Lisboa, 8 jun (EFE).- El exportero español Iker Casillas declaró este lunes en el juicio por la demanda que interpuso en Portugal contra el Oporto y una aseguradora por el infarto que sufrió mientras militaba en ese club en 2019, del que afirma que sigue sufriendo secuelas y por el que exige el pago de 3,7 millones de euros, según la prensa lusa.
"Voy al gimnasio, juego al pádel, pero no puedo correr, solo consigo unos 20 o 50 metros. No puedo más", relató Casillas durante la audiencia que se llevó a cabo en un tribunal de la ciudad de Oporto, de acuerdo a las mismas fuentes.
"Creo que pasaron siete meses hasta que recordé lo que era. Yo era un deportista", añadió el exarquero del Real Madrid.
Iker Casillas sufrió un infarto en 2019 durante un entrenamiento con el Oporto, lo que supuso el final de su carrera, y desde 2021 se encuentra en los tribunales exigiendo el pago de 3,7 millones en concepto de prestaciones por incapacidad, alegando que el esfuerzo realizado en el entrenamiento fue lo que provocó el incidente.
Por su parte, tanto el club como la aseguradora Fidelidade sostienen que no existe correlación entre el infarto y el esfuerzo físico durante dicho entrenamiento.
Según el diario portugués Público, Fidelidade habría pagado 1,5 millones por accidente laboral, mientras que el Oporto sostiene que siguió pagando el salario del jugador durante el periodo en el que estuvo inactivo.
Iker Casillas, de 45 años, fichó por el Oporto en 2015 tras toda una vida en el Real Madrid, y ganó una Liga y una Supercopa de Portugal con los blanquiazules.
Contexto del caso
El exportero español, considerado uno de los mejores de la historia, sufrió un infarto de miocardio el 1 de mayo de 2019 durante un entrenamiento del Oporto. Tras ser hospitalizado de urgencia y operado, se recuperó pero nunca volvió a jugar profesionalmente. En 2020 anunció su retirada del fútbol.
Reclamación económica
Casillas reclama 3,7 millones de euros como indemnización por incapacidad permanente, argumentando que el infarto fue consecuencia directa del esfuerzo físico en el entrenamiento. La aseguradora Fidelidade y el Oporto rechazan esta versión, señalando que el infarto fue un evento fortuito no relacionado con la actividad laboral.
El juicio continúa en el Tribunal de Oporto, donde se espera que en las próximas semanas se presenten más pruebas testimoniales y periciales.



