La escritora mexicana Socorro Venegas fusiona en su libro Leche de silencio el duelo, el silencio y la maternidad. La obra, que se presenta en la Feria Internacional del Libro de Bogotá (FILBo) 2026, es un mestizaje entre ensayo, ficción, memorias y biografía. Venegas conversará con la poeta colombiana Piedad Bonett el viernes 1 de mayo a las 7:00 p.m. en el Gran Salón C de Corferias.
Un libro que nace de una pregunta
“¿Cómo es que a una niña le arranquen la lengua?” fue una de las preguntas que detonó en Socorro Venegas la escritura de Leche de silencio. En esta obra, la autora y editora mexicana rinde homenaje a sus ancestras —madre, abuela y su tía sordomuda, todas del linaje materno— al reconstruir sus silencios e historias al margen del náhuatl. De manera poética, el libro se convierte en un acto de resistencia y denuncia pública de las políticas que perpetúan la segregación por lengua, piel y estrato socioeconómico.
La lengua como alimento materno
Venegas explica que Leche de silencio es un libro donde habla de la lengua como alimento materno: “¿Qué es lo que se traslada con una lengua? ¿Qué es lo que no te trasladan cuando no te la transmiten? Cuando no aprendes la lengua de tu madre, ¿qué conversaciones ya no ocurren?”. A través de conversaciones con su madre, la autora pudo extraer “larvas de mucho tiempo atrás” que se convirtieron en palabras. El libro, dice, suscita preguntas sobre la madre, ese vínculo profundo que a menudo no se explora.
El origen del libro: una necesidad personal y política
Venegas comenzó a preguntarse por qué no habla la lengua de su madre, el náhuatl. “¿Cómo es que a una niña le arranquen la lengua? Esa niña a veces es ella y a veces soy yo”, afirma. Estas preguntas se vuelven políticas, porque cuestionan a una sociedad racista y a políticas de Estado que imponían un México monolingüe. Se prohibió hablar lenguas indígenas y se castigó su transmisión. “Hay generaciones enteras que crecimos sin conocer la lengua de nuestras madres, y sin saber siquiera que ellas tenían una lengua ancestral que tuvieron que negar para no exponerse al dolor de la discriminación”, agrega.
El dolor de la negación
Ese dolor es poco hablado en ensayos sociológicos o estudios de lingüística, donde solo se arrojan datos. “¿Qué significa para una madre tener que esconder su lengua materna? ¿Qué significa sentir vergüenza por los propios orígenes en un país con una enorme riqueza cultural?”, cuestiona Venegas. Para ella, era fundamental hacer esta búsqueda desde la literatura, explorar esa negación y el proceso de reconocer y aceptar la herencia cultural.
Distancia para escribir sobre lo íntimo
Para evitar idealizar la figura materna, Venegas tomó distancia. Incluso le pidió a su madre llamarla Elia en el libro, no “mamá”, para poder mirarla mejor y no romantizar su vida. “No quería construir un monumento a la madre. Ese ha sido uno de los desafíos: ¿cómo escribir sobre alguien tan cercano? Generar distancia me permitió comprender mejor mi material”, explica. Fue un ejercicio doble: tomar distancia para entender lo más íntimo y darle espacio a la ficción en este libro “mestizo”.
La ficción como consuelo
Desde niña, Venegas buscó consuelo en la ficción. Todo lo que sabe de técnica narrativa estuvo al servicio de esta historia. “¿Cómo construir estos personajes? ¿Cómo trabajar con mi propio ADN para generar a estas mujeres —mi madre, mi abuela, mi tía— y escribirlas con libertad? Porque contar una verdad también necesita libertad”, afirma. En algunos momentos, dice, Leche de silencio la escribió a ella. Nunca había sentido tanta dificultad al escribir como con este libro, por lo conflictivo que resulta enfrentarse a uno mismo y reconocerse en una sociedad racista.
Un problema de toda América Latina
Venegas señala que la discriminación lingüística es un problema de toda América Latina. “En la historia de nuestros países no solo se ha intentado eliminar las lenguas indígenas, sino en algunos casos a los propios pueblos indígenas. Cuando no se crean políticas efectivas para revitalizar esas lenguas, desaparecen. Al desaparecer una lengua, desaparece un universo, una forma de ver el mundo. Es eliminar el alma de las personas”, denuncia. La ONU ha advertido que en cien años podría desaparecer el 90 por ciento de las lenguas indígenas del mundo.
