Arguineguín (Gran Canaria), 11 jun (EFE).- El papa León XIV llegó este jueves a la isla de Gran Canaria con un mensaje centrado en la crisis migratoria, en el que denunció que Europa no puede hablar de dignidad y permitir que los mares sean cementerios, tras escuchar los testimonios de las voces que protagonizan esta emergencia humanitaria. Robert Prevost, el primer pontífice que visita las Islas Canarias, ofreció su primer discurso en el muelle de Arguineguín, donde interpeló directamente a las autoridades civiles y a las instituciones europeas, exigiendo la apertura de vías seguras frente a la crisis migratoria.
Mensajes clave del discurso del papa León XIV
Un llamado a la conciencia global
“Este drama debe convertirse en examen de conciencia: para las naciones de origen, que deben crear condiciones de paz, justicia y desarrollo; para las naciones de tránsito, llamadas a proteger y no a dejar a los débiles en manos de redes criminales; para Europa, que no puede proclamar la dignidad humana y acostumbrarse a que el Mediterráneo y el Atlántico sean cementerios sin lápidas; para la comunidad internacional, llamada a una cooperación eficaz y perseverante”.
La Iglesia no puede callar
“La Iglesia no puede desentenderse de estas aguas ni de ningún lugar donde el hambre, la sed, la violencia, el miedo o el exilio sigan hiriendo la dignidad humana”. “Ahí donde Cristo manda callar al mar, la Iglesia no puede permanecer muda ante quienes son abandonados a sus aguas”.
Dignidad sin fronteras
“No podemos acostumbrarnos a contar muertos. La dignidad humana no tiene pasaporte ni pierde valor al cruzar una frontera”.
Denuncia de las mafias y la indiferencia
“También hoy existen monstruos que acechan estos mares: mafias que trafican con la desesperación, tratantes que esclavizan mujeres y niños y la indiferencia de muchos que permiten que los pobres sean tragados por la explotación o por el olvido”.
Mensaje directo a los migrantes
“Queridos migrantes: antes de decirles cualquier otra palabra, quiero inclinarme ante su dignidad. No son números ni expedientes. Ustedes son personas con una familia y una casa dejada atrás; con sueños que nadie tiene derecho a despreciar”. “También quiero decirles que su vida debe ser protegida. No entreguen su existencia a quienes comercian con ella. No les crean a quienes prometen paraísos fáciles a cambio de su cuerpo, de dinero, de silencio o de su libertad. Esas falsas promesas son ‘cantos de sirenas’, son industrias de muerte”.
Agradecimiento a los que acogen
“Gracias de corazón a cuantos se suman a los rescates, a la acogida y al acompañamiento, dando testimonio de que la misericordia concreta puede salvar y cambiar vidas”. “La acogida del migrante no puede ser algo secundario ni delegada únicamente a algunos voluntarios”.
Más que gestionar llegadas
“No basta gestionar llegadas, distribuir cifras, reforzar fronteras o lamentar las muertes cuando ya han ocurrido. Cada barca que llega no trae solo migrantes; trae consigo una pregunta: ¿qué mundo hemos construido si tantos hermanos tienen que arriesgar la muerte para buscar vida?”.
Exigencia de vías legales y seguras
“La dignidad humana exige vías legales y seguras, rescate y asistencia, cooperación real contra los traficantes, protección efectiva a las víctimas, procesos serios de acogida e integración, y políticas que permitan a cada persona vivir con dignidad en su propia tierra”.
Un llamado a la historia
“Que la historia no tenga que acusarnos de haber convertido el dolor de los que sufren en paisaje habitual de nuestras costas. Porque hoy, aquí, junto al mar, cada vida que llega nos pregunta qué queda de nuestra humanidad. Tarde o temprano, se sabrá si supimos custodiarla o si dejamos que la indiferencia hablara por nosotros”.



