Paula Arenas: maternidad, depresión posparto y su nuevo álbum
Paula Arenas: maternidad y su nuevo álbum

La maternidad llegó dos veces a la vida de Paula Arenas y ninguna de ellas la dejó igual. La primera, con el nacimiento de León hace casi seis años, estuvo atravesada por el miedo, la pandemia y una depresión posparto que —según reconoce hoy— la obligó a enfrentarse a heridas que nunca había trabajado. La segunda, con la llegada inesperada de Dante en 2025, apareció en medio de un duelo familiar, un embarazo de alto riesgo y la construcción de “Nada es permanente”, su nuevo álbum de estudio.

Un disco cargado de nostalgia

El disco, estrenado el pasado 7 de mayo, reúne ocho canciones atravesadas por la nostalgia, la memoria y los cambios emocionales que marcaron los últimos años de la cantante. Entre ellas aparece “Dos corazones rotos”, la única colaboración del proyecto y una canción compartida con Juan Pablo Vega, amigo cercano y uno de los productores que acompañó parte del proceso creativo del disco.

Pero más allá del lanzamiento musical, “Nada es permanente” terminó convirtiéndose en la puerta de entrada a una conversación mucho más íntima. En entrevista con Vea, Paula Arenas habló de culpa, salud mental, maternidad y del esfuerzo constante por reconstruirse mientras sostiene una carrera artística independiente.

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“Un hijo te pone el mundo al revés”: Paula Arenas

Aunque “Nada es permanente” nació inicialmente como un homenaje a la música con la que creció —aquellas canciones de plancha y balada española que escuchaba junto a sus padres—, el álbum terminó absorbiendo inevitablemente el momento personal que atravesaba Paula Arenas.

En enero de 2025, mientras empezaba a imaginar el disco y preparaba una nueva etapa de su carrera, recibió dos noticias el mismo día: la muerte de su abuelo —una de las personas más importantes de su vida— y la confirmación de un embarazo inesperado. “Nosotros pensábamos que toda la vida íbamos a ser tres: León, Beto y yo. Pero de la nada apareció Dante y vino a inspirarlo todo”, cuenta.

El embarazo de Dante estuvo marcado por complicaciones médicas. Tuvo túnel carpiano, restricciones físicas y un proceso de alto riesgo que incluso afectó la grabación de algunas canciones. Sin embargo, en medio de esa fragilidad, el álbum tomó forma.

“Un hijo lo cambia todo. Eso es indiscutible. Le pone a uno la vida al revés. Es el amor más caótico, pero también más fantástico que existe”, afirma.

De esa manera, la maternidad terminó atravesando el proyecto completo, incluso cuando las canciones no hablaban directamente de ella. Para Paula, el disco se convirtió en una especie de fotografía emocional de una etapa marcada por pérdidas, nuevos comienzos y una búsqueda constante de equilibrio.

La culpa después del parto

Esa búsqueda de equilibrio también terminó enfrentándola a una de las etapas más difíciles de su vida: la depresión posparto que atravesó tras el nacimiento de León, su primer hijo.

“Con León tuve una depresión posparto muy fuerte. Muy fuerte”, admite.

La cantante recuerda que el primer año de maternidad estuvo lleno de culpa, desconexión emocional y pensamientos que en ese momento no lograba entender. Hoy reconoce que esa experiencia transformó completamente su manera de relacionarse consigo misma.

“La culpa más difícil de soltar sigue siendo el primer año de León. Y no porque no haya sido una buena mamá, porque di todo lo que tenía. Simplemente estaba rota por dentro y necesitaba arreglarme para poder estar completa para mi hijo”.

Para Paula, la maternidad también implicó descubrir partes de sí misma que había ignorado durante años. La depresión posparto la obligó a detenerse y a enfrentar temas emocionales pendientes. “Cuando una mujer se vuelve mamá, muchas veces se pierde a sí misma. Y eso es muy difícil”, dice.

Con Dante, aunque el embarazo fue complejo, la experiencia emocional fue distinta. La cantante asegura que esta vez tenía más herramientas para entender lo que estaba pasando dentro de su cabeza. “Entendí que lo más difícil es la salud mental”, explica.

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Un disco atravesado por la nostalgia

La nostalgia es uno de los ejes principales de “Nada es permanente”. Musicalmente, el álbum dialoga con artistas como Mecano, Ana Belén, José Luis Perales y Julio Iglesias, nombres que hicieron parte de la infancia de la cantante y que hoy aparecen resignificados en su música.

La participación de Juan Pablo Vega fue clave en esa construcción sonora. Juntos trabajaron en canciones como “Veneno delicioso”, “Miguel” y “Dos corazones rotos”, esta última convertida en la única colaboración vocal del álbum.

“Yo quería hacerle honor a esa música que escuchaba en el carro con mis papás”, recuerda la artista.

Pero el disco también refleja otro tipo de nostalgia: la de quien intenta reconciliarse con versiones pasadas de sí misma. Las canciones hablan de adolescencia, amores intensos, recuerdos incómodos y etapas que durante años juzgó con dureza.

“No quiero enseñarle a mis hijos que los sueños se acaban”

En medio de la maternidad, la salud mental y el desafío de sostener una carrera independiente, la música terminó convirtiéndose en un refugio.

“La música ha sido mi rescate”, asegura Paula Arenas.

La cantante reconoce que durante mucho tiempo convivió con el síndrome del impostor y con la sensación de no darse el lugar que merecía dentro de la industria. Vivir fuera de Colombia, además, le mostró una realidad distinta a la que muchos imaginan sobre construir carrera en ciudades como Miami.

“Allá no había una escena alternativa ni espacios pequeños donde uno pudiera crecer. Todo estaba pensado para los grandes sellos y yo siempre he sido independiente”, explica. Aun así, destaca el reconocimiento que ha recibido de los Latin Grammy Awards, que han respaldado su trabajo en varias ocasiones.

Hoy, en medio de una nueva etapa personal y profesional, Paula insiste en una idea que atraviesa toda la conversación: la maternidad no debería significar la desaparición de los sueños propios.

“No quiero enseñarles a mis hijos que los sueños se acaban”, afirma. “Quiero que vean que sigo luchando por los míos”.

Y quizás ahí está el verdadero corazón de “Nada es permanente”: no solo en las canciones o en la nostalgia que lo recorre, sino en la manera en que documenta el intento de una mujer por reconstruirse mientras aprende a habitar, al mismo tiempo, la maternidad, la música y su propia identidad.