El mundo cultural del Valle del Cauca despide a una de sus figuras más emblemáticas. Ana Luisa Becerra de Arellano, matriarca de la influyente familia Arellano, falleció a los 103 años. Compositora, escritora y pintora de gran solvencia al óleo y acuarela, dejó un legado invaluable para las artes del departamento.
Una vida dedicada al arte
Nacida en Palmira, Ana Luisa creció en un entorno donde el talento artístico era parte de la vida cotidiana. Su nieto, Federico Arellano, columnista de esta casa editorial e hijo del fallecido maestro Gerardo Arellano, la describió como una mujer excepcional cuya influencia trascendió generaciones.
En su juventud, contrajo matrimonio con Alfonso Arellano García, reconocido empresario bugueño, fundador de la emisora Voces de Occidente y del Club de Leones de Buga. De esta unión nacieron 11 hijos, entre ellos figuras destacadas como el maestro Gerardo Arellano Becerra, Beatriz Arellano Becerra y Eugenio Arellano Becerra.
Un legado artístico multifacético
Ana Luisa cultivó con igual rigor la literatura, la pintura y la música. Escribió novelas como El gitano Josué, Un viaje feliz y Lucía, además de libros de poesía. Compuso obras musicales como Velero azul, un vals interpretado por su hijo Gerardo como homenaje.
Su nieto destacó que todos sus hijos heredaron la condición artística: “Unos para las artes plásticas, otros para las letras y otros para la música. Lo mismo ocurrió con las siguientes generaciones, hasta sus bisnietos”.
Compromiso filantrópico y fe católica
Además de su producción artística, Ana Luisa fue una mujer profundamente comprometida con la filantropía. Durante años llevó regalos de Navidad a niños del Distrito de Aguablanca, en Cali. “Se sentía absolutamente feliz dándole a los más necesitados. No conocía la mezquindad”, recordó su nieto.
Federico Arellano resaltó la fortaleza moral de su abuela: “Fueron 103 años de una vida ejemplar en torno al amor por Dios, los valores y los principios innegociables. Vivió intachablemente, con una verticalidad moral y principios cristianos férreos”.
Homenaje y despedida
La familia la llamaba cariñosamente ‘Mamá Nina’. El homenaje póstumo se realizará en Buga y en Cali, ciudad donde residió gran parte de su vida y consolidó su legado cultural y humano. Su partida deja un vacío en la cultura vallecaucana, pero una herencia familiar invaluable que continúa viva en sus obras y en las generaciones de artistas que formó.



