Cuatro mujeres artistas dejan huella imborrable en la cultura colombiana
Este mes se destaca por el legado de cuatro mujeres excepcionales cuyas vidas y obras han enriquecido profundamente el panorama artístico y cultural de Colombia. A través de sus creaciones, liderazgo y humanidad, han dejado una marca indeleble que continúa inspirando a nuevas generaciones.
Ana María Rueda: La poesía visual del dolor y la memoria
La artista colombiana Ana María Rueda, nacida en Cartagena y educada en París, regresó a Bogotá en los años ochenta para convertirse en un testigo sensible del dolor de su país. Actualmente, el Museo de Arte Moderno de Bogotá presenta una exposición curada por Eugenio Viola que recorre más de cuarenta años de su trabajo.
Rueda posee una magia sensible que aborda temas difíciles con una dulzura poética extraordinaria. Sus obras crean un contraste entre lo frágil y lo resistente, entre la huella del pasado y el proceso de sanación. Caminar por las salas del museo despierta una conversación íntima con el visitante, transmitiendo el mensaje profundo de que "yo también soy el otro".
Su estética, comparable a un haiku japonés, celebra lo efímero mientras propone una conexión con el aquí y el ahora. A través de elementos como cubos de cerámica que evocan los pisos de la casa de su abuela en la Costa, explora el desplazamiento y la reconstrucción de lugares perdidos. El color rojo, tradicionalmente asociado con la sangre, en su obra representa la vida como una línea de continuidad que une y recompone.
Una pieza especial creada para el MamBo transforma banderas, símbolos de propiedad y conquista, en una ofrenda de flores que ocultan historias de corrientes marinas, batallas y constelaciones. En su arte, un jardín es simultáneamente interior y exterior, acogiendo a errantes y desplazados sin ocultar las huellas que todos dejamos atrás.
Mayra de Esquenazi: La empresaria que transformaba rosas en sueños
Mayra de Esquenazi, recordada con cariño por quienes la conocieron, era una mujer de audacia serena cuya sabiduría trascendía lo cotidiano. Tenía la capacidad única de tomar una rosa y convertirla en un sueño, combinando consejos profundos con una alegría casi infantil.
Su palabra característica, "Súper", pronunciada con una fuerza detenida en cada letra, llenaba de ilusión y convicción a quienes compartían un brindis con ella. En su memoria, amigos y familiares continúan cantando "Volaré" y celebrando la vida frente al mandala que regalaba con la inscripción "Gracias a la vida". Su legado es un recordatorio del encanto que habita en el presente, si sabemos verlo.
Liliana Angulo Cortés: Pionera en la representación afrocolombiana
Liliana Angulo Cortés fue una artista y gestora cultural que rompió barreras como la primera mujer afrocolombiana en dirigir el Museo Nacional de Colombia. Comenzando su trayectoria en el MamBo, creció hasta convertirse en una voz fundamental para reflexionar sobre identidad, realidades y estereotipos relacionados con el sexismo y el racismo hacia las mujeres afro en el país.
Con una voz dulce pero firme, escuchaba y construía con convicción una sociedad más inclusiva que llegara a todos los territorios diversos de Colombia. Su legado plantea una pregunta y una tarea permanentes: ¿qué significa ser una mujer negra en Colombia? Su obra y liderazgo continúan vigentes, inspirando nuevas conversaciones sobre diversidad y representación.
Ana Josefa Guerrero: El brillo que irradiaba generaciones
Ana Josefa Guerrero poseía una de las miradas más brillantes y sonrisas más plenas que hayan iluminado el círculo cultural colombiano. Su capacidad para vivir el presente con una alegría consciente la convirtió en la amiga consentida de tres generaciones, trascendiendo los límites de su propia familia.
Había en ella un brillo inspirador que hacía que todos quienes la rodeaban se sintieran irradiados por su energía positiva y su profunda humanidad. Su presencia era un regalo que recordaba el valor de las conexiones auténticas y la importancia de celebrar cada momento.
Esta columna celebra a estas cuatro mujeres cuyas vidas bien vividas han dejado una huella imborrable en la cultura colombiana. A través de su arte, su liderazgo y su humanidad, han demostrado que el verdadero legado perdura más allá del tiempo, inspirando a quienes continúan su camino.
