Schopenhauer: Los primeros 40 años son el texto de la vida, los siguientes 30 el comentario
Schopenhauer: 40 años texto, 30 comentario de la vida

La visión de Schopenhauer sobre el tiempo y la comprensión de la vida

El filósofo alemán Arthur Schopenhauer propuso una reflexión que continúa resonando a través de las generaciones: la vida no se entiende mientras se vive, sino cuando se observa en retrospectiva. Su célebre afirmación "Los primeros cuarenta años nos dan el texto; los treinta siguientes, el comentario" sintetiza una profunda comprensión sobre cómo experimentamos y procesamos nuestra existencia.

La distinción fundamental entre actuar y comprender

Para Schopenhauer, existe una diferencia esencial entre el tiempo de la acción y el tiempo de la comprensión. No se trata de una división estricta por edades, sino de un proceso gradual donde en los primeros años predomina la actividad, mientras que en etapas posteriores emerge la capacidad de interpretar decisiones, errores y elecciones que anteriormente parecían aisladas o inevitables.

Desde esta perspectiva, su planteamiento funciona tanto como advertencia como consuelo: no todo necesita resolverse durante la juventud. Comprender la trayectoria personal exige distancia temporal y una mirada menos condicionada por la urgencia del momento presente.

El desarrollo de esta reflexión en "Parerga y Paralipómena"

Schopenhauer desarrolló esta reflexión en su obra "Parerga y Paralipómena" (1851), publicada en la etapa final de su carrera. En este trabajo, el filósofo dejó en segundo plano los grandes sistemas filosóficos y se concentró en observaciones sobre:

  • La vida cotidiana
  • El proceso de envejecimiento
  • El desarrollo del carácter humano

En este libro, Schopenhauer señaló que la juventud está marcada por la exterioridad: estudios, trabajo, vínculos afectivos y decisiones tomadas bajo presión o deseo inmediato. Es una etapa caracterizada por el movimiento constante, donde la reflexión profunda suele quedar relegada ante la necesidad de actuar.

El cambio gradual con el paso del tiempo

Con el transcurso de los años, esta dinámica experimenta una transformación significativa. Las experiencias acumuladas, cuando se observan en conjunto, comienzan a revelar patrones y consecuencias que anteriormente no resultaban evidentes. Lo que parecía fragmentado y desconectado adquiere coherencia cuando se integra en una narrativa más amplia de la propia vida.

Para Schopenhauer, esta revisión retrospectiva no constituía un ejercicio meramente intelectual, sino una necesidad vital fundamental. Solo con el tiempo cada persona puede reconocer verdaderamente quién fue y qué papel desempeñaron los demás en su historia personal.

La metáfora del comentario y la caída de las máscaras

La metáfora del "comentario" sobre la propia vida sugiere un proceso de evaluación y resignificación de lo ocurrido. No implica reescribir el pasado, sino comprenderlo dentro del marco de las condiciones y límites propios de cada etapa vital.

El filósofo comparó este momento de comprensión con el final de un baile de máscaras: cuando las caretas caen y los roles se revelan, las apariencias pierden su fuerza engañosa. La edad avanzada, según su planteamiento, permite advertir con mayor claridad tanto las motivaciones propias como las ajenas.

Diálogo con enfoques contemporáneos

Esta interpretación schopenhaueriana establece un diálogo significativo con enfoques contemporáneos de la psicología del envejecimiento, que señalan que la madurez no solo conlleva pérdidas, sino también:

  1. Mayores niveles de comprensión emocional
  2. Mayor coherencia narrativa en la percepción de la propia vida
  3. Capacidad para integrar experiencias dispares en un relato significativo

Más que señalar un fracaso o una pérdida, este momento de reflexión puede entenderse como una instancia de reorganización de la propia historia, una pausa necesaria para leer e interpretar lo que anteriormente solo se estaba escribiendo mediante la acción.

La propuesta de Schopenhauer nos invita a considerar que vivir y entender no suceden simultáneamente. Primero acumulamos experiencias a través de la acción; después, cuando disminuye la presión del presente inmediato, surge la posibilidad genuina de examinar esas experiencias con mayor claridad y profundidad.