Sebastián Marroquín revela la verdadera historia de su infancia en serie sobre Pablo Escobar
Hijo de Pablo Escobar desmonta mitos en nueva serie de Disney+

'Dear Killer Nannies': La infancia de Juan Pablo Escobar desde su propia mirada

En el auditorio Le Nouveau Siècle de Lille, Francia, Sebastián Marroquín —antes conocido como Juan Pablo Escobar Henao— rompe el silencio ante más de mil personas. Su voz transmite una calma ensayada durante décadas, mientras presenta los primeros capítulos de 'Dear Killer Nannies: criado entre sicarios', serie que estrena este 1 de abril en Disney+.

Una perspectiva inédita sobre el narcotráfico

La producción propone un ángulo tan íntimo como incómodo: la infancia del hijo de Pablo Escobar. "Yo me crié con sicarios. Con los peores criminales de mi país. Pero también fueron mis mejores amigos", confiesa Marroquín durante la presentación en el festival Séries Mania.

La serie se basa en sus recuerdos de niño rodeado de lujos, escoltas y lealtades inquebrantables, mientras crecía sin comprender completamente el mundo violento que lo envolvía. El argumento confronta prejuicios y heridas históricas, planteando una idea incómoda: como sociedad, Colombia depositó sobre ese niño un peso que no le correspondía.

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El delicado equilibrio entre afecto y violencia

Uno de los aspectos más complejos que aborda la producción es la figura de los "niñeros" —hombres que custodiaban a la familia mientras ejecutaban órdenes de muerte—. Estos mismos individuos jugaban con Juan Pablo, lo protegían y lo hacían reír, creando una tensión difícil de procesar entre el afecto cotidiano y la brutalidad del contexto.

Juanita Molina, quien interpreta a una de las nanas en la serie, explica su aproximación al proyecto: "Los relatos que escuchaba de personas cercanas a mí... el dolor es una constante muy marcada, que dejó una herida bastante difícil de cicatrizar". La actriz consultó incluso a su abuela de 70 años sobre cómo vivió esa época del país.

Un ejercicio de empatía responsable

Para Janer Villareal, quien encarna a Juan Pablo Escobar en su adolescencia, el proceso fue un ejercicio constante de empatía: "Escuchar el relato, escuchar a mis compañeros, escuchar la voz del guion... e intentar acercarme desde la empatía". Esta empatía, aclara, no busca justificar sino comprender las capas humanas dentro de entornos violentos.

Sebastián Ortega, showrunner de la serie, detalla el enfoque narrativo: "Sabíamos que teníamos que contar una historia narrada desde otro lugar, desde el punto de vista de un niño que descubre a muy temprana edad que su padre es Pablo Escobar". El descubrimiento ocurre progresivamente, mostrando cómo la imagen de superhéroe que tenía de su padre se resquebraja con el tiempo.

Corrigiendo el relato glorificado

Marroquín es tajante sobre el propósito de su participación: "Otras series han glorificado la actividad criminal de mi padre, lo han mostrado como un dios, como un personaje digno de ser imitado. Soy muy consciente del daño que eso le hizo a la juventud". Y añade: "Ahora sí tenía la oportunidad de dejar el mensaje correcto. Estamos acá justamente para revertir esos efectos".

Para Ortega, el desafío fue tanto narrativo como ético: "Fue una responsabilidad muy grande y un compromiso con Sebastián y su familia, porque no queríamos fallar en ningún detalle". La producción buscó evitar la romantización pintoresca que caracterizó a otras producciones sobre el mismo tema.

La verdad desde dentro de la casa

Durante décadas, la historia de Pablo Escobar se narró desde múltiples perspectivas externas: el poder, la persecución, las víctimas. 'Dear Killer Nannies' propone un quiebre al situarse dentro de su propia casa, mostrando la vida familiar desde la mirada de un niño que crece sin comprender completamente lo que ocurre a su alrededor.

Marroquín reflexiona sobre el proceso personal que implicó la serie: "Es difícil para uno contar su propia historia, reconocer todo ese pasado tan duro, tan cruel, que le hizo tanto daño a nuestro país". Sin embargo, insiste en la necesidad de hacerlo desde otro lugar: no como repetición del mito, sino como forma de desmontarlo.

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Un mensaje para las nuevas generaciones

En la presentación francesa, dos jóvenes colombianas tomaron la palabra para agradecer a Marroquín. Una de ellas, de Medellín, expresó: "Tener la oportunidad de ver esta serie me llena de emoción y de sentimientos... confundidos. Hay un impacto como colombiana en el exterior que nos afecta muchísimo".

Este gesto cierra simbólicamente el círculo de una producción que, más que recordar lo ocurrido, busca preguntarse qué hacer con esa memoria ahora. La serie se convierte así en un ejercicio de reconciliación con el pasado, ofreciendo una perspectiva humana sobre una historia que durante años se contó principalmente desde el horror y la espectacularización.

Marroquín concluye con un mensaje claro: "Van a conocer una historia que nunca antes nadie vio. Todo lo que han visto hasta ahora se los han vendido como la verdad, y no lo es. Esta es la verdadera historia". Una afirmación que, en sí misma, abre preguntas sobre qué significa contar la verdad cuando se trata de una memoria tan disputada y cargada de dolor colectivo.