Elena Garro y Los recuerdos del porvenir: pionera del realismo mágico
Elena Garro: pionera del realismo mágico en Los recuerdos del porvenir

Antes de leer a Elena Garro, la escuché en la voz de mi madre. Años después, cuando el Alzheimer fue apagando esa memoria viva, regresé a Los recuerdos del porvenir como quien busca en la literatura una forma de salvar del olvido lo que todavía arde.

Por boca de mi madre supe de Elena Garro (1916-1998) y de su ópera prima Los recuerdos del porvenir (1963), cuando yo era una niña ávida de futuro y ella, una maestra de memoria plena. Me contó, por ejemplo, que Francisco Rosas era un tirano con el corazón roto; que la bella Julia, muy fría, incluso para ese canalla; que Isabel Moncada, rebeldía y culpa a partes iguales. Que en sus 286 páginas sucedían 57 fiestas donde las mujeres terminaban con el maquillaje escurrido y los tafetanes rotos, sirviendo vino caliente a unos hombres hastiados de parrandear por obligación durante tres días seguidos.

Para mi sorpresa, el libro me estaba esperando en una vitrina de la Filbo de 1992, cuando yo ya era universitaria. Lo adquirí con esfuerzo y al leerlo, fue ahora la voz de Garro la que me narró con una mezcla de cigarrillo, amargura y lucidez. Ella murió el mismo año de su ex esposo, el Premio Nobel, Octavio Paz. Mi madre aún vive, pero silenciada por el Alzheimer. Por si acaso yo también caigo en el humo del olvido, quiero compartirles algunas elucubraciones en torno a esta novela histórica, premio Xavier Villaurrutia de 1964.

Banner ancho de Pickt — app de listas de compras colaborativas para Telegram

Pionera del realismo mágico

Empecemos por decir que la escritora se anticipó al realismo mágico latinoamericano. De este boom literario los más conocidos son hombres: Fuentes, Vargas Llosa, Cortázar, Rulfo, García Márquez, el mismo Paz, entre otros, y su denominación como movimiento empezó en 1967 con la publicación de Cien años de soledad. Sin embargo, Los recuerdos del porvenir fue escrita por Garro catorce años antes, apenas en un mes y mientras se recuperaba de una grave enfermedad. ¡Qué ovarios! Entonces, fue a ella a quien primero se le ocurrió que su ficción transcurriera en Ixtepec, inspirado en Iguala, lugar real donde se crió. Luego, sí, el Nobel colombiano erigió Macondo a partir de Aracataca.

Algunos acotarán que si se trata de ser pioneros al respecto, ahí está el mexicano Rulfo con Comala. Y si bien es cierto que Pedro Páramo fue publicado en 1955, su coterránea ya había inventado su propio municipio dos años atrás, solo que Paz no permitió la publicación inmediata por celos a que su talento lo opacara. Irónicamente, fue él mismo quien, una década después, decidió entregar el manuscrito a la editorial Joaquín Mortiz quedando para la posteridad como un esposo solidario.

Ixtepec, un pueblo narrador

Y mientras en Comala vivos y muertos dialogan y fornican sin saber quiénes son unos y otros, y en Macondo, fruto del sexo incestuoso, las personas nacen con cola de cerdito, en Ixtepec, quien relata es el propio pueblo, quien, al mismo tiempo, es Isabel Moncada transformada en piedra por amar a quien no debía. Me detengo en esta imagen que recuerda el versículo de Génesis 19:26 en el que la mujer de Lot se vuelve columna de sal por desobedecer el mandato patriarcal que le prohibía mirar hacia atrás, porque, anticipándose a su porvenir, en 1968 la escritora fue castigada y exiliada, tanto por el gobierno de derecha, como por la intelectualidad de izquierda, por tener una postura genuina, equivocada o no, frente a la Masacre de Tlatelolco.

¿Qué haría ella si supiera que todavía a las mujeres nos petrifican por la osadía de pretender memoria, narración y decisión autónomas? Maestra Elena: si mi voz le llega a alguna realidad alterna en la que quizá se encuentre, sepa que con usted me pasa lo que alguna vez expresó sobre su misma vida: “La veo, me veo y me transfiguro en multitud de colores y de tiempos”.

Banner post-artículo de Pickt — app de listas de compras colaborativas con ilustración familiar