila formalmente desde los tres años y se formó en la Escuela de Danza Julie de Donado, con la disciplina de quien entiende que la alegría también se practica. Pertenece a la dinastía Acosta, una familia marcada por la música y la cultura, aunque nunca antes había tenido una reina del Carnaval de Barranquilla, un sueño de su fallecida abuela Ruth.

Diferencias que se disuelven en el baile

Ambos crecieron rodeados de Carnaval, pero desde perspectivas distintas: Joshua desde la calle, la comparsa y la tradición anual; Sharon desde la academia, la técnica y el vestuario aprendido con paciencia. Sin embargo, cuando bailan, esa diferencia se disuelve. Bailan porque les gusta, pierden la noción del tiempo y se sienten libres.

Sharon confiesa que, al principio, muchos la ven como creída, pero es una impresión superficial. Al conocerla, descubren a una niña habladora, humilde y consciente del peso que carga. Joshua, por su parte, es descrito como tranquilo, relajado y bacano, con risa fácil. En los ensayos, él se tira al piso, ella lo empuja y después se ayudan a levantar, sosteniendo esta dupla infantil a través del juego.

El orgullo colectivo y los sueños cumplidos

En el ámbito escolar, Sharon fue reina varias veces en el jardín y en su actual institución, aunque en primaria no la dejaron postularse, alegando que ya había sido reina muchas veces. Hoy, esa misma niña es la Reina Infantil del Carnaval, y su colegio celebra porque hacía años no tenían una representante así.

En el Garabático de la 8, la felicidad es palpable porque Joshua es rey. Para ellos, no es solo un título individual, sino la continuidad de un proceso y la confirmación de que el bailarín que aprendió mirando hoy lidera la tradición.

Cuando se les preguntó qué los emocionaba más, ambos coincidieron: la coronación, aunque también les asustaba por ser el momento cumbre. Sharon añade la Batalla de Flores, imaginándose en carroza vestida de coronación con su padre acompañándola. Joshua, con preocupación práctica, pide a Dios que el piso no esté resbaloso.

Una amistad que fortalece el reinado

Al hablar del otro, sin que escuchen, no hay competencia. Sharon dice que Joshua es divertido y se siente orgullosa de ser su reina, sin cambiarle nada. Joshua responde que Sharon es bacana, se divierten en los ensayos y ella lo empuja a ser su compañero.

Esto quizás explica mejor este reinado infantil: no la corona, el vestuario o la foto oficial, sino la naturalidad con la que siguen siendo niños en medio de tantos protocolos. Joshua todavía teme caer, Sharon todavía teme a la multitud, pero ambos todavía juegan, dejando que el peso de la corona aplaste todos esos miedos.

El Carnaval los puso al frente, pero no les quitó la infancia. Tal vez por eso conectan tanto, recordándole a la ciudad, desde sus once y doce años recién cumplidos, que la fiesta fue dejada en buenas manos.