Bryce Echenique: El escritor peruano que llegó a París con dinero y dejó huella en Cali
Bryce Echenique: De París a Cali, el legado literario

Bryce Echenique: El escritor peruano que llegó a París con dinero y dejó huella en Cali

Alfredo Bryce Echenique se destacó como uno de los pocos escritores latinoamericanos que arribó a París con recursos económicos considerables, un marcado contraste con la experiencia de Gabriel García Márquez, quien en cierta ocasión debió buscar alimento entre los desechos para sobrevivir.

Una visita memorable al Festival Internacional de Cali

Bryce Echenique visitó Cali invitado por Proartes al Festival Internacional que se realizaba anualmente bajo la dirección de Amparo Sinisterra de Carvajal. En ese entonces, Medardo Arias Satizábal se desempeñaba como coordinador de Prensa y Literatura de la institución, encargándose de invitar a escritores locales e internacionales mediante fax y llamadas de larga distancia, en una época anterior al internet.

El autor peruano, quien en ese momento era profesor en Montpellier, Francia, llegó "aliñado" como solía decir cuando había disfrutado de algunas copas previamente. En la Cámara de Comercio de Cali, Bryce confesó que sin las persistentes llamadas de Arias Satizábal a cualquier hora, nunca habría aceptado la invitación.

El humor como recurso literario y personal

Su presentación en Cali fue memorable, con el público riendo sin parar durante dos horas. Lamentablemente, no existen grabaciones de aquella conferencia que combinaba literatura y comedia. Entre sus obras más reconocidas se encuentran:

  • Un mundo para Julius
  • La vida exagerada de Martín Romaña
  • El Hombre que hablaba de Octavia de Cádiz
  • La agmidalitis de Tarzán
  • Evitar París
  • Reo de Nocturnidad (una de sus novelas más recientes)

Contrastes con otros escritores latinoamericanos

Mientras Bryce disfrutaba de estabilidad económica en París, otros escritores colombianos enfrentaban dificultades en la ciudad luz. La escritora caleña Nelly Domínguez Vásquez, autora de Manatí, residía entonces en París y solía invitar a sus compatriotas a generosas cenas con recetas de Brillat Savarin y excelentes vinos.

Curiosamente, las privaciones que sufrió Gabriel García Márquez en París se convirtieron en el combustible creativo para obras maestras como El coronel no tiene quien le escriba.

Antecedentes familiares y educación privilegiada

Bryce provenía de una familia influyente peruana. Su tatarabuelo, José Rufino Echenique, fue presidente del Perú, mientras que su abuelo materno, Francisco Echenique Bryce, como director del Banco Central del Perú, firmaba los billetes de la nación.

En su novela autobiográfica No me esperen en abril, el autor hace referencia al exclusivo colegio inglés donde estudió, fundado por un acaudalado piurano que prefirió construir su propia institución educativa antes que enviar a sus hijos a estudiar a Londres. Bryce formó parte de esa generación de jóvenes limeños que recibieron una educación británica sin salir del Perú.

Anécdotas personales y conexión con Colombia

Bryce compartió con Medardo Arias Satizábal una peculiar anécdota familiar: su padre había comprado un barco y zarpó de El Callao rumbo a Buenaventura con sus hijos pequeños. Antes de atracar, todos los niños comenzaron a llorar ante la visión del puerto colombiano. Desde entonces, cuando se portaban mal, su padre los amenazaba diciendo: "Los voy a llevar a Buenaventura".

Una amistad que trascendió fronteras

De aquella visita a Cali surgió una amistad que se extendió hasta Estados Unidos. La última comunicación entre Bryce y Arias Satizábal ocurrió cuando el escritor peruano llamó desde Connecticut para recomendarle la amistad de Luis Eizaguirre, un profesor chileno que era el académico que mejor conocía su obra.

Juntos recibieron el nuevo siglo dando vueltas en los caballitos del carrusel de Bushnell Park la noche del 31 de diciembre de 1999. Poco después, con el fallecimiento de Eizaguirre, Arias Satizábal perdió no solo a un gran interlocutor sino también, para siempre, la voz de Bryce al otro lado del teléfono.

La velada en Cali incluyó un homenaje en casa de María Cecilia Castro, donde sirvieron una entrada de chontaduro con caviar que encantó al escritor peruano, demostrando la calidez con que la sociedad caleña acogía a los autores visitantes.