Un análisis profundo de la misoginia eclesiástica a través de los siglos
La obra 'Las cuatro mujeres de Dios' del autor Guy Bechtel se ha consolidado como un texto fundamental dentro de los estudios teológicos contemporáneos. Este trabajo meticuloso investiga los cuatro arquetipos principales que la Iglesia católica ha utilizado históricamente para categorizar a la mujer: «la puta, la bruja, la santa y la tonta». En esencia, constituye una exhaustiva recopilación documental que expone la milenaria tradición misógina dentro de la institución religiosa.
La conceptualización de «la puta» en el pensamiento eclesiástico
El segundo capítulo del libro se centra específicamente en la figura de «la puta», entendida bajo la definición eclesiástica como aquella mujer que mantiene relaciones sexuales con deseo y sin sacramentos, o con sacramentos pero sin intenciones reproductivas. Bechtel aclara terminológicamente que reserva el término «prostituta» exclusivamente para quienes ejercen profesionalmente. La autora traza el origen de esta condena hasta el Génesis bíblico, donde Eva no solo incita a Adán al pecado original, sino que además asume una posición dominante durante el acto sexual, transgrediendo así el orden natural que situaba al hombre como rey de la creación.
La reputación femenina se deteriora aún más con el relato de las hijas de Lot, quienes embriagan a su padre para «conocerlo». Bechtel señala con ironía cómo la Iglesia manifestaba un temor profundo no solo hacia la figura de la puta, sino hacia el deseo sexual en general y todo lo relacionado con la corporalidad, vista como un obstáculo para la salvación espiritual. A pesar de esta condena moral, la institución mostraba una tolerancia pragmática hacia la prostitución, considerándola una válvula de escape social necesaria, comparándola metafóricamente con las letrinas de un castillo según Tomás de Aquino.
La regulación eclesiástica de la sexualidad y el cuerpo
Los textos medievales como «De conceptu mundi» del papa Inocencio III describían el acto sexual con un lenguaje fisiológico cargado de repulsión, mencionando «irritación de la carne, fermentación del deseo y hediondez de la lujuria». Esta precisión descriptiva caracterizaba la literatura patrística de la época. Sorprendentemente, la Iglesia católica solo bendijo el coito conyugal sin fines procreativos en el siglo XX, y siempre bajo estrictas condiciones que prohibían cualquier desviación de lo considerado natural y legítimo.
La educación sexual estaba completamente proscrita, especialmente para las mujeres. Figuras intelectuales como Michel de Montaigne, a pesar de su liberalismo en otros aspectos, recomendaban en el siglo XVI no despertar el conocimiento sexual femenino, argumentando que «ya saben demasiado por su natural impudicia». Incluso prácticas sucedáneas como la masturbación eran condenadas con severidad, basándose en creencias pseudocientíficas que equiparaban el semen con esencia cerebral. Teólogos como Alberto Magno llegaron a relatar casos anecdóticos de hombres cuyo cerebro supuestamente se reducía por esta práctica.
Los otros arquetipos: bruja, santa y tonta
La obra de Bechtel no se limita al análisis de la figura sexualizada, sino que explora los otros tres estereotipos con igual profundidad. La bruja representa al demonio doméstico, la encarnación terrenal del Mal que la Iglesia proyectaba sobre mujeres pobres, ancianas o rebeldes. La santa constituye el polo opuesto luminoso: la mujer aceptada por la institución precisamente por renunciar a su feminidad, alcanzando la espiritualidad a través del martirio y la abstinencia. Finalmente, la tonta personifica la cristiana ideal según este esquema: sumisa, carente de razonamiento crítico y virtuosa por falta de audacia, garantizando así la estabilidad del orden patriarcal.
El libro se distingue por no ser un simple panfleto de denuncia, sino un estudio erudito escrito con ironía refinada y vasta documentación histórica. Su vocabulario especializado, con términos como meretriz, concupiscencia, bilis y humores, refleja el rigor académico que Bechtel aplica a su investigación sobre estos constructos sociales que han moldeado la percepción de la mujer durante siglos.
