La transformación del Washington Post: De vigilante del poder a vocero corporativo
Washington Post: De vigilante del poder a vocero corporativo

La metamorfosis editorial del Washington Post bajo el imperio Bezos

Hubo una época en la que el Washington Post no solicitaba autorización a las estructuras de poder para cuestionarlas. En una de esas ironías que parecen extraídas de un guion cinematográfico, el mismo periódico que hace cinco décadas forzó la renuncia de un presidente estadounidense es hoy el que, en lugar de interpelar al ocupante de la Casa Blanca, opta por congraciarse con su administración.

Una crisis que trasciende lo financiero

La difícil situación que atraviesa el Post no puede explicarse únicamente por balances deficitarios, la disminución de suscriptores o las transformaciones digitales. Aunque estos factores existen, reducir el fenómeno a un problema económico constituye una forma elegante de eludir el debate fundamental: la erosión de la independencia editorial en un medio cuya razón de ser fue, durante décadas, fiscalizar el poder sin temores ni preferencias.

La proximidad de su propietario, Jeff Bezos, con Donald Trump dejó de ser una mera sospecha para convertirse en un patrón observable. El episodio más revelador ocurrió durante la campaña presidencial de 2024, cuando la dirección del periódico bloqueó un editorial de apoyo a Kamala Harris, invocando una supuesta neutralidad. Supuesta, porque resulta difícil hablar de equidistancia cuando las decisiones editoriales se someten a intereses, sensibilidades o conveniencias políticas.

La lógica corporativa reemplaza la ambición periodística

Los despidos masivos –cerca de un tercio de la plantilla, más de 300 periodistas– y la abrupta salida del editor Will Lewis confirman que Bezos optó por abandonar la ambición periodística para adoptar una lógica corporativa donde los lectores se convierten en "clientes", el periodismo en un producto, y la incomodidad no se analiza sino que se cuantifica. No es casualidad que también sea el dueño de Amazon.

La señora Katharine Graham probablemente se revuelva en su tumba al observar cómo aquel diario que se enfrentó a Richard Nixon hoy inclina la cabeza ante otro republicano; uno que ni siquiera disimula su hostilidad hacia la prensa. Trump no solo descalifica a los periodistas que no lo adulan, sino que los transforma en adversarios. Y en este contexto, el silencio –o la complacencia– de un medio como el Post no mitiga el problema: lo intensifica.

Casos emblemáticos de censura editorial

El caso de la caricaturista Ann Telnaes, dos veces ganadora del Pulitzer, resulta especialmente ilustrativo. En enero del año pasado, por criticar la actitud servil de grandes magnates tecnológicos –incluido Bezos– frente a Trump, fue censurada y obligada a renunciar. Cuando un medio deja de ser un contrapeso y se convierte en un engranaje más del poder que debería vigilar, la esencia periodística desaparece.

Y desde luego Bezos no constituye una excepción. Casi todos los líderes del sector tecnológico –comenzando por Bill Gates, Sam Altman y Tim Cook– también han caído rendidos a los pies del presidente. Y ni hablar de Elon Musk...

Lecciones para el periodismo colombiano

Todo este episodio debería servir como alerta temprana en un país como Colombia, donde los medios también enfrentan una crisis profunda, debido a la reducción de la pauta publicitaria –pública y privada– y, en consecuencia, de los ingresos. Pero esta situación no puede llevarlos a convertirse en voceros de una causa política, alinearse con un gobierno o abrazar una militancia ideológica. Esto no garantiza la supervivencia económica, y en cambio destruye la credibilidad. Es la vía directa hacia el precipicio del desgaste y la irrelevancia.

Cuando el periodismo baja la guardia, cuando la independencia se vuelve relativa y los principios se negocian, esta actividad deja de ser un servicio público y se transforma en algo peor que la propaganda. Se convierte en una transacción. Con el agravante de que, a largo plazo, será insuficiente para salvar la subsistencia de un medio o la integridad de un periodista.

Lo intangible pero fundamental que se ha perdido

Lo que ha sacrificado el Washington Post es algo casi intangible pero fundamental. Nada menos que la posibilidad de ejercer el periodismo sin miedo, sin genuflexiones y sin pedirle permiso al poder de turno. Algo imposible de recuperar una vez que se ha abandonado.

Este proceso de transformación desde un medio vigilante hacia una entidad corporativa complaciente marca un punto de inflexión en la historia del periodismo estadounidense, con ecos que resuenan en redacciones de todo el mundo, incluidas las colombianas.