La sensación de terminar el día agotado, a pesar de haber permanecido gran parte del tiempo sentado frente a una pantalla, se ha convertido en una experiencia cada vez más común. Revisar el celular mientras se trabaja, responder mensajes durante una reunión o alternar constantemente entre diferentes tareas son hábitos que forman parte de la rutina de millones de personas.
Aunque estas conductas suelen asociarse con la productividad y la capacidad de hacer varias cosas al mismo tiempo, especialistas en neurociencia y salud mental han comenzado a advertir sobre los efectos que podrían tener en la atención y en el funcionamiento cotidiano del cerebro.
El cerebro del siglo XXI y las interrupciones permanentes
De acuerdo con la neuropsicóloga Jessica Arévalo, el cerebro del ser humano del siglo XXI se ha acostumbrado progresivamente a vivir bajo interrupciones permanentes, una situación que estaría generando consecuencias sobre la concentración, la memoria, la regulación emocional y el cansancio mental. Según explica la especialista, muchas personas creen que la dificultad para concentrarse se relaciona únicamente con falta de disciplina. Sin embargo, sostiene que existe un fenómeno más amplio asociado a los cambios en los hábitos de consumo de información y al uso constante de dispositivos digitales.
Factores que fragmentan la atención
Entre los factores que menciona aparecen las notificaciones, los mensajes instantáneos, los videos cortos, la navegación continua en redes sociales y la exposición permanente a nuevos estímulos. Cada interrupción implica un costo cognitivo para el cerebro. Un estudio publicado en la Revista de Psicología Cognitiva Aplicada sobre atención y multitarea muestra que los cambios constantes de estímulo pueden aumentar la carga cognitiva, reducir la profundidad del procesamiento de la información y generar mayores niveles de fatiga mental.
Entre los comportamientos que se observan con frecuencia en la actualidad, se encuentran dificultades para leer durante períodos prolongados, la necesidad de revisar el celular mientras se ve una película y la sensación de ansiedad cuando no existe algún tipo de estímulo inmediato. Asimismo, menciona que muchas personas terminan la jornada con una sensación de agotamiento que no necesariamente proviene del esfuerzo físico, sino del desgaste asociado a la atención fragmentada.
La corteza prefrontal y la estabilidad atencional
Arévalo explica que una de las regiones involucradas en este proceso es la corteza prefrontal, área cerebral relacionada con funciones como la concentración, la toma de decisiones, la planificación y la regulación emocional. Según el documento, esta estructura requiere cierta estabilidad atencional para funcionar eficientemente, pero las interrupciones constantes pueden modificar la forma en que el cerebro se adapta al entorno.
La especialista aclara que el problema no radica en que el cerebro esté funcionando mal. Por el contrario, sostiene que el órgano aprende y se ajusta a las condiciones a las que es expuesto diariamente. En ese sentido, argumenta que años de exposición a estímulos breves y cambios permanentes de foco podrían hacer que mantener una atención profunda resulte cada vez más difícil.
No se trata de rechazar la tecnología
También advierte que la solución no consiste en rechazar la tecnología, debido a los beneficios que aporta en distintos ámbitos. La discusión, señala la autora, debe centrarse en la relación que las personas están construyendo con su atención y en la necesidad de recuperar espacios de concentración sostenida.
Recomendaciones para proteger la atención
Entre las recomendaciones aparecen realizar pausas sin estímulos constantes, reducir la multitarea, leer sin interrupciones, mantener conversaciones sin revisar el teléfono móvil y generar momentos de silencio mental. Para la neuropsicóloga, uno de los principales desafíos de la vida moderna consiste precisamente en proteger la atención. Su conclusión es que, más que perder la capacidad de concentrarse, muchas personas podrían estar entrenando al cerebro, día tras día, para interrumpirse constantemente.



