El legado artístico que marcó una vida
Desde su infancia en San Gil, Santander, Eric Gutiérrez respiró arte en cada rincón de su hogar. Hijo de padres pintores, creció entre lienzos, pinceles y el inconfundible aroma a óleo que impregnaba las paredes de su casa. "Crecí literalmente entre pinceles porque mi padre lleva más de 50 años en el arte y mi madre alrededor de 35", relata el artista, quien recuerda con nitidez las tertulias de pintores que visitaban el estudio familiar.
Para Gutiérrez, el arte nunca fue un objeto sacralizado, sino un proceso vivo. "De pequeño, a veces dañaba alguna obra de mi padre cogiendo el pincel y manchando el cuadro. Él no se enfadaba, solo reía y luego corregía. En mi casa, la obra era algo que se podía equivocar, corregir y volver a hacer", explica sobre esa relación temprana que forjó su visión del proceso creativo.
El refugio en tiempos difíciles
Observando a su padre, Gutiérrez aprendió que el arte podía ser un refugio emocional en momentos adversos. "Mi papá siempre se refugiaba en el arte cuando pasaba por problemas. Esa escena también se repite en mi vida: cuando todo está mal, mi refugio ha sido el arte", confiesa el santandereano, quien describe la pintura como su mecanismo para "drenar, desconectarse y ver que todo puede mejorar".
Durante años, su trabajo siguió un camino individual: crear, exponer y vender algunas obras. "Era un proceso muy artístico, muy personal", reconoce. Pero la pandemia de COVID-19 llegaría para cambiar radicalmente su perspectiva profesional y vital.
La pandemia como punto de inflexión
El confinamiento obligatorio trajo consigo un momento crítico: Gutiérrez perdió su empleo formal. "En plena pandemia, la empresa necesitaba hacer un reajuste y era insostenible mantener una nómina tan alta", recuerda. Sin embargo, de esa crisis surgió una oportunidad inesperada cuando la Universidad Autónoma de México lo contactó para dictar talleres virtuales.
Al subir los contenidos a redes sociales, la respuesta fue abrumadora. "Explotó. Empecé a recibir mensajes pidiéndome clases, horas de enseñanza... En plena pandemia vendí 28 obras", cuenta con asombro aún palpable. La demanda creció exponencialmente, especialmente para clases infantiles. "La gente no hallaba qué hacer con los niños encerrados. Me los llevaban a escondidas y me los dejaban en casa", relata sobre esos meses donde adaptó su espacio doméstico con todas las medidas de bioseguridad.
El nacimiento de PintArte
De esa necesidad urgente nació PintArte, un proyecto que comenzó como academia infantil pero pronto se expandió a jóvenes y adultos. "Ahí fue cuando dije: 'No, yo puedo perfectamente vivir solo del arte'", afirma Gutiérrez, desafiando el estigma social que rodea a los artistas plásticos.
La metodología de PintArte trasciende lo técnico. "Hoy trabajamos con niños, jóvenes y adultos no solo desde la técnica, sino desde la parte emocional, la disciplina, la confianza y los valores", explica el fundador. "Para mí el arte es una herramienta de formación integral. No vienen solamente a pintar, vienen a formarse como personas".
Transformación personal y comunitaria
Gutiérrez observa cambios concretos en sus estudiantes: "Es ver cómo un niño tímido gana seguridad; cómo aprende a enfrentar retos cuando una obra no le sale bien a la primera; cómo desarrolla disciplina y confianza en sí mismo". Con los adultos, el proceso suele comenzar con inseguridad. "Nunca han cogido un pincel, no saben dibujar", comenta sobre talleres como Arte y vino, donde "se permiten crear, se relajan y descubren capacidades que no sabían que tenían".
El impacto comunitario es igualmente importante para el artista. Ha trabajado en muralismo y recuperación de espacios deteriorados, devolviéndolos a la comunidad como lugares de identidad y encuentro. "No es solo pintar... es construir un tejido social, generar sentido de pertenencia y abrir oportunidades donde a veces no las hay", sostiene.
La herencia del servicio
Esta vocación comunitaria tiene raíces familiares. Gutiérrez recuerda a su abuela como "una mujer increíblemente servicial" que "tenía el primer teléfono del barrio y lo prestaba para que llamaran". Esa filosofía de vida se le quedó grabada: "Siento que uno tiene una responsabilidad social. Si puedes ayudar, pues hazlo".
Esta convicción lo ha llevado a trabajar con poblaciones diversas: "Niños que no tienen acceso a este tipo de espacios, jóvenes en procesos de resocialización, población vulnerable, contextos como centros penitenciarios y el sector rural". También es miembro del Club Rotario de San Gil, donde encuentra consonancia con su lema: "Dar de sí antes de pensar en sí".
Formación empírica y académica
Aunque creció con una formación empírica -"aprendí viendo a mi papá pintar, experimentando, equivocándome, volviendo a empezar"-, Gutiérrez decidió fortalecer su lado pedagógico estudiando Licenciatura en Artes Visuales en la Universidad Pedagógica Nacional. "Entendí que no solo soy artista sino también formador. Cuando uno enseña, la responsabilidad es mucho más grande", reflexiona.
Esta combinación le ha dado una perspectiva completa: "La experiencia empírica me dio sensibilidad y práctica; la formación académica me dio estructura y herramientas pedagógicas".
El desafío de Bucaramanga
El 1 de diciembre de 2025, Gutiérrez abrió PintArte en Bucaramanga, enfrentando nuevos retos. "En San Gil ya llevo varios años construyendo el proceso. Allá ya conocen mi trabajo. Pero llegar a Bucaramanga es diferente", reconoce. "Aquí eres como un punto en medio de muchísimas ofertas".
El principal desafío ha sido generar confianza, especialmente cuando se trata de niños. "Demostrar quiénes somos, explicar que no es un proyecto improvisado, que venimos con una base sólida de San Gil", enumera sobre la estrategia que incluye inversión en marketing, presencia y experiencias de calidad para generar voz a voz.
"No ha sido fácil, pero también es un reto muy bonito. Me reta a crecer, salir de la zona cómoda... y a creer más en el proceso", concluye el artista, cuya apuesta sigue siendo clara: "Más que llenar cupos, lo que quiero es que más niños y jóvenes tengan acceso a un espacio donde el arte les aporta herramientas para su vida".



