El amor como resistencia: un baile inolvidable en tiempos de polarización
El amor como resistencia en tiempos de polarización

El amor como resistencia: un baile inolvidable en tiempos de polarización

En un contexto global donde el odio parece ganar terreno en el pulso diario de las sociedades, resulta fundamental recordar que no existe fuerza más poderosa que el amor. Amar mientras se esté con vida, amarse a uno mismo para creer en lo posible, amar para combatir los miedos y amar aquello que nos define y enorgullece: estos son los pilares que deberían guiar nuestra existencia colectiva.

La música y la palabra como vehículos de transformación

No se trata de un mensaje novedoso. A lo largo de la historia, la música y la palabra han transmitido esta verdad mediante múltiples formas: desde la prosa más sublime hasta la sencillez más conmovedora, en diversos idiomas y desde escenarios de todo tipo, siempre con la misma intención: apagar los incendios del conflicto y avivar la llama de la vida en momentos de guerra y tensión social.

Recientemente, el espectáculo de Bad Bunny durante el Super Bowl detonó una conversación pública sostenida que nos dejó una enseñanza clara: celebrar la cultura y la identidad constituye un acto profundamente político. Realizarlo cuando más se necesita se convierte, además, en una súplica urgente por la humanidad compartida.

La celebración de lo cotidiano como resistencia

La resistencia también se manifiesta en la celebración de la cotidianidad, esas pequeñas-grandes cosas que sostienen nuestra existencia:

  • El cuerpo que se sacude en un movimiento auténtico y liberador
  • La unión amorosa que se consagra en una ceremonia de boda
  • El dominó compartido entre abuelos que tejen memorias
  • La niña que despierta tras dormir en las sillas de una fiesta familiar
  • Las mujeres que bailan sin miedo en espacios públicos
  • Las calles vibrantes con sus puestos de venta coloridos
  • Los oficios que dan sustento: la manicurista, el boxeador, el comerciante de joyas
  • La inmigrante que forjó leyenda con su negocio en Nueva York
  • Los cañaverales y el verde del campo que nos alimentan
  • La casita que espera al final de cada jornada laboral

Más allá de las polémicas superficiales

Esta reflexión trasciende ampliamente la atracción o rechazo hacia ritmos musicales específicos, las discusiones sobre si un artista canta o balbucea, o los debates acerca de si sus triunfos son producto del mercadeo o del talento genuino. Cada persona posee su opinión legítima, tan válida como la del presentador de ESPN cuya voz entrecortada, al concluir el espectáculo, conmovió por su auténtica humanidad.

Nadie es culturalmente superior por sentir que una expresión artística le ha tocado una fibra íntima. Pensar de manera diferente resulta inevitable y, más aún, deseable. La diversidad de perspectivas enriquece y hace más interesante cualquier discusión, aunque en ocasiones predomine la tentación de alinear ideas en bloques homogéneos.

La fuerza transformadora del amor

Existe algo que va más allá del debate puntual: la posibilidad permanente de mirar el mundo desde el amor, porque constituye la única fuerza realmente más poderosa que el odio. Amar sana heridas profundas. Amar disipa los temores cuando estos aparecen. Amar nos recuerda constantemente que la vida representa un viaje finito, y que recorrerlo con amor resulta infinitamente más luminoso que cargarlo con rencores y rabias que paralizan, deprimen y entristecen.

Quizás por esta razón los autoritarismos le temen tanto al amor. El amor funciona como una coraza protectora de la dignidad humana. Mientras el odio necesita rigidez y control, el amor exige movimiento y flexibilidad. Mientras el odio simplifica hasta la caricatura, el amor complica, matiza y se manifiesta de múltiples maneras incontrolables. Pocas cosas asustan más a los sistemas opresores que aquello que no pueden dominar completamente.

Una apuesta por la alegría compartida

Sigamos apostando colectivamente por la alegría, el respeto mutuo, el asombro ante lo diverso, el encuentro genuino, la admiración sincera y el sueño posible de convivencia. Comprender que amar no significa coincidir en absolutamente todo, sino elegir conscientemente no destruirnos o polarizarnos por pensar de manera diferente.

Porque mientras una persona esté con vida, debe amar todo lo que pueda, como la forma más profunda de resistencia pacífica. Al final del camino, la vida entera, con sus cuerpos, gestos, culturas y contradicciones, no representa otra cosa que esto: un baile inolvidable de amor, capaz de unirlo todo, incluso en un mundo que a veces encuentra más fácil odiar que comprender.