El arte como fusión entre lo humano y lo orgánico: reflexiones sobre emociones y sentimientos
Arte: fusión de lo humano y orgánico en emociones y sentimientos

El arte como fusión entre lo humano y lo orgánico: reflexiones sobre emociones y sentimientos

En una reciente tertulia cultural, surgió una pregunta fundamental: ¿inciden de la misma manera el enamoramiento y el amor en un artista cuando enfrenta sus retos creativos? Aunque los caminos del arte son inescrutables, podemos distinguir entre emociones y sentimientos en este proceso creativo.

La dualidad emocional en la creación artística

Las emociones son orgánicas, se ubican en la dimensión del cuerpo y son comandadas por los cinco sentidos. En esta dimensión ocurre la magia del enamoramiento, casi sin que nos demos cuenta. Por otro lado, los sentimientos ocupan la dimensión del alma, donde se ubica el amor y sus manifestaciones entre todos los seres que tienen la suerte de experimentarlo.

Cuando estas dos dimensiones están separadas, generalmente auguran relaciones humanas caóticas y desesperadas. En una pareja, por ejemplo, si las emociones del enamoramiento van por un camino y los sentimientos del amor por otro, todo parece empeorar. Pero cuando coinciden, no existe fuerza vital más extraordinaria que pueda compararse.

"Ser amada amando", canta Violeta Valéry en la ópera La traviata de Verdi, en una de las arias más solares que muestra, a través de la música, la convergencia del arte, las emociones y los sentimientos humanos.

La verdad y el arte: una relación compleja

Sin embargo, como dice Jules Renard: "La verdad no es siempre el arte, ni el arte es siempre la verdad. Pero la verdad y el arte tienen puntos de contacto que se deben buscar". Esta reflexión nos lleva a considerar cómo el arte puede reflejar verdades sentimentales profundas.

La película Verdad sentimental rompe el alma a quienes nos dedicamos al arte. Presenta la historia de un padre que, por las exigencias de su creatividad artística, debe alejarse de su hogar, dejando que sus dos hijas crezcan con un grave complejo de abandono. El final feliz demuestra que, sobre el arte y sus demandas de exclusividad, triunfa el amor, único capaz de neutralizar el dolor del abandono.

Jimena Becerra: arte que activa conciencia

En el campo del realismo abstracto y el arte visual, el lenguaje de la maestra colombiana Jimena Becerra ya tiene alcances internacionales, aunque en nuestro país su obra física y en formato digital no sea aún ampliamente conocida. Públicos de galerías europeas y norteamericanas aprecian su práctica de indagar la relación entre el cuerpo humano y la naturaleza desde una perspectiva simbólica.

Becerra construye universos orgánicos donde la figura humana, lo botánico y lo animal dialogan como un mismo territorio sensible. Trabaja tanto pintura sobre lienzo como escultura, explorando cómo el arte puede activar procesos de conciencia y percepción más allá de lo puramente visual.

Con su obra Las máscaras de las emociones, explora visualmente emociones como rabia, miedo y humor, investigando la relación entre emoción, identidad y transformación. Es una artista que sabe sumergir en su mirada a quien aprecia su obra, demostrando cómo el arte puede ser un puente entre lo humano y lo orgánico.

Reflexiones teatrales y musicales

La importancia de llamarse Ernesto, última obra de Oscar Wilde, presentada por Cine Colombia Alternativo en versión del National Theatre Live desde Londres, nos deja como afirmación profunda: "La verdad rara vez es pura y nunca simple".

En una magnífica versión de Un tranvía llamado deseo de Tennessee Williams, también de la misma compañía teatral inglesa, nos adherimos a la propuesta existencial: "No quiero realismo, quiero magia".

Finalmente, con Bach y Liszt en sus manos, un cuarteto de pianistas acompañado por la Orquesta Sinfónica Nacional de Colombia en el Teatro Mayor logró, con su interpretación, mesmerizar a sus oyentes. Este es el poder del arte: tan potente como el poder del amor, tan lleno de encantos indescriptibles como el poder del enamoramiento. Frente a esta tríada, las palabras, que siempre tienen alas, ya no importa en dónde aterricen.