El golpe que cambió la historia literaria latinoamericana
Era el 12 de febrero de 1976, hace exactamente cincuenta años, cuando en el majestuoso Palacio de Bellas Artes de Ciudad de México se preparaba una proyección privada de la película "La odisea de los Andes" de René Cardona. La cinta recreaba el dramático accidente aéreo ocurrido cuatro años antes, donde un avión que transportaba a un equipo de rugby uruguayo se estrelló en la cordillera de los Andes. Doce pasajeros perdieron la vida, mientras que los sobrevivientes enfrentaron setenta y dos días de agonía en un paisaje helado e inhóspito, con temperaturas bajo cero.
Un encuentro que terminó en violencia
Entre los asistentes a la función se encontraba el colombiano Gabriel García Márquez, quien esperaba a su gran amigo, el peruano Mario Vargas Llosa. Al verlo llegar, Gabo se levantó con la intención de darle un abrazo fraternal. Sin embargo, la respuesta de Vargas Llosa fue completamente inesperada. Con visible disgusto, el escritor peruano le reclamó: "Por lo que le dijiste a Patricia", refiriéndose a su esposa, Patricia Llosa. Acto seguido, le propinó un gancho certero que impactó directamente en el rostro de García Márquez, dejándolo noqueado y tendido en el suelo.
El colombiano quedó semiinconsciente, con una herida sangrante entre el mentón y el ojo izquierdo, ante la mirada atónita de los numerosos presentes. Entre ellos se encontraba la escritora mexicana Elena Poniatowska, quien rápidamente consiguió un filete de carne cruda para aplicarlo sobre el ojo lesionado de Gabo, intentando reducir la hinchazón con este remedio casero.
Las declaraciones posteriores y el humor de Gabo
Un par de días después del incidente, como reportero de El Espectador, logré localizar a García Márquez. En una conversación telefónica, el autor de Cien años de soledad declaró: "La verdad es que ignoro completamente los motivos y sigo sin saber cuál fue la razón que tuvo Mario para pegarme, y muy duro". Con su característico sentido del humor, añadió: "Duré tanto tendido, que si hubieran contado, lo habrían hecho hasta ocho", haciendo referencia a una cuenta de boxeo.
El fin de una amistad consolidada
Este violento episodio marcó el abrupto final de una amistad literaria que se había iniciado una década antes en Caracas. La relación entre ambos escritores era tan estrecha que Vargas Llosa había escrito uno de los ensayos críticos más elogiados sobre la obra de García Márquez, titulado "Historia de un deicidio". Desde entonces, se han tejido numerosas especulaciones sobre las verdaderas razones detrás del puñetazo:
- Teoría romántica: Algunos sugieren que fue "cólera por amor", relacionada con el comentario que Gabo habría hecho sobre Patricia Llosa.
- Teoría política: Otros, menos inclinados a especulaciones sentimentales, aseguran que el distanciamiento comenzó con el rompimiento de Vargas Llosa con la Revolución Cubana, creando tensiones ideológicas entre ambos.
Un legado de separación permanente
A pesar de que ambos autores ganarían posteriormente el Premio Nobel de Literatura—García Márquez en 1982 y Vargas Llosa en 2010—y de varios intentos fallidos de amigos comunes por reconciliarlos, la relación nunca se restableció. Después del incidente, según relata el maestro Guillermo Angulo, a Vargas Llosa le quedó el apodo de "Mario de Piedra Durán", inspirado en el boxeador Roberto Durán, conocido como "Manos de Piedra".
Este episodio no solo representa un momento dramático en la vida personal de dos gigantes de las letras, sino que también simboliza una fractura significativa en el panorama cultural latinoamericano, cuyos ecos aún resuenan cincuenta años después.