El cerco editorial que enfrentaron las pioneras del periodismo femenino en Colombia
Esta columna iba a ser un homenaje a Lucy Nieto de Samper, una de las pioneras –en femenino– del periodismo de opinión en Colombia. Entre 1920 y 1980, las mujeres que escribían en periódicos enfrentaban un cerco editorial muy claro para ser publicadas: solo podían abordar temas de casa, belleza y moda. Salvo excepciones como Nieto, Emilia Pardo Umaña, Ofelia Uribe y Josefina Amézquita –que se pueden contar con los dedos–, las mujeres no hablaban de política, economía ni, mucho menos, feminismo en los medios colombianos.
Columnas machistas que revelan una época oscura del periodismo
Buscando los textos de Nieto de Samper, me encontré con otras columnas que permiten entender por qué nos ha tomado tanto tiempo reconocer a las mujeres como sujetos de derechos plenos. Comencemos por este párrafo de apertura, en una columna de Álvaro Salom publicada por El Colombiano en 1980:
"Indudablemente las señoras son los animales… (¡perdón!) los seres más extraños de la creación. No se parecen a ningunos otros, pero ni siquiera a los que componen el género humano, al que –según ellas– pertenecen".
Luego, el autor procede a construir una burla larguísima y dramatizada sobre cómo las señoras visitan un supermercado y salen sin comprar nada, reforzando estereotipos denigrantes sobre el comportamiento femenino.
Discursos que normalizaban la discriminación
En otra columna, publicada por La República y firmada por Alberto Duarte French, se habla de "discriminación contra el varón", argumentando que la ley permite a las mujeres heredar la pensión del marido, pero no aplica igual cuando es a la inversa:
"La viuda hereda el derecho jubilatorio o pensionario del marido, pero el varón no hereda el mismo derecho de su esposa fallecida. La anterior, evidente discriminación contra el varón, no tiene ninguna justificación".
Este tipo de argumentos ignoraban completamente las desigualdades estructurales que enfrentaban las mujeres en el ámbito laboral y económico durante esa época.
La liberación femenina como chivo expiatorio
Encontré también una columna de Antonio Panesso –Pangloss– publicada por El Espectador, en la que plantea la liberación femenina como un catalizador de la delincuencia. Comienza preguntándose si "¿ese incremento de la criminalidad femenina se debe a las campañas de liberación?", y concluye afirmando que "las mujeres ascienden simultáneamente a las más altas posiciones del Estado y a las más comunes del código penal".
Esta asociación entre emancipación femenina y criminalidad refleja el temor de una sociedad patriarcal ante los avances de los derechos de las mujeres.
Victimización y mitología para justificar violencias
Queda esta columna de Juan José Hoyos, publicada por El Tiempo en septiembre de 1980, que parte de una denuncia legítima y urgente: el aumento de abusos sexuales en el país. Menciona que es una de las problemáticas más graves que enfrenta la década, pero todo se desvirtúa cuando se pregunta por qué las mujeres abusadas no denuncian a su violador.
Entonces, apoyándose en un foro de médicos que usó como ejemplo la mitología romana, afirma que las mujeres son impredecibles ante el sexo, a veces quieren y a veces no: "Leoncioni –así se llama el experto que cita– dijo finalmente que la raíz de las violaciones hay que mirarla también en el mismo espíritu contradictorio y misterioso de la mujer cuya actitud frente a la relación sexual es ambigua".
Legados que persisten y homenajes pendientes
Quiero creer que 46 años después, pese a que las luchas parecen ser las mismas, no es necesario aclarar por qué estas columnas son machistas y misóginas. Ni tampoco por qué está mal que hayan sido publicadas en su momento, legitimando discursos de odio y violencia simbólica.
Sin embargo, las últimas noticias muestran que los medios de comunicación siguen reproduciendo, en formas más sutiles pero igualmente dañinas, narrativas que legitiman la violencia contra las mujeres. La cosificación, la victimización secundaria y la trivialización de las violencias de género persisten en muchos espacios mediáticos.
En fin, para doña Lucy Nieto de Samper, que tuvo que vivir y lidiar con todos estos señores y sus discursos retrógrados, mi más profundo respeto y mi admiración eterna. Su valentía abrió camino para las periodistas que hoy podemos denunciar estas injusticias con mayor libertad, aunque la batalla esté lejos de terminar.