El equilibrio entre lo íntimo y lo social
Al inicio, Venegas quería escribir un ensayo, pero todo cambió con la voz de su madre. “Le pedí que conversáramos, incluso que escribiéramos el libro juntas. Entendí que no podía quedarme en el ensayo: esto era el relato de una vida, algo autobiográfico, que también requería imaginar allí donde la memoria no alcanzaba”, explica. El libro denuncia e invita a reflexionar sobre lo que perdemos, pero desde lo íntimo. Recuerda que un técnico de sonido se acercó a decirle que su madre era griega y que al escucharla entendía la distancia que siempre había sentido con ella por no haber compartido su lengua.
Estructura y voces
Venegas siempre quiso que el libro tuviera una voz literaria, no antropológica. También incluyó otras voces, como autores que han reflexionado sobre la lengua materna. Quería contrastar historias: quienes eligen escribir en otra lengua y quienes son obligados a abandonar la suya. “No me preocupaba tanto el género; preferí pensar el libro como algo mestizo, una contranarrativa. Quería quitarle cauce al río y ver qué pasaba; contar de otra manera cómo se extingue una lengua, pero también cómo se resiste”, afirma. Su madre logró mantener viva su lengua, y en el libro aparece la posibilidad de transmitirla a su hijo y a ella misma.
La maternidad compleja
Leche de silencio es un libro con muchas capas: duelo, maternidad vivida desde el dolor y la incomprensión. Venegas ya había abordado estos temas en otros libros desde la ficción, pero aquí quiso quitar esas capas. “Para mí era fundamental no dejarla sola nunca. ¿Cómo fue ella madre? ¿Cómo fue para mí? Gracias a este libro, nos contamos nuestras historias, compartimos nuestras maternidades y entendemos lo distintas que fuimos, pero también los contextos sociales y culturales en los que cada una se convirtió en madre”, relata.
Cuestionar las narrativas tradicionales
Venegas ya había puesto “dinamita al monumento a la madre” en su libro La memoria donde ardía. “Ninguna madre quiere ser de piedra ni estar en un altar. Las mujeres que son madres suelen ser consideradas menos capaces, con menos oportunidades. Hay muchos prejuicios y mucha soledad en el tránsito hacia la maternidad”, afirma. En este libro, habla en primera persona, sin ficción, sobre su propia experiencia y la de su madre, incluyendo el dolor de perder un hijo.
El duelo por la lengua
La pérdida de una lengua es un duelo poco reconocido. Venegas explica que la historia se cuenta como un avance hacia la modernidad, pero en ese proceso se desprecia a las lenguas originarias. “Ser indígena se vuelve sinónimo de pobreza, de falta de oportunidades. Es un duelo que debería ser colectivo, por lo que ya se ha perdido y por lo que aún puede perderse”, dice. En el libro dialogan distintos duelos: el suyo, el de su madre por la pérdida de su hijo, el de haber perdido a su hermano. “Compartir esas historias nos reconcilió con una vida que nos quitó tanto”, agrega.
Escribir lo indecible
Venegas afirma que solo pudo escribir este libro gracias a su madre. “Su mirada me sostuvo. Aquí no hay la protección de la ficción: nuestra red de protección fuimos nosotras mismas. Eso habla de la importancia de ese vínculo, de esa capacidad de sostenerse desde el amor”, señala. La literatura que le interesa es la que confronta, duele y sacude, pero también la que da sentido para seguir viviendo y escribiendo.
Entrevistar a la madre
Para el libro, Venegas grabó sus conversaciones con su madre. Sin embargo, hay una grabación que no ha podido volver a escuchar: cuando su madre habla de la muerte de su hermano. “No es solo que no pueda; es que esa historia nunca debió ocurrir”, confiesa. En su novela anterior, La noche será negra y blanca, ya abordaba esa pérdida, pero desde la ficción. “Creo que uno necesita cierta madurez emocional y literaria para poder contar una historia como la de Leche de silencio”, reflexiona.
Un libro para todos
Venegas no suele pensar en un lector mientras escribe, pero cree que este libro es para cualquiera que se pregunte por su madre y tenga conversaciones pendientes con ella. “Es decir, para casi todos”, dice. La portada del libro, que ella misma propuso, muestra los rostros de quienes habitan el libro, excepto el de su madre, que tiene el rostro girado y los ojos cerrados. “Ese gesto me conmueve profundamente. Es una invitación a que el lector busque su mirada a lo largo del libro”, explica.
Presentación en la FILBo 2026
Socorro Venegas y Piedad Bonnett conversarán el viernes 1 de mayo a las 7:00 p.m. en el Gran Salón C de Corferias, durante la 38 edición de la Feria del Libro de Bogotá.



