Jesús como reportero de verdades incómodas: cómo el sistema elimina a quienes desafían el poder
La historia de la Pasión se ha narrado durante dos mil años, pero ciertas lecturas solo son posibles desde posiciones específicas, como dirigir un medio de comunicación. Este año, al revisarla sin adornos ni capas dogmáticas, emerge una revelación contundente: no es primordialmente una historia religiosa, sino una crónica de poder y de lo que sucede con quienes osan pronunciar verdades dentro de él.
El nacimiento bajo la sombra del poder
Jesús nació en la provincia de Judea del Imperio Romano, bajo el gobierno de Herodes. María y José viajaron a Belén para cumplir con un censo imperial, terminando en un pesebre ante la falta de alojamiento. Cuando se difundió la noticia del nacimiento de un rey, Herodes reaccionó como siempre lo hacen los poderes amenazados: ordenó la matanza de todos los niños menores de dos años en la región. El sistema intentó silenciarlo antes de que pudiera articular su primera palabra, pero fracasó en su intento inicial.
Un mensaje incómodo desde las periferias
Treinta y tres años después, ese hombre emprendió su misión: compartir un mensaje de tolerancia, amor y verdad. Un joven que, en términos contemporáneos caleños, podría haber provenido de Agua Blanca. Su mensaje resultaba incómodo y encontró resistencia firme en el establecimiento de su época, particularmente entre los fariseos y la cúpula del poder religioso, quienes no toleraban que alguien desde las periferias del mundo conocido expresara tales ideas.
Es crucial precisar un aspecto que suele perderse durante esta semana: esto no constituye un tema exclusivo de los judíos, sino una reflexión sobre cómo reaccionamos los seres humanos ante las verdades incómodas. Este patrón se repite en todas las épocas, geografías y bajo cualquier bandera que se levante.
El enfrentamiento frontal con el sistema establecido
Con el tiempo, ese mensaje chocó frontalmente con el establishment. El Sanedrín lo llevó ante los romanos exigiendo justicia por sus supuestas blasfemias. Poncio Pilato, administrador del territorio que deseaba evitar conflictos políticos que volvieran ingobernable la región, intentó disuadirlos. Incluso sometió el caso a votación en un acto de democracia antigua, donde las masas eligieron a Barrabás. La decisión, puramente política, condujo a Jesús al Calvario, revelando así los peligros eternos inherentes a la política.
La verdadera naturaleza del sistema asesino
Ni los judíos ni los romanos mataron a Jesús individualmente. A Jesús lo eliminó el sistema: esa humanidad que, cuando emergen verdades que amenazan el poder establecido, reacciona protegiendo sus intereses, su control y su dominio. Lo mató la insaciable sed de dominación que afecta a todos los sistemas organizados, independientemente de la época o la geografía donde se desarrollen. Este mecanismo fundamental no ha experimentado cambios sustanciales en dos mil años de historia humana.
La pregunta incómoda para nuestro tiempo
La interrogante que surge esta semana no es fácil de responder y trasciende el ámbito periodístico. Es una pregunta sobre los sistemas y sobre las personas que los habitamos: ¿qué hacemos cuando las verdades incómodas tienen un costo demasiado elevado? ¿Cuándo el precio de pronunciarlas amenaza la estabilidad que hemos construido con tanto esfuerzo? El caso de Jesús sugiere que la respuesta humana, históricamente documentada, ha sido elegir a Barrabás. Y esa elección raramente se presenta como cobardía explícita; siempre cuenta con una justificación aparentemente razonable que la sustenta.
Jesús: el reportero de otro mundo
Jesús fue, en esencia fundamental, un reportero proveniente de otro mundo. Vino a comunicarnos las verdades que el poder prefería mantener en silencio, y el sistema respondió como siempre responde ante los mensajeros incómodos: con eliminación. En esta Semana Santa, solo podemos formular un deseo: que esa valentía necesaria para contar las verdades inconvenientes penetre profundamente los corazones de cada integrante del equipo de El País, y de todos los medios de comunicación de Colombia y del mundo entero.
La lección permanece vigente: cuando las verdades desafían el poder establecido, el sistema activa sus mecanismos de protección, sin importar quién porte el mensaje ni cuán noble sea su propósito.



